GOBERNAR


85. Gobernar es una cosa increíblemente dura y peligrosa; pero no por lo tantísimo de cosas que hay que hacer, como cree el vulgo, sino por lo bravísimo de las tres únicas cosas que tiene que hacer el gobierno —según se lee en Maquiavelo, el cual lo trae de Tito Livio—, a saber, hacer la guerra, hacer caminos y hacer justicia.

86. Con el nombre de liberales, existieron en otro tiempo unos tipos habladores y eufóricos, que no se sabe cómo (se cree que por castigo de Dios) llegaron a gobernar este país. Lo desgobernaron tan bien durante noventa años, que el país está ahora como ustedes saben.

87. Eran gente fuerte en parola: las tres cosas fuertes del gobernante no eran para ellos. Hicieron la guerra a los flacos, no al extranjero audaz, no al injusto, no al prepotente; sino a la gente del país que no les caía en gracia, al gaucho, al indio, al opositor, al Paraguay, a los curas, a los analfabetos, que no eran mala gente, por lo menos eran de aquí.

 88. Hicieron la justicia del embudo, que describe Martín Fierro. Y en vez de hacer caminos, le dieron carta blanca y terrenos encima a los ingleses para que hicieran ferrocarriles. Los otros qué más querían, la llave del cuarto de la señora. Por suerte se puso furiosa la señora (Dulcinea), que ahora está hecha una leona.

89. Después empezaron a decir: ¿Qué vamos a hacer ahora? ¡Algo tenemos que hacer! Y empezaron a hacer todas las cosas que el gobierno no debe hacer. “El gobierno va a enseñar y nadie más que el gobierno”, ¡ojo! Enseñar para ellos significaba juntar dinero con bárbaros impuestos y después repartirlo a los amigos en forma de puestos; formar maestros con espíritu protestante y hacer programas nuevos cada santiamén y ―reformas de la enseñanza‖.

90. Cualquiera que haya enseñado sabe que eso no es enseñar. El gobierno no está hecho para enseñar, sino para gobernar la enseñanza de los enseñantes, lo mismo que todo lo demás. En consecuencia, la enseñanza del gobierno anda mal, o mejor dicho, en cuanto es del gobierno, no anda; es decir, no existe. El gobierno enseña cómo aran los mosquitos y cinchan las garrapatas.

91. ¿Qué otra cosa vamos a hacer? ¡Vamos a suprimir la esclavitud! Suprimieron la raza negra y crearon la esclavitud blanca, el proletariado campesino y el proletariado fabril.

92. ¡Vamos a suprimir la guerra, “el crimen de la guerra”! Debilitaron militarmente al país, lo castraron de su capacidad de lucha, que es un instinto normal del animal macho. Actualmente el Uruguay nos hace el pito catalán.

93. ¡Vamos a suprimir la superstición! Aservilaron al clero, consiguieron hacerlo escaso y mal preparado, se arreglaron para sacar obispos de esos que no son de respeto (como dicen los tauromacos), sino más bien vistosos.

 

94. ¡Vamos a suprimir esto! ¡Vamos a crear lo otro! Etcétera. No han suprimido nada ni creado nada. Suprimieron lo que no pensaban y crearon lo que ni soñaban. Y era que habiendo los cuitadillos empezado por suprimir a Dios, no de sus palabras, pero sí de sus mentes y de sus obras (eso sí puede el hombre, con sólo dejarse caer), incurrieron en esa maldición de la Escritura, la maldición de los que dicen y no hacen.

95. Y ahora la Argentina está lista para tres generaciones, si no hacemos penitencia, metanoia, es decir, cambio de mente. Hacer cada uno lo suyo. Y el gobierno dejando despacito, todas las cosas que no le tocan, y a toda furia hacer las cosas que le tocan, que son tres, ni más ni menos, como las Personas de la Trinidad: hacer la guerra, hacer caminos y hacer justicia.

96. Hacer la guerra significa también industria pesada, minería y tener a los hijos de Marte disciplinados y ágiles como ―perros flacos‖, que dice Platón. Hacer caminos incluye oleoductos, aviones, bases, radiotelefonía. Y hacer justicia, que es lo más difícil y que más asemeja a Dios, comprende desde derrocar los trust[1], hasta impedir la vigencia de los pecados que claman al cielo, uno de los cuales es robar al trabajador su jornal.

