El Espíritu Santo es Dios

Hay que probarlo, pues ha sido un desconocido durante mucho tiempo. Recién al final de su vida Cristo comenzó a afirmar que el Espíritu Santo era Dios, y que provenía de El y del Padre, lo cual trajo después un tremendo cisma, el cisma griego, que no quería saber nada con que el Espíritu Santo procediera también del Hijo: tenía que proceder solamente del Padre. Que Jesucristo es Dios (“el Hijo de Dios”) lo hemos probado en la primera tesis. Que el Padre es Dios nadie lo duda, ni los judíos con su estrictísimo monoteísmo, ni Jesús que lo llama Dios de continuo, ni hereje ninguno, sino sólo los ateos.

 Los adversarios de esta tesis son Macedonia (año 360) que fue un arzobispo usur- pador de Constantinopla, puesto fraudulentamente por el Emperador arriano Constancio, hijo de Constantino, el último de los hijos que sobrevivió. Fue precedido por Arrio y seguido por muchos arríanos y semiarrianos a quienes San Atanasio llamó “Pneumatómajos” que significa los que matan el espíritu. Arrio había dicho que el Espíritu Santo había sido creado de la nada por el Hijo, siendo así que Dios no puede delegar el poder de creación en nadie. Dios no puede comunicar a una criatura el poder de crear y el Hijo, según Arrio, era una criatura del Padre.

 Por supuesto, todos los que niegan la Trinidad niegan el Espíritu Santo. Estos son:

1°) los monarquianos (que dicen que hay una sola persona); los racionalistas (que también niegan la Trinidad) y los sabellianos (Salebio dijo que las tres personas eran tres modos de Dios, como tres nombres y eso lo dijo entre nosotros Leopoldo Lugones mucho tiempo; casi hasta el fin de su vida afirmaba que en Dios había tres cualidades que eran Verdad, Bondad y Beldad.

Yo lo visité mucho al hermano mayor Santiago Lugones antes de morir, porque la señora me llamaba y al final terminé por confesarlo dificultosamente y después la familia hizo venir el viático. Había hecho una poesía en que decía que Dios era, como he dicho. Verdad, Bondad y Beldad. Pese al error la poesía era hermosa). 2°) Los que niegan la divinidad del Espíritu Santo (Pneumatómajos) y 3°) Los que niegan la unidad (los triteistas que creen que hay como tres dioses).

 Y en nuestra imaginación todos los somos un poco, pues en nuestra imaginación los representamos no sólo como tres personas distintas sino también como tres sustancias diferentes. Y no podemos hacerlo de otro modo, es imposible para nosotros imaginamos una sustancia o naturaleza con tres personas. No podemos ni siquiera tragarlo eso. Más aún los que nos hemos formado en la filosofía griega. Se enumera al Gran Rosmini Serbate, como uno de los adversarios del Espíritu Santo, pero es una calumnia.

El misterio de la Unidad y Trinidad de Dios ha sido objeto de una especulación complicadísima, mayor que ningún otro. Hay que leer los libros que he conservado yo de mis estudios, para ver lo” difícil que son, aún hoy, después de haberlos estudiado y releído. Toda esta complicación se debe 1°) Al enjambre de herejías de los cinco primeros siglos; 2°) Al cisma griego del siglo IX; 3°) Al racionalismo y al modernismo actual. Yo, si me pregun- tan cuál es el esquema o quisicosa diría: En Dios hay UNA natura, DOS procesiones, TRES personas, CUATRO relaciones y CINCO nociones y podría explicarlas mal que bien, pero si me preguntan qué es la “Circumincesión” o la “perijosis” no lo sé; y nunca lo he sabido, salvo dos horas antes del examen.

 LAS CINCO NOCIONES SON:

 1°) la inmacibilidad  que es propia del Padre,

2°) la paternidad,

 3°) la filiación, que son propias del Padre y del Hijo respectivamente,

4°) la expiración común, que es la relación del Padre y el Hijo con el Espíritu Santo y

5°) La procesión que es la aparición del Espíritu Santo, su nacimiento o como quieran llamarlo, aunque propiamente no es eso pero lo conciben como una expiración, como si fuere soplado.

La prueba de que el Espíritu Santo es Dios, es que, después de aparecerse dos veces visiblemente, en el Bautismo de Cristo y en Pentecostés, (lo cual no probaría que es Dios) Cristo habla del Espíritu del Padre y suyo como una persona distinta a la que atribuye atributos divinos. Los Apóstoles lo llaman Dios explícitamente. Cristo le atribuye al Espíritu Santo, poco a poco, especialmente en sus últimos sermones, en la Ultima Cena, atributos divinos: que inspiró a los profetas, que inspiró también a los libros sagrados; el Ángel le atribuyó el nacimiento del Hijo de Dios. Hablaremos más tarde de una cosa curiosa que es la apropiación. Todos dicen que las obras de Dios “ad extra”, hacia el exterior, es decir hacia nosotros, proceden de las tres divinas personas a la vez, sin embarco se ha hecho la costumbre en la Iglesia, de apropiar una obra al Padre que es la Creación, otra obra al Hijo, que es la Redención y otra el Espíritu Santo qué es la justificación, siendo así que todas las obras proceden de las tres personas a la vez, de un solo Dios.

 

San Juan XV —26— “Cuando viniere el Paráclito Consolador —dice Jesús— que yo os mandaré desde mi Padre, el Espíritu de Verdad, que procede del Padre, El prestará testimonio de mi…”            Aquí Jesús indica de paso que el Consolador procede del Padre y del Hijo, como creemos nosotros y negaban los cismáticos griegos (“Filioque”).

“Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. . .” El “nombre” está en singular y los tres apelativos son un plural; y no dice “en los nombres”. San Agustín dice: “Fíjate en el “nombre” y fíjate en el “somos’. “Estos dos textos principales bastan para probar la divinidad del Espíritu Santo”.

Et in Spiritum Sanctum dominum et vivificantem, qui ex Patre Filióque procedit. .

.”(Y en el Espíritu Santo, señor y vivificador, “que procede del Padre y del Hijo” —Credo de Nicea). Esta palabra “y el Hijo” (Filioque) sirvió para separar de la Iglesia millones y millones de fieles. El “que” es una preposición copulativa, que se pone detrás de las palabras en lugar de ponerlas entremedio de ellas.

Primero Focio, obispo usurpador de Constantinopla, noble y erudito, pero ambicio- so, pérfido y cruel; y después de su muerte Miguel Cerulario, separaron de Roma toda la Iglesia de Oriente inventando una iglesia independiente que se llamó “la religión ortodoxa”. Digo que se llamó porque ya no existe, los bolcheviques la han disuelto. El pretexto fue que Roma había caído en herejía, diciendo que el Papa enseñaba que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo y no del Padre solo; y la prueba era que en España habían añadido el “Filioque” (y del Hijo) que no estaba antes. Por esa palabrita negaban la obediencia a la San- ta Sede. Pero eso es un pretexto. No sabemos nada de la realidad de Dios; repetimos lo que hemos leído en los Evangelios.

La verdadera causa no era esa palabrita o pedacito de palabra, la verdadera razón era la rivalidad mortal que existía entre Roma y Constantinopla, las dos capitales del Imperio. Roma había sido la Capital y estaba arruinada por los bárbaros, pero seguía siendo la capital de la religión.

Entraron otras herejías y también aberraciones morales en la Iglesia griega, después rusa. Hubo un gran escritor español, que ha estudiado el estado del cisma griego hasta hace unos diez años, señalando que se corrompió de una manera extraña, terrible. Esas aberraciones se pueden encontrar por ejemplo en Dostoiewsky. El sacerdocio —los popes— echaron a perder la iglesia griega y el pueblo siguiéndolos se corrompió también. Se hicieron dos grandes tentativas para reunir a las dos grandes Iglesias; una por parte de San Buenaventura, compañero de Santo Tomás, estuvo a punto de tener éxito, en el siglo XIII en el Concilio de Lyon y la otra en el siglo XV en el Concilio Florentino, pero fracasaron ambas. El “Filioque” se había perdido ya de vista.

