EN DIOS HAY TRES PERSONAS

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son una sola persona, son una sola sustancia o hipóstasis.

 Hemos encontrado tres personas divinas, que son Dios en el más estricto sentido de la palabra y ahora nos dicen que las tres son una sola cosa. Nos abocamos al misterio, un misterio inmenso. En cierto modo es más difícil que el misterio de la eternidad de Dios, por- que al fin y al cabo esta idea los griegos la profesaban, pero la unidad de Dios en tres perso- nas no fue concebida por nadie. Si Santo Tomás siguió a Aristóteles, fue separándose de él en la noción de hipóstasis y persona.

 Aristóteles, llamado “El Filósofo” por antonomasia, había enseñado en Grecia primero, después en Europa por medio de los árabes y de los grandes italianos medievales la teoría de la “personalidá”, como dice el uruguayo; y he aquí que viene la religión cristiana a chocarlo:

¿Puede haber tres personas que poseen una misma natura?

—No —dice el Filósofo— Persona es una sustancia individua de natura racional.

Donde quiera haya una natura racional completa allí hay una persona y viceversa.

Esta sería la respuesta de Aristóteles si uno le hablara.

—¿Y si yo te dijera que hay tres personas en una sola natura?

—No es posible.

—¿Y si yo te dijera que estoy seguro de eso?

En la tierra nunca se ha visto —diría Aristóteles.

— Yo no digo en la tierra. ¿Es enteramente idéntico, en la cosa y en el concepto, la natura y la persona?

—No. La persona añade algo sobre la natura.

—¿No podría haber tres hipóstasis o supuestos participantes de una sola naturaleza común?

—No lo sé, diría Aristóteles. No puedo creerlo. Y no lo puede saber. Porque es cosa de Revelación.

Este es el atolladero con que nos encontramos hace 20 siglos, más los filósofos que el vulgo. Al vulgo no le importa mucho. Generalmente procede como si fuesen tres dioses y nada más.

 

LOS FILÓSOFOS ADVERSARIOS DEL MISTERIO DE LA TRINIDAD SON PRINCIPALMENTE:

 

1°) Los que niegan las personas, convirtiéndolas en “modos” o aspectos de la Divinidad: son los “modalistas” o “sabelianos” de los que ya hablamos.

2°) Los que niegan la unidad, poniendo tres dioses, que son los Triteistas, que existieron también.

3°) Algunos más curiosos, los que niegan el misterio, creen que eso puede entenderse con humanas entendederas, por lo menos después de haberlo revelado Dios. Creen que se puede probar con la razón una vez que lo sabemos. Aquí hallamos dos hombres muy excelsos, casi santos: el mallorquín Raimún Lull, (beato Raimundo Lulio) en el siglo XIII y en nuestros tiempos el Venerable Antonio de Rosmini Serbati; marqués, fundador de órdenes y muy gran filósofo.

Otro sabio como ellos pero no santo ni de lejos es citado junto a ellos por la historia de la Filosofía, el famoso Pedro Abelardo, del Siglo XII, espíritu agudo, aventuroso y travieso, pero en sus obras mayores, que tengo, es del todo correcto acerca del misterio trinitario. Debe haber sido una de tantas escapadas o corbetas, nacidas de su manía por la dialéctica; era un maravilloso dialéctico, es decir dis- putador, con la cual empero inventó la solución del famoso “problema de los universales”, que más tarde recibiera Santo Tomás.

El problema de los universales ocupó muchísimo a los medievales, problema que había sido resuelto por Aristóteles en forma oscura y somera. Consiste en cómo se forman los conceptos universales, siendo así que nosotros no vemos más que cosas singulares, no vemos ningún universal. Y el que vio un universal y muchos universales, que fue Platón, era recusado por Aristóteles y por todos los medievales.

Negaban las ideas puras de Platón, que eran universales pero que subsistían como sustancias. La vida de Pedro Abelardo fue un torbellino, no solamente la castigó con ferocidad el canónigo tío de Eloísa, sino que ha tenido un castigo póstumo en la Argentina, porque Arturo Capdevila le escribió una biografía de cachivache con el nombre “Del infinito amor”. No sabía nada, ni de Abelardo, ni de lo que escribió Abelardo, ni de la filosofía, ni de nada. Escribió algo así como un reguero de miel o de agua con azúcar.

 Los “modalistas” afirman que esos tres nombres son eso solo, “nombres” o aspec- tos de un solo Dios. Tuvimos entre nosotros, como ya dije, al pobre Lugones, Leopoldo, y mucho más acérrimo a su hermano mayor Santiago, para quien la Trinidad era la Bondad, la Verdad y la Beldad o Belleza. “La Belleza es el resplandor de Dios en la armonía de lo creado”, repetía el poeta. Y su hermano mayor escribió un poema breve y muy hermoso sobre esta idea. Claro que es más fácil

Los “modalistas” antiguos o sabelianos o negaban la distinción de personas (Sabeio, los patripasianos) o negaban la divinidad de dos personas (Arrio) o la de una (Macedo- nio).

Los trieteistas, tres dioses, eliminaron también el misterio suprimiendo la unidad de Dios como los antiguos paganos; los principales fueron Philopón, Roscellín el adversario de Abelardo, el Abad Joaquín de Floris en la Edad Media y Gunther en nuestros días.

El concepto de la unidad está inserto en el Credo Niceno y en todos los credos.

 

PRUEBA:

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son nombrados por Jesucristo y después in-terminablemente por los Apóstoles y toda la Tradición, son:

1) Personas, porque viven, entienden, quieren y obran.

2) Diversas, porque se oponen entre sí por la procedencia; el Hijo procede del Padre, el Espíritu procede del Padre y del Hijo, “es el amor del Padre y del Hijo” decimos.

3) Son un Dios, porque así son explícitamente llamadas y decoradas de atributos divinos.

4)  Son uno porque Dios infinito es uno solo, como profesaba el férreo monoteísmo judío que Cristo afirmó y no negó; y porque parecía negarlo al afirmarse como Dios, fue llamado blasfemo y condenado a muerte. “Ego et Pater unum sumus” “oye el Unum y oye el sumus, y huirás de Scilla y Caribdis”, dice Agustín. Es decir, que aunque a Pilatos le dijeran otra cosa, en el Tribunal del Sanedrín lo condenaron por blasfemo.

San Mateo. “Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Efesios, III, 14, