GRANDES VERDADES

  

229. El primer malentendido internacional que hubo en la historia ocurrió, según cuentan, en la torre de Babel, a causa del falseo de las palabras, porque empezaron los constructores del primer rascacielo a llamar ladrillo a la cal, cal a la cuchara, y así por el estilo a todo lo demás.

 230. Siendo la palabra instrumento de convivencia, hay que respetarla, y al que no lo hace se le llama (gradualmente) inculto, insincero, falso, mentiroso, embaucador, felón y perjuro, nada menos.

231. Una nación enteramente soberana no debe admitir que le definan de afuera las palabras que usa. Porque independencia nacional supone alta cultura propia. Alta cultura propia supone propia filosofía y propia teología. Si a una nación empiezan por imponerle de afuera sus palabras, es decir, su filosofía y teología, acaban por imponerle el patrón oro, los dividendos y los precios del trigo y todo lo demás.

 232. ¿Por qué creen ustedes que gastan los yanquis dos millones de dólares en hacer una facultad de Teología protestante en Flores, y otras millonadas por convertir en pastores evangélicos nativos a cuitados muchachos argentinos? Pues, simplemente, por imponer su teología o desteología o lo que sea, ellos saben que los millones de un modo u otro volverán pian pianín a su fuente.

 233. La cultura en la Argentina está en gran parte falsificada y masificada; y la otra parte es débil, indefensa, inerme. Los controles y los raceros de la cultura no funcionan. Poco importa. Seguiremos haciendo, aun después de muerto, lo mismo que hicimos en vida, escribir libros buenos, pedir plata a los amigos para editarlos y regalárselos a la Argentina para que se salve.

 234. Frente al fenómeno de la falsificación de la cultura, del chamelote[1] de la inteligencia y el timo[2] del saber, hay solamente dos vocaciones: La primera, es decir: ―El mundo está loco. “¿Qué me importa a mí? Yo no soy del mundo. Me retiro al desierto a salvar mi alma”. Es la vocación del cartujo.

 235. La segunda, es decir: “Todo lo que Dios ha creado es bueno. La cultura nuestra está inficionada por el maldito, pero es una cosa que Dios ha creado. Luchemos por ella, que aunque no la salvemos, en la lucha limpiaremos nuestra alma, y ¿quién sabe si un día no baja Dios y triunfa del maldito?” Es el llamado del jesuita. Cada uno tiene que tirar hacia donde Dios lo llama, que es casi siempre a donde más le cuesta ir.

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[1] Chamelote: tejido fuerte e impermeable que impide ver, o sea, llegar al conocimiento

[2] Timo, de timar: hurtar con engaño.

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