97. Cuanto más complicado es un problema, menos deben ser los principios de solución. En el Reinado de Dulcinea se cuenta que no había más que tres ministerios, con tres secretarías cada uno: a) Conservación nacional (con Guerra, Interior y Exterior); b) Adelanto nacional (con Vialidad, Industria y Salud Pública) y e) Gloria nacional (con Trabajo, Justicia y Cultura), correspondientes a las tres fuerzas que hay en el hombre: nutritiva, aumentativa y cognoscitiva.

98. ¿Se resignarán los jóvenes de hoy al futuro con que la Antipatria, la Antipaterna, nos amenaza la Patria? Corrompiéndolos sí, se resignarán y una gran parte de la enseñanza ya es (en amplio sentido) corruptorium.

 

99. Algunos dicen: —El país sigue, va adelante. Se vive. —El país no sigue. Se vive mal. La justicia legal claudica, la justicia social no rige, la justicia distributiva no existe; y todas las justicias están en quiebra, barridas por una ola de iniquidades y tole-rancias. Un país en semejante estado, zozobra. Sin justicia no hay país.

100. Los grandes estamentos sociales de hoy, capitalismo y comunismo, unen una pequeña minoría y la dividen contra todas las demás. Ellos a los partidos los instrumentan a eso, y su tendencia es a destruir todas las otras fuerzas sociales; y convertir al pueblo ya masificado, en rebaño, y a sí mismos en sus pastores mercenarios.

101. Para construir una gran nación son necesarios los cuerpos políticos intermedios. Pues, lo que une naturalmente a los hombres, es la familia, la comuna, el gremio, la provincia, la región; y los estamentos particulares: ejército, grupos religiosos, grupos intelectuales. Sobre esos cuerpos intermedios (que llaman hoy) puede construirse la estructura escalonada de una nación. Sin ellos, la resultante son esclavaje y despotismos.

102. Hay en este país un gran número de gente bien pensante (o sea, que piensa sanamente). ¿Por qué no se unen todos? A ratos le parece a uno que el país es una Babilonia. Bueno, lo será. Pero en Babel estamos los hebreos cautivos, no me refiero a los judíos, no. ¡A los cristianos! ¿Por qué no se juntan y escapan del cautiverio? ―Es por la fragmentación argentina.‖ ¿Qué otra cosa podría ser?

103. Por obra del aire del tiempo, la ciudadanía argentina está convertida en un inmenso arenal —por obra del liberalismo francés individualista. Los granos de arena pueden estar juntos, pero no unidos. A lo más pueden formar médanos ayudando el viento. Para eso necesitan un objeto sólido donde apoyarse: Yrigoyen, Perón, Lisandro de la Torre, Fresco… y el viento en remolino. Pero no darán jamás ni bosques ni colinas, ni tierra laborable.

104. Los partidos políticos no unen realmente. Unen artificialmente. No suman, al revés, restan y dividen; su mismo nombre lo indica.

105. Al cursus honorum debió su grandeza la República romana. Sin algo así —sin este desparramo o redistribución de la actividad política—, ya pueden chiflarle para que venga la ―unidad de los argentinos‖, el ―encuentro‖, la ―integración‖, la ―concordia‖, la ―hermandá‖ y la mar en coche, con el fin de pistonear sus intereses particulares con los nombres justamente de las cosas que esos intereses destruyen. Me hacen reír con lágrimas. Y, a veces, rechinar los dientes.