 En realidad, como ya dije, el “Filioque” fue un pretexto que tapaba los profundos motivos de política y ambición; de la rivalidad profunda entre la Capital del Imperio, la suntuosa Constantinopla y la mísera y arruinada Roma, Capital de la religión: De manera que cuando el Emperador Miguel II el Beodo escribió al Papa Nicolás I protestando contra algu- nas decisiones  enérgicas que  tomó en el larguísimo pleito con Oriente, dice:

1)   Que los Emperadores habían usado siempre con el Papa la palabra “mandamos”.

2) Que la lengua latina era una lengua bárbara.

3)  Que la Nueva Roma (así llamaban a Constantinopla) no era inferior a la sede de los Papas, sino superior si acaso.

 4)  Que el Patriarca Ignacio había sido depuesto con todo derecho por Focio, Lo había depuesto de mala manera para ponerse él. El Patriarca Ignacio fue un gran sacerdote que soportó la deposición y el destierro todo el tiempo que pudo pero Focio le quitó la sede.

La cama donde se echó Focio, que tuvo dos triunfos y fue Patriarca dos veces, por- que vino un emperador bizantino que lo echó en un momento dado y volvió a poner a San Ignacio y después volvió a triunfar Focio y se metió de Patriarca y se portaba como si fuera un Papa; era una corte corrompida, un gobierno acostumbrado a meterse en el gobierno eclesiástico y un clero presuntuoso envidioso y al final también corrupto. El Papa envió dos legados para tratar de arreglar las cosas y tratar con esa gente tan difícil, pero eran embaucados o corrompidos, a veces los engañaban y a veces los corrompían con dinero. Cuatro Pa- pas lucharon contra esta situación enredadísima, Nicolás I el Grande, Adriano II, Juan VIII y Formoso I.

El cisma cesó provisoriamente para fijarse definitivamente en el siglo siguiente con Miguel Cerulario.

Focio fue un hombre gigantesco, como Lutero, aunque fuera para mal. Murió olvi- dado y encerrado por León VI, hijo adulterino de Miguel III el Beodo y la mujer del Basi- leus Basilio (Mejor es llamar al Emperador Basileus y a Constantinopla Bizancio, aunque se pierde aquello de “Al Arzobispo de Constantinopolis Lo quieren desarzobisconstantinopolizar,. .”)

Siguió un período de poca amistad entre Roma y Bizancio, con Basileus ejerciendo el cesaropapismo; o sea, metiéndose en el gobierno eclesiástico y con excomuniones (cada Iglesia se la pasaba excomulgando a la otra), con los árabes por un lado y los visigodos por otro invadiendo las fronteras, hasta que llegó el Patriarca Miguel Cerulario en 1402, el res- ponsable de la ruptura definitiva.

Era muy diferente de Focio; era iletrado, violento y ferozmente antilatino. Para qué contar la serie de choques y rencillas con el Papa. Baste decir que al fin amotinó al pueblo contra los legados del Papa que tuvieron que huir y reunió un “sínodo” que excomulgó al Papa y a su Iglesia, acusándola de no venerar a San Basilio y a San Juan Crisóstomo, de afeitarse la barba, guardar el celibato y no casarse como sus sacerdotes, tomar leche los miércoles y comer huevos los viernes en vez de ayunar; y sobre otras cosas así, la tremenda herejía del Filioque, que nadie sabía lo que era pero todos le tenían horror.

Le habían infundido al pueblo horror a esta palabra aunque no sabían qué quería significar, ni lo supieron, ni les importaba nada que procediese el Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Solamente la Iglesia de la Nueva Roma mantenía la fe, según este sínodo, la cual se convirtió en la Religión autodenominada “ortodoxa” o sea “que piensa bien”. Ortodoxia significa opinar rectamente. Murió en 1058, dejando una religión nueva que duró 10 siglos y pronto se llenó de basura y perros muertos; hasta que la hicieron trizas los bolcheviques. Los bolcheviques no nacieron de Carlos Marx sino de esa pésima situación de la Iglesia Rusa. No les importaba nada Carlos Marx, lo que les importaba era mandar, gobernar, tiranizar e independizarse.

