POLÍTICA.

18. A la Argentina, si algo la salva, será la religión y no la política. De acuerdo; pero eso no quita que la política no sea una actividad noble y necesaria. Los antiguos la llamaban el arte de las artes; y el viejo Aristóteles dijo que era la ciencia más importante después de la metafísica; y, a veces, antes.

19. Santo Tomás, después de explicar por qué Aristóteles dijo que era la ciencia más alta, va luego, y en la Ética dice que la política era la ciencia más importante; después dijo el Tomás por su cuenta, que era la obra de misericordia más grande, pues si uno da una limosna o sepulta a un muerto, hace un bien a un individuo o a uno que ya ni siquiera es individuo; pero el buen gobernante descubre, explica y efectúa el bien común, que es el bien de todos; por lo menos, de muchos.

20. Claro que estos antiguos entendían la política como una ciencia y el arte del bien común; pero a nosotros ya nos han enseñado en las clases de educación democrática, que la política consiste en apoderarse del gobierno, por las buenas o por las malas, a tuertas o derechas, crear ministerios con muchas subsecretarías, dar puestos lucrativos a los compinches, pronunciar discursos bombásticos, dividir el tiempo en que van a gobernar (sin decir cuánto van a durar ellos), en dar palos a diestro y siniestro, inventar impuestos; e ir armando una maquinaria electoral que gane seguro con fraude o sin fraude (mejor con fraude), no dar elecciones libres; sin olvidar hacerse un buen bodigo en bancos de Suiza, para un caso de vejez, invalidez, enfermedad o que los saquen a patadas.

21. ―La política primero‖, no quiere decir que la política esté por encima de todo, religión incluso; sino que, en ciertos adjuntos, llega a ser lo primero, no en la dignidad, sino en el tiempo.

22. En la Argentina si no se resuelve primero el problema político, no se puede resolver ninguno de los otros, aunque sean en sí superiores o principales. Sean económicos o financieros, religiosos, artísticos, o el sempiterno problema de la educación.

23. Ustedes han visto durante un siglo una calesita de ―Ministros de Educación‖, cada uno de los cuales se adelanta y dice que va a resolver el problema de la educación; y después se va, y el siguiente dice lo mismo, y así in infinitum; lo cual quiere decir que ninguno resolvió el problema de la educación, por la sencilla razón de que no hay: ni problema ni educación. Para que haya educación no tendría que haber ministro; pues si hay ministro quiere decir que el Estado se ha arrogado una vocación que no le cuadra, como es la educación; que no es de su natura, sino contra.

24. Las cosas contra natura no pueden engendrar nada, ni siquiera monstruos; aunque sí, pueden producir monstruosidades.

25. Hablando en serio y dejándonos de chacotas, la vocación de político, que hoy tiene algo de cazador furtivo y de mártir (y que yo no tengo por suerte), cuando falla en una nación, la nación se va al desbande. El que tiene vocación política, y por pereza o lo que sea no la llena, se condena.

26. La acción política que no comience por quitar los crímenes nacionales, es perder el tiempo, a saber:
1. El mito del Estado enseñante o monopolio estatal de la (seudo) educación.
2. El fraude de la democracia.
3. La supresión de la actividad política del pueblo, con la supresión del poder comunal y del poder provincial.
4. La corrupción de la justicia y de la administración.
5. Los ―perduellis‖ o entregadores.
6. La previsión social en beneficio del Estado y perjuicio de los pobres.
7. El poder arbitrario de mangonear la moneda.
8. El juego, como beneficencia.
9. La indisciplina de las costumbres; que todo dicho viene de arriba; ―tal el rey, tal la grey‖. El pueblo menudo es tentado de imitar a los políticos corruptos; es decir, a los ladrones.

27. Hoy el único sector con poder político en el país son las Fuerzas Armadas, y actualmente se halla entregado —o dominado— al poder imperial extranjero. El único remedio sería “la corrección de la hipótesis bélica del Ejército Argentino”, de modo que se convierta en un instrumento de liberación nacional. Y eso pide heroísmo de tipo religioso.

Pbro. Leonardo Castellani

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