106. Si en la Argentina hay penuria e incluso hambre, no es sólo por esquilmada desde afuera, como dicen los nacionalistas. No lo sería, si no fuera esquilmada adentro —de lo más importante para el hombre, a saber: del recto conocimiento y la recta voluntad. Recto conocimiento: de la religiosidad, de la sabiduría, del criterio, de la sensatez, de la seriedad, de la verdadera cultura. Y esto ocurre porque en la Argentina no reina la inteligencia. La hay, pero no reina…

107. La recta voluntad comprende la justicia en sus tres planos: conmutativa, distributiva y legal10. Tampoco reina la justicia, aunque la haya esporádicamente

107. La recta voluntad comprende la justicia en sus tres planos: conmutativa, distributiva y legal10. Tampoco reina la justicia, aunque la haya esporádicamente.[2]

108. Políticamente la Argentina anda en desintegración. ¿Qué es la Argentina políticamente? ¿Es monárquica, aristocrática, democrática, demagógica, dictatorial, caudillista, oligárquica, timocrática, anárquica, liberal, reaccionaria, falangista, revolucionaria, comunitaria, o qué? En una palabra: estamos poseídos del espíritu maligno de la perplejidad.

109. Del treinta acá, sólo vuelcos y más vuelcos; con intervención de ―pronunciamientos del ejército‖. En suma, indeterminación, ausencia de estabilidad política, desaparición de la legitimidad. En buena política, estamos en cero. Y, ―nos devoran los de afuera‖. No puede durar esto. Si no nos hacemos nosotros, nos harán desde afuera. Porque la provisoriedad no puede ser permanente.

110. El comunismo ganó un imperio y desde entonces no ha dado un paso atrás. Pero los objetivos finales fijados por Marx han fallado todos. A saber: la dictadura del proletariado, la liberación del hombre de todas sus alienaciones, la abolición del Estado, la creación del hombre omnilateral, del hombre humano, apropiado de la esencia humana, que resolvería el conflicto entre hombre y hombre, entre hombre y natura, entre libertad y necesidad, entre individuo y género; y ende, plenamente feliz. Y por lo tanto, ¡el enigma de la historia resuelto! Nada de lo anunciado aconteció, se empeoró el enigma del hombre.

111. Surgió un capitalismo de Estado, un duro partido único, una camarilla oligárquica de políticos y una feroz dictadura. Parecido a los enormes despotismos asiáticos, a las fieras del profeta Daniel.

112. Tampoco el capitalismo permaneció en su ser: se transformó en neocapitalismo. Se le agregaron algunas ventajas paternalistas, como la fingida y fútil participación de los obreros en las empresas; los que triunfan adquieren un status material más aventajado, y los que no triunfan se van a la peor miseria. También ensanchó su ámbito internacional, incluyendo el chantaje, la opresión de las naciones pequeñas; hecho a base de dinero (a crédito), soborno, estafas y maniobras financieras, y propaganda ideológica y religiosa. En puridad, se trata del triunfo de dos herejías.

113. Entre dos monstruos apocalípticos estamos. La Argentina no puede eludir la tenaza, si no es equilibrándose políticamente; o sea, haciéndose fuerte y asentada, ―funcionalmente soberana‖. Para salir de nuestro estado informe y remendado hace falta una creación; a no ser que intervenga el único Creador que existe y ahora anda escondido en el cielo.

114. Hay que rehacerse nación, fundarse de nuevo. No es soplar y hacer botellas. Es la misión que Dios da a los patriotas de hoy. ―Argentina: oso decirte —y no quisiera hablar más en esta materia— que si tus pecados fuesen sin número y ninguno por pequeño que fuese hubiera de quedar sin castigo, como realmente no ha de quedar, de tal manera empero podrías haberte en esta gran pasión que se te acerca, que, en brevísimo tiempo y quizá en una hora, satisfacieses por todos y excusases penas tan grandes como ninguno puede encarecer ni imaginar. Tal podría ser tu compunción, tal tu confianza en el poder del Crucificado, que sin levantarte de tu oración se te dijese: Perdonados te son tus pecados, anda en paz.‖

115. El primer problema que hay que resolver aquí es el político; de él dependen los otros. Pero hay que resolverlo con hechos que son varones, no con palabras, que son hembras.

                                                                                                                                                                                                Pbro. Leonardo Castellani


[1] Trust: reunión de industriales capitalistas para fijar precios.

[2] Conmutativa o compensativa, determina las relaciones entre los individuos o las comunidades cuando se trata de prestaciones y contra-prestaciones. Distributiva, la que fija las cargas de los individuos según sus posibilidades. Legal, es la que está fijada por las leyes

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