¿Qué hay de verdad en el “Filioque”?

Un Concilio, el ecuménico II de Constantinopla, no nombró al Hijo por un casual, pero desde siglos antes los Padres Orientales, lo mismo que los occidentales, enseñaban en los concilios y en sus textos que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo, con esta fórmula: “procede del Padre por el Hijo” y esa forma han querido renovarla varias veces, por ejemplo algunos rusos como Soloviev, que quiso juntar la Iglesia Rusa con la Romana: un gran filósofo, el único filósofo que han tenido los rusos, muy devoto, un santito, que toda la vida luchó para unir las dos iglesias diciendo que la de Roma era la verdadera, que ellos estaban mal.

Luchó muchísimo y lo único que consiguió fue que sus compatriotas lo persiguieran; de todas maneras no pudo parar en Rusia ni pudo editar un solo libro suyo en ese país, debió editarlos en Francia.

En Roma tampoco le hicieron caso. Resulta que el Cardenal Merry Del Val lo desdeñó. Murió en 1900 justo y entró en la Iglesia Católica antes de morir, haciéndose dar los sacramentos por un sacerdote católico aunque él creía que los sacerdotes rusos también consagraban válidamente, lo cual es muy probable.

 En fin, al pueblo no le importaba esta disputa, de si el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo, etc., porque “al fin y al cabo nosotros no tenemos que darles de comer”.

Los españoles, siempre vehementes, ya desde el año 380 en el “De fide Dámaso” decían “del Padre y del Hijo”, lo cual se dijo en todas partes menos en Roma, donde Carlo- magno lo prohibió, por no indisponerse con los orientales; pero después León III, Papa, lo hizo grabar por todas partes en latín y en griego; hasta que Focio en el año 867 reunió un Concilio en Santa Sofía y excomulgó al Papa. El Papa a su vez reaccionó, juntando a los Obispos de Germania que le levantaron la excomunión y aprobó el Filioque y ahí está toda- vía en nuestro Credo “Qui ex Patre Filioque procedit”.

 ¿Cómo se prueba el Filioque?

 En la Escritura tenemos que es “el Espíritu del Hijo”, el cual lo “envía”, lo “recibe” y lo “oye”.

 Primera Epístola de San Pedro, Primer Capítulo: “De la cual salud han exultado los profetas, que significaba en ellos en aquel tiempo el espíritu de Cristo”. San Juan, Capítulo 16: “Cuando viniere el Espíritu de Verdad no hablará de suyo sino que lo que oye lo hablará de Mi. El me calificará, porque recibirá de Mí y os anunciará a vosotros. Yo lo que oí a mi Padre eso lo anuncio en el mundo”. De manera que aquí aparece como el Espíritu del Padre.

 Y si en vez de proceder del Padre y del Hijo procediera tan sólo del Padre ¿Qué pasa? A mí nada. A Focio tampoco. Lo que le interesaba era ser Patriarca, como a Miguel II el Beodo, mandar en su tierra más que el Papa.

 Tremenda es la justicia de Dios porque esta gente que hizo el gran crimen de separar millones de personas de la Iglesia Romana y con eso romper a una gran nación, acabó en lo que hemos visto, ahora es una morada de Satanás.

 Para terminar recordemos los nombres espléndidos que la Iglesia prodiga al Espíritu Santo en los dos hermosos himnos latinos que se cantan en su Misa:

¾   Padre de los pobres

¾   Dador de dones

¾   Luz del corazón

¾   Consolador Optimo

¾   Dulce huésped del alma

¾   Dulce refrigerio

¾   Descanso en el trabajo

¾   Templanza en los ardores

¾   Consuelo en el llanto…

¾   Tu llamado el Paráclito

¾   Don del Dios Altísimo

¾   Fuente viva, fuego amor.

¾   Unción Espiritual.

¾   Dedo de da diestra del Padre.

¾   Y su promesa segura.

Pbro. Leonardo Castellani

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