INFLACIÓN

 1. La inflación es inmoral. Es el gran recurso político de los Estados modernos. Un presupuesto deficitario trae automáticamente la inflación, si se recurre a la emisión sin respaldo. Para curar eso no hay más remedio que un acrece del impuesto o una guerra de rapiña.

2. Hoy día no hay ningún control del impuesto por los impuestados. Para eso, antaño se inventaron los Parlamentos, primero en España y después en Inglaterra. En la cristiandad, hasta principios del siglo XVIII, vigía la idea de que ―ningún rey puede imponer pechos (impuestos) sin consentimiento de los que han de pagarlos‖. Los Parlamentos, de controles para reyes llamados absolutos, se convirtieron en ―casas de charlatanes para presidentes democráticos”.

3. La gente tiene razón cuando dice: ―estamos en guerra civil latente‖; es decir, que un grupo social despoja de sus bienes por medios legales (aunque no morales, que en el fondo se reducen a una estafa) a otros grupos sociales. Los despoja de su trabajo; ―pecado que clama al cielo‖, según el Catecismo católico. Y lo peor del caso, es que tal despojo va a incidir sobre los desvalidos y los virtuosos; e indirectamente sobre la producción intelectual; y la natalidad incluso. Los estragos son enormes.

4. En la Edad Media algunos reyes echaron mano de ese medio fácil de remediar la hacienda pública, mezclando plomo a la plata y cobre al oro (medio inflacionario de la moneda mucho más fácil que el de hoy: ―meterle a la maquinita‖, como dice el pueblo). Eso no duraba, porque al momento se alzaban como leche hervida los letrados, el clero e incluso los pontífices.

5. Las manipulaciones monetarias desacreditan los reinos y les preparan su fin‖ (Nicolás de Oresme, siglo XIV). Cuando se dividió la cristiandad por la Reforma, la cosa cambió: el más poderoso de los reyes protestantes, el defensor de la fe (aunque no de la fe conyugal), Enrique VIII, impunemente amonedó en falso; y fue pronto imitado por otros reyes, incluso católicos, como el opa de Felipe III de España. En 1603 hizo acuñar reales de vellón sin aleación de plata, suprimiendo, además, la mitad de su peso, con lo cual el erario público ganaba (?) dos tercios de su valor.

6. El Padre Juan de Mariana (jesuita), el más patriota y sabio que ha habido, desglosó de su libro De rege un capítulo y lo amplió en el opúsculo De mutatione monetae (Sobre la inflación). Fue a parar a la cárcel, aunque con otro pretexto.

7. Quevedo defendió la medida regia con el sofisma[1], que aún ahora se usa: su eficacia, sin acordarse para nada de la moral. ¿Qué tiene que hacer la moral con la política?, dicen.

8. Así, el gran recurso financiero de la inflación (o sea, el impuesto invisible) ingresó en la panoplia de las armas de todo ministro de Hacienda en apuros. Pueden achacarlo si quieren a Maquiavelo, aunque Maquiavelo no hizo sino teorizar lo que empezaba a ser la práctica de todos los gobernantes vivos.

9. Tanto Maquiavelo como su modelo, el criminal César Borgia, fracasaron rotundamente en política. Y, su otro modelo, el zorro Fernando el Católico, no fue en realidad maquiavélico, sino astuto —mucho más astuto que católico. —El Rey de Francia dice que Su Majestad lo ha engañado dos veces. —Está mintiendo —contestó el Rey de Aragón y Castilla—, lo he engañado cinco veces.

10. Toda vera política tiende a realizar los siguientes objetivos: 1. La paz interna de la comunidad. 2. El bien obrar o comportamiento virtuoso de los miembros de la comunidad unidos en el vínculo de la paz. 3. La suficiencia de bienes materiales necesarios a la comunidad para vivir bien. 4. La salvaguardia de la comunidad frente a los enemigos exteriores…

11.Estos cuatro fines son averiados a fondo por la inflación fiduciaria[2], respaldada en empréstitos usurarios; que son pan para hoy y hambre para mañana. Camino del menor esfuerzo para gobiernos liberales improvisados. ―Desdichado el que se hace rico con sortilegios‖, dice el emperador arruinado después de probar la inflación aconsejada por Mefistófeles, en el drama de Goethe (segunda parte).

12. Fuera de los factores internos de la inflación, están los factores internacionales, que no son moco de pavo. La política de las naciones, vuelta supranacional y amoral, tiende a hacer la guerra a las políticas nacionales extranjeras; y esa guerra se puede llevar importando teorías convenientes para mí y nefastas para los otros (como las del librecambio para Inglaterra en el siglo XIX, una especie de ardid de guerra). Entonces, una nación poderosa puede, por ejemplo, fomentar la inflación en las naciones vecinas.

13. Quien hace eso actualmente es Yanquilandia. El modo como lo hace es una política de cuatro piezas: acumulación de oro en el fuerte Knox; congelación del precio del dólar, substituto del respaldo oro; rebaja artificial del oro desvalorizado; e inversiones oportunas. En suma, un fenómeno económico artificial mantenido por una política coactiva.

14. No quiere decir que haya en Estados Unidos intenciones perversas; hay la intención de aventajar desmesuradamente la economía nacional y el nivel de vida —a cualquier costo. Esta intención puede pasar fácil por encima de la moral, porque el módulo que se emplea no es el moral, sino la eficacia.

15. Siempre surge, en virtud de la racionalización del ser humano (hipócrita), la teoría justificante de la raza superior, o pueblo elegido; entonces todo es lícito, porque es para bien de la humanidad: “Te vengo a proteger y si no te dejas proteger te mato.”

16. Estados Unidos transfiere su propia devaluación a otras naciones, con el fin de hacer frente a los tremendos gastos de armamentos e investigaciones atómico-espaciales en que se encuentra embretado —y no del todo por su propia voluntad.

17. Y henos aquí en el punto de partida: la guerra como causante de la escasez —el caballo rojo y el caballo negro, del Profeta—y, por ende, la crisis mundial. Detrás están las causas morales o religiosas. ¿Es factible el desarme? Sería factible con un aumento de la vigencia de la moral. Si non, non.

                                                                                                                                                                                                  Pbro. Leonardo Castellani


[1] Sofisma: razonamiento aparente con el que se quiere probar algo falso

[2] Fiduciaria: moneda de menor cuantía emitida sin respaldo de oro, para facilitar el cambio interno. Hoy, hasta los billetes de 500.000 pesos carecen de respaldo oro.

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