LA IGLESIA ES ESE REINO

El reino fundado por Cristo ha durado hasta nosotros y su nombre es la Una Santa

Católica y Apostólica Iglesia Romana, o sea el Papismo.

Aunque el alabarse a sí mismo sea poco elegante, gracias a la gran fantasma pro- testante de la Iglesia Invisible tenemos que probar ahora que el Reino Visible de Cristo so- mos nosotros ni más ni menos, o sea la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia que nom- bramos en el Credo de Nicea, que según los Santos Padres, antes de Nicea y después de Ni- cea son las cuatro “notas” (o propiedades “distintivas”) de la verdadera Iglesia.

Esas cuatro notas las incluyeron los Padres Nicenos en su Credo que rezamos aho- ra; fueron usadas por San Agustín contra Donatistas y Montañistas y explicadas por el Car- denal Bellarmino y después de él por muchos, Billot el principal. En lengua moderna pode- mos decir que la Iglesia es intolerante, heroica, comprehensiva y jerárquica. Ver Isaías II 2.

Sucederá en días futuros Que el monte de la casa de Yaveh Será asentado en la cima de los montes

Y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones

Y acudirán numerosos pueblos

Dirán: Venid, subamos al monte de Yaveh

A la casa del Dios de Jacob

Para que él nos enseñe sus caminos Y nosotros sigamos sus senderos Pues de Dios saldrá la Ley

De Jerusalén la palabra de Yaveh.

Esta profecía se cumplió manifiestamente, porque no se puede ocultar una ciudad puesta sobre un monte, dió Jesucristo aludiendo a esta profecía. Y así la Iglesia no se ha po- dido ocultar nunca en el mundo sino que ha ido creciendo por todas partes, hasta ahora. Ahora no sé qué va a pasar, porque ha parado el acrecentamiento continuo. Pero probar que nosotros somos unos, santos, católicos y apostólicos es embrollado, porque eso es un hecho y necesita historia; o bien llamar de testigo a Mistress Elizabeth Ann Seton, la santa yanqui que han canonizado estos días; o los santos Nobbe y Contardo Ferrini del año pasado; o bien llamar a declarar a los tres santos argentinos, Mamerto Esquiú, Gabriel Brochero y Ceferino Namuncurá; los cuales no son ni serán nimca canonizados, porque no tienen plata y una ca-nonización pide plata; por lo cual los que tienen chance de canonizarse son los fundadores o fundadoras de Ordenes Femeninas; y el P. Bustamante, fundador de las Esclavas Argentinas tiene más chance de llegar a lo que llaman “el honor de los altares” que el indiecito Namuncurá.

Una. Jo XVII 20 — “Pero no ruego solamente por estos sino también por todos los que han de creer en Mí por medio de ellos”. De nianeía que Cristo ya preveía el crecimiento de la Iglesia y la unidad de la Iglesia detrás de la doctrina apostólica.

Santa. “Observad todo lo que Yo os he mandado. Sed perfectos como mi Padre del cielo es perfecto. La voluntad de Dios es vuestra santificación.”

Católica. Jo XXVIII  “Instruid a todas las gentes, bautizándolas, . . y enseñándoles a obseivar todo lo que Yo os he mandado. . .”

Apostólica. ROM. X 18  Han oído: “Cierto, su voz ha resonado por toda la tiena y hemos oído su palabra hasta los extremos del mundo.” Esto dice San Pablo hablando a los romanos. Ya en tiempos de él en todas partes del mundo, es decir, del Imperio Romano que era el mundo conocido y civilizado, había llegado la noticia de la doctrina apostólica.

De estas cuatro notas, que San Agustín manejaba ferozmente contra Donatistas y Montañistas, la más fácil es la Apostolicidad y la más difícil la Santidad. Para la Apostolici- dad basta tomar el “Dictionary of the Popes” de Donald Arwater con las vidas de los 260 Papas hasta Paulo VI; o mirar los medallones de los Papas (algunos conjeturales por supuesto) en la cornisa de la Iglesia de San Pablo Extramuros. (Entre paréntesis, los romanos dicen que en Roma hay solamente una catedral, una iglesia y un altar, a saber, San Pablo, la iglesia de San Ignacio en Via del Seminario, y el altar de San Ignacio en el Gesú de Piazza Gesú, porque San Pedro dicen es un circo, no una catedral.

Un gran crítico italiano, Silvio D’Amico, dijo que la iglesia de San Pedro no le ha dado ninguna devoción porque era una especie de una gran sala de espectáculos y no pro- piamente una catedral).

La Santidad. Yo no soy muy santo y en toda mi vida no he topado un solo santo verdadero e indudable. Cierto, he encontrado gente que tenía fama de santa pero santos in- dudables para mí no he encontrado. He encontrado muchísima gente buena, por supuesto, o gente que estaba en el camino de la santidad o casi en la santidad, pero propiamente en la santidad no he encontrado. Pero no quiere decir nada. Que la Iglesia Papista o Romana es una pura corrupción es el argumentó apologético de los “Hermanos Separados” desde Lutero hasta nuestros días.

Si entran en la Tate Gallery o Pinacoteca Moderna de Londres hallarán este único argumento protestante puesto en pintura en tres, cuadros, (uno de ellos de John Sargent nada menos) que representan a frailes españoles o italianos en plena juerga y en mala compañía; y lo mismo pintó con palabras el gran Kipling, el mayor cuentista del mundo después de Sel- ma Lagerlof, en una colección que ahora no encuentro. Pero los italianos y españoles se han contentado con hacer chistes sobre los curas concubinarios o simoníacos. Por ejemplo aquel chiste de “a duro, el perdón para un alma del purgatorio”: dicen en España que había en una aldea un cura párroco que puso una mesita fuera de la Iglesia y se sentó al lado con un gran letrero que decía: “A duro el perdón para un alma del purgatorio”, y abajo decía; “Duro en- trado, alma salida”.

Entonces apareció un baturro y le dijo: Pá mi padre —y pone un duro—. ¿Salió mi padre? Sí, claro —dice el cura ya salió. Entonces el baturro agarró el duro y le dijo — Bueno, si ya salió que no sea tan estúpido que vuelva a entrar.

Justifican lo que dijo Chesterton del Protestantismo, que sus dos raíces son el “nacionalismo” (o sea el patrioterismo) y el anticlericalismo (o sea el odio al sacerdocio). Sin embargo algunos dellos pretendían tener su sacerdocio propio —presbiteriano y anglicano—hasta que León XIII hizo hacer una investigación sobre la “validez de las ordenaciones anglicanas”; y con los resultados proclamó solemnemente que a los protestantes no les queda ya un solo sacerdote válido.

No hemos de gastar como en Cardenal Billot 200 páginas para acabar de probar que las cuatro notas que Cristo mismo asignó a la Iglesia por El fundada pertenecen a la Iglesia Romana; porque no hay lugar y él ya lo ha hecho. Baste decir que en la página 184 de su Tractatus De Ecclesia dice que de sus propios principios esa Iglesia fluye honradez; y que los héroes de virtud que ostensiblemente existen ella los vindica como hijos suyos a la faz del mundo, (tesis V) y que los malos hijos que también existen, pertenecen a la Cizaña que anunció Jesucristo, que no anulan al Trigo; y que si algún día la Cizaña crece tanto que tape y haga desaparecer casi al Trigo, ese será el día que marque el fin esperado de la Iglesia Militante y el surgimiento eterno de la Iglesia Triunfante. Como saben la Iglesia tiene como tres estratos; uno el terreno que es la Iglesia Militante, otro el del Purgatorio que es la Iglesia Purgante y el tercero que es la Iglesia Triunfante, que es la Iglesia del cielo, a la cual están destinadas estas dos.

O sea, que los que dentro de la Iglesia han sido malos y aún malísimos, no lo han sido por seguir a la Iglesia sino por no seguirla. Y encima hay que saber que algunos de los malísimos, no era para tanto como cuentan los historiadores. Alejandro VI por ejemplo (o sea Rodrigo Borja, español viudo) después de elegido Papa fue un excelente gobernante, aunque demasiado guerrero; pero hay que ver si la culpa no la tuvo Carlos VIII de Francia, que era más guerrero que él. Sobre él existen horripilantes novelas, como sobre su hija natu- ral Lucrecia (tuvo cuatro hijos naturales antes, no adulterinos y un hijo malísimo César). Y es posible que haya subido a Papa con coimas —es decir, simonía.

Pero la Lucrecia la Envenenadora, que fue su secretaria, lo único criminoso que tu- vo fue casarse 3 veces por política, muerto el otro marido; pero después del tercer matrimo- nio con el Duque de Ferrara fue una mujer recogida y muy respetable y respetada, menos por los enemigos de su padre y su familia, los Róvere, quienes han escrito biografías vene- nosas de Lucrecia y Alejandro Borgia porque fueron siempre vencidos por estos dos. Por lo menos Alejandro Borgia los venció siempre. Eran una facción o un Partido Peronista Autén- tico que había en Roma. Hoy día esas críticas no tienen valor histórico alguno. Al contrario, la biografía que tengo yo que es de hace unos veinticinco años; después de esa biografía de At Water han progresado muchísimo los estudios sobre la familia Borgia y ellos han sido más justificados todavía, hasta que un diplomático centroamericano escribió un libro sobre los Borgia que casi, casi, los hace santos; los limpia tanto que casi los deja sin ninguna acu- sación.

Las otras dos notas de unidad y catolicidad no dan mucha dificultad. Que la Iglesia Romana es una y no se ha desmigajado en sectas como todas las otras Pseudos que han exis- tido, es obvio.

Que ella es Católica y está esparcida por todo el mundo; y San Agustín en una carta a un donatista le dice simplemente que cuando un extranjero llega preguntando por la Iglesia Católica, todos le señalan hacia la Iglesia de Roma y ninguno hacia las “partes Donati” o sea la fracción de Obispo de Numidia Donato, que enseñó que solo eran válidos los sacramentos hechos por un justo; y dio mucho que hacer tanto al Estado Romano (pues al fin se dedicaron al bandolerismo) como a San Agustín, pues cayó en él el gran Tertuliano,eminentísimo escritor cristiano, y le obligó a escribir innúmeros folletos, “Contra Petilianum Donatistam”, “Contra Cresconium Donatistam”, etc.; y entre ellos, uno muy curioso en verso con rimas, para que lo aprendieran de memoria los chicos del Catecismo “Psaimus contra partes Donati”.

Para terminar, copiaré lo que dice el diario de hoy (sábado 20) acerca de Paulo VI, un Papa que se lo merienda cada día el Abate Jorge de Nantes y del cual Lutero hubiera hecho un banquete, porque es un Papa que tiene la esperanza de llegar a ser un Papa malo si gobiernan los diarios; la historia se hace a base de diarios y los diarios dicen lo que quieren. Si llegan a hacer la biografía de Paulo VI  sobre todo si se guían por Jorge de Nantes lo van a hacer un Papa malo. Dice así el “Clarín”:

“El Papa ha explicado a altos dignatarios de su amistad que no acepta rendirse a las enfermedades. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré ha dicho—. Lo está haciendo en una de las épocas más turbulentas que ha vivido la Iglesia en sus veinte siglos de existencia, por el vértigo de cambios que afecta al mundo”. (20975)

Pbro. Leonardo Castellani

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