LA RESTAURACIÓN SERÁ RELIGIOSA O NO SERÁ

 

208. Para contrarrestar la corrupción de la Argentina política se necesita una cosa superior a la política; que, sin embargo, haya salido de ella y mantenga contacto. Esta es una ley biológica general, que preside desde los sueros antivariolosos y antiofídicos hasta la reforma de las Órdenes relajadas: un veneno es digerido por una sangre sana, la cual se vuelve espiritosa y limpia la otra sangre infestada.

209. Nadie por honrado que sea, puede con métodos estrictamente parlamentarios o con leyes —por más perfectas que sean—, enderezar un país de hombres depravados. El orden político se apoya en el orden religioso, y toda la sociedad real toma consistencia de una religión verdadera. Lejos de haber contrariedad esencial entre la mística y la sociedad. Toda sociedad ha sido organizada sobre una mística.

210. Algún día saldrá un argentino en esta tierra, capaz de decir: ―Aquí no manda la plata sino la Patria. Pero primero habrá que hacerle decir a la Patria (y eso es lo difícil): ―Aquí manda Dios.

211. ¡Oh Dios, que así nos hiciste… o nos hicieron! Nacidos en este siglo, hijos de la laica, el desorden liberal respirado desde la cuna, Dios alejado del ambiente étnico y confusas todas las imágenes, desnutridos mentales, herederos de profundas taras educacionales, no se ve quién nos pueda arrancar del légamo espiritual que nos succiona, aumentado a veces por lamentables claudicaciones personales, fuera de la aceptación del heroísmo civil doloroso, la furia de una gran pasión guerrera y varonil.

212. El liberalismo que nosotros no quisimos y otros nos impusieron, se ha venido abajo; y no nos ha dejado nada en su lugar más que ruinas, carroña, arenales, el viento de la palabrería so piando sobre las dunas; y millones de granos de arena llamados argentinos. Políticamente, la Argentina está arrasada. Queda una plebe inquieta y atosigada de mentiras, y sobre ella un gobierno enteramente desnudo, sin armadura que lo defienda de las miradas irreverentes del populacho, de los ojos de la plebe siempre inconstante, inmensamente propensa a hartarse, y ¡cuán dura en destrozar sus ídolos! Entretanto, en el horizonte se amontonan nubarrones; y un viento que no tiene fronteras no cesa de echarnos al rostro puñados de polvo.

213. ¡La recuperación económica! Despídanse de ella. La recuperación económica la pueden obtener los hindúes. Pero nosotros, minga. Esa cosa risible de Gandhi, ponerse a ayunar y mandar a las indias que no usen tejidos hechos, sino que hagan sus vestidos al telar, una cosa para hacer reír a los economistas… ¡y bien!, he aquí que las indias obedecen, las 120 fábricas de hilados de Calcuta pierden dividendos, las acciones bajan, los vivos de Londres venden, se hace una corrida en la bolsa, los patriotas de la India las compran… Y todo, sin gritar: ¡Revolución! ¡Recuperación económica!

214. Despidámonos de la recuperación económica hecha por medios económicos. La recuperación económica supone una restauración total. Una restauración total supone el restablecimiento de la justicia, de la Justicia con mayúscula. Lo dijo muy bien el Obispo de Salta, días pasados. Y el restablecimiento de la justicia supone la adoración de la Verdad y la primacía de la inteligencia.

215. Quiera Dios que las oraciones de los niños y del pueblo consigan todo esto. Pero tenemos la impresión de que se ora demasiado fuerte y con muchas palabras. ;El único que lloraba allí (en el palco presidencial) era yo! Y no lloraba por mis pecados, sino simplemente porque estaba resfriado y no me gustaba el espiquer. Lloraba de pasión y no de contemplación. Andamos mal.

216. Los grandes servicios, ¿quiénes nos los hacen sino aquellos que nos quieren embromar? ¡Los Estados Unidos van a conseguir, al fin, unirnos! Van a hacer que acabemos por encontrarnos a nosotros mismos. Si no fuera por ellos, seríamos capaces de volvernos iguales que ellos (27 de octubre de 1944).

217. Dios parece estar queriendo humillar a su Iglesia, la está haciendo fracasar exteriormente. De acuerdo con el verso que dice: Una cosa me aflige, me enerva y descabala: que de los liberales la causa es muy remala y la defienden bien. Y por ruindad fatal, la nuestra, que es la buena, la defendemos mal.

218. Tengo la idea de que existe, sin embargo, hoy día, una vocación cuasi religiosa en el amor verdadero de la patria; tesis que Santo Tomás no rechazaría y la Iglesia canonizó en Juana de Arco (heureux ceux qui sont morts pour sa terre charnelle)[1]. La razón sería que amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma, cosa que no se puede hacer sino por amor de Dios.

219. Tengo la impresión vívida de que para muchos argentinos varones el único camino que nos queda a la vida eterna (hablando existencialmente, como dicen), no es sino la pasión vigorosa y actuante, del procomún argentino, conscientemente abrazada en fe y esperanza.

220. No se ve quién nos pueda arrancar del légamo espiritual que nos succiona, aumentado a veces por lamentables claudicaciones personales, fuera de la aceptación del heroísmo civil doloroso, la furia de una gran pasión guerrera y varonil.

Pbro. Leonardo Castellani


[1] Dichoso el que muere por su tierra nativa

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