LA IGLESIA TERMINA EN EL PARAÍSO

Es muy notable que en una sociedad tan admirable como la Iglesia, según hemos visto, cuando llega el momento de la salvación desaparece y se convierte en un instrumento. Porque la Iglesia no tiene misión fuera de la tierra. Las almas se salvan individualmente, una tras otra y la vieja institución permanece  como instrumento de la salvación.

Estas dos tesis son las dos fases de una misma cosa, el “ULTIMO FIN” del hombre, o adquirido o perdido; de modo que es lo mismo pero al revés, como dijo Perogrullo. Pero la Sagrada Escritura trata diferente las dos cosas: el Paraíso en forma indirecta y apagada, el Infierno en forma abrupta y muy explícita. Jesucristo en su predicación explica poco del Paraíso; en cambio habló del Infierno explícitamente y cuando lo hizo, lo hizo fieramente.

Quizá la razón sea la que observó el gran teólogo belga Leonardo Lesio: “Cuatro misterios hay dificilísimos para nuestra mente: Trinidad de Dios   Eucaristía   Encarnación Infierno. Por eso, innumero de herejías existen acerca de ellos. Por eso también Dios se cui- dó de confirmarlos tan fuertemente. Por eso trataré ambos seguidos pero separadamente, en esta clase uno y en la siguiente el restante.

EL PARAISO:

Jesucristo habló de él con alusiones, no de propósito, aunque está siempre presente en su predicación con el nombre de “Reino de los Cielos” que expresa que su Reino Terrenal (“Y le dará Dios el Trono de David, su padre”) no es un final sino un principio, y que su Reino completo está después (“Y su reino no tendrá fin”).

Por eso decimos que hay dos Iglesias —la Militante y la Triunfante— y que respecto de la segunda la primera es sólo un comienzo, menos aún, un instrumento. Es decir que la salvación de un alma individual es más importante que esa creación admirable que es la Iglesia Militante, ya que para eso se hizo. Si no hubiera más que una sola alma que salvar, hubiera hecho lo mismo.

Lo que hoy sabemos y enseñamos acerca de “la Gloria” (ver el tremendo discurso de Fray Luís de Granada en “La Guía de Pecadores”, muy retórico pero muy completo) es una serie de fragmentos ensamblados. Para hacer ese ensamble el teólogo debe recurrir a la Filosofía Antigua, a la Filosofía Medieval, a los Cuatro Evangelios, a San Pablo, a San Juan y a todos los Santos Padres, o sea los Intérpretes, De ahí sacó Fray Luis de Granada su largo estudio sobre la gloria.

1°  Pitágoras, Platón y Aristóteles sostenían que el alma es inmortal. La fiiosofía griega llegó a esta conclusión. Platón expuso esta tesis en el diálogo Fedón que narra la muerte de Sócrates, en la última conversación de éste con sus discípulos.

2°  El hombre tiene un último Fin, un Bien Supremo, que es amado por sí y no por otro. Esto es de Aristóteles.

3°  El Ultimo Fin del hombre, subjetivo, es la felicidad; objetivo, es Dios. Esto es de Sto. Tomás.

4°  La felicidad la da la contemplación: que es el conocimiento de Dios intuitivo o cuasi intuitivo, o sea el conocimiento mejor, del objeto mejor, de la manera mejor. Ese es el fin del hombre y lo que da la felicidad, según Aristóteles. Pero él no sabía muchas cosas acerca de la contemplación, que trajo la Revelación de Cristo.

Porque la contemplación que Aristóteles propone como último fin del hombre es muy pobre y crea muchísimas dificultades. Porque uno se dice “Bueno —¿y ésta va a ser la contemplación mía?. Prefiero ir a China antes que hacer esa contemplación”. Pero Aristóte- les creía que poquísimos eran capaces de la contemplación en esta vida; pero en la otra vida, no sabía nada.

La Iglesia, hablando de la gracia de Dios que es un Don de Dios especial y de la contemplación sobrenatural, que es la contemplación de Cristo a la luz de la fe, amplió enormemente el círculo de la gente que es capaz de contemplación. Incluso Aristóteles niega terminantemente que los esclavos sean capaces de la contemplación porque él estaba pen- sando en la contemplación que tenia él, es decir, en la contemplación filosófica, contempla- ba a Dios con los dones que le daba la filosofía y nada más.

5° — Por lo dicho más arriba sostenía Aristóteles que no todos los hombre eran capaces de contemplación.

6° — Tremenda aporía en Aristóteles (aporía significa dificultad, obstáculo que no se puede salvar). Esta aporía era pensar que aquello para lo cual fue creado el hombre no puede ser conseguido por todos los hombres. Esto es una especie de contradicción.

Entra Sto. Tomás — Primero recibe y confirma todos los aportes de la Filosofía Antigua, en el principio de la Segunda Parte de la Summa Teológica (la Summa tiene dos partes: segunda primera y segunda) a saber:

1°  De si es propio del hombre obrar por un fin.

2°  De si esto es propio de toda natura racional.

3°  De si todos los actos del hombre reciben su especie del fin.

4°  De si hay algún último fin de toda la vida humana. A todas estas cuestiones responde que sí y las razona.

5°  De si puede haber varios últimos fines de un solo hombre. Lo niega.

6°  De si el hombre lo ordena todo al último fin. Esto lo afirma.

7°  De si hay un solo Ultimo Fin de todos los hombres. Dice que sí.

8° De si a este solo Ultimo Fin convengan todas las criaturas. También lo afirma.

Esto lo saca de la Filosofía Antigua. Luego él añade:

1°  Sólo Dios puede ser el Ultimo Fin del hombre; y todos deben poder alcanzarlo

(la. Has.).

2°  Eliminación de todos los falsos fines últimos. Se pone a eliminar todo lo que los hombres tienen como bien supremo, todo lo que los hombres siguen aquí en la vida, equivocadamente muchas veces. P. ej.:

a No son las riquezas b  No son los honores

c No es la fama o renombre d  No es el poder

e No es la salud o algún bien del cuerpo f  No es el deleite

g  No es algún bien del alma (como la ciencia por ejemplo). h  No es ningún bien creado

Termina allí la cuestión segunda antes de entrar al fin verdadero en particular, que es Dios alcanzado imperfectamente en esta vida y perfectamente en la otra.

Después se pregunta en qué consiste la felicidad (Ultimo Fin subjetivo). Si le pre- guntan a un hombre por qué hace todo lo que hace, diré que para ser feliz. Este es el último fin subjetivo pues hay una tendencia invencible en el hombre a la felicidad.

El niño, dice Aristóteles, hace todo en vistas al placer, a la mayor felicidad posible. Llega Sto. Tomás a la conclusión rigurosa de que debe haber una operación. 1° — no puede ser un hábito sino un acto. 2° — del intelecto. 3° — especulativo, no práctico. No de todas las ciencias, ni de alguna ciencia y tampoco de los ángeles (contemplar los. ángeles como decían los mahometanos. Algunos filósofos musulmanes habían dicho que la contemplación de un ángel era el último fin del hombre).

Debe ser la visión de Dios por esencia. Hasta aquí dice “Conforme” el filósofo. Después dice lo que se requiere para la felicidad en esta vida, que son ocho cosas.

Se requiere el deleite, el cuerpo, algunos bienes exteriores, la sociedad de amigos, etc. Está pensando en la felicidad comenzada en esta vida, porque sostiene que en ella existe una feli- cidad imperfecta o incoada. Esta felicidad hay que definirla y estudiarla. No tiene el pesi- mismo de muchísimos modernos que piensan que no puede haber felicidad en esta vida.

Continúa el Angélico poniendo con su análisis meticuloso, sólido y completo las bases psicológicas y metafísicas de su maravillosa Moral. Después que tiene definido el Ul- timo Fin, empieza a ocuparse de los medios por los que se llega al Ultimo Fin y así llega a su Moral, de la cual vive hasta hoy el mundo occidental, incluso algunos que se creen o di- cen antitomistas. Pero nosotros, debemos saltar a la ”Contra Gentiles”, libro III, Cap. 48, donde dice: “Que la última felicidad del hombre no es en esta vida. . .” donde el hombre no puede ver la esencia divina. Pero el hombre está elevado a un estado sobrenatural por la gra- cia, la cual trae o suscita al morir los agraciados o salvados, el “lumen gloris” que los habili- ta a ver a Dios cara a cara, a todos, incluso a los esclavos —a los cuales el Filósofo (Aristó- teles) negaba capacidad para la contemplación, o sea la Felicidad. Porque no vemos a Dios en esta vida sino por medio de conceptos. Como dice San Pablo: lo vemos como por espejos y adivinanzas. Porque los conceptos no pueden dar la visión directa de Dios. Cuando en la muerte el alma queda libre de sus ligaduras y se enfrenta con Dios tiene la visión directa de EL

Cae entonces la tesis de Aristóteles de que no todos los hombres pueden alcanzar la contemplación y por ende la felicidad, porque todos los hombres son capaces, con la ayuda de la gracia, del “lumen gloriae”, que según dicen los teólogos es una especie de añadidura o luz especial que necesitamos para ver a Dios cara a cara, lo cual es una cosa sobreañadida a la naturaleza humana. Esta por sí sola no podría hacerlo, entonces la gracia suscita un auxi- lio especial que llama la luz de la gloria. ¡Caput la aporía de Aristóteles!

La visión beatífica no puede tenerse en esta vida si no es por una fugaz e imperfec- ta participación en algunos santos. Es una discusión larguísima entre  los teólogos saber si algunos santos pueden tener en esta vida la visión beatífica. Algunos santos hablan como si la hubiesen tenido. Muy pocos. Sta. Teresa en la “Séptima Morada” y en las “Bodas Espiri- tuales”. Santa Catalina de Siena en la “Muerte Mística”. La visión beatífica llena por ella misma todo deseo posible del hombre, no se puede perder y tiene diversos grados. Hasta aquí Sto. Tomás.

Pbro. Leonardo Castellani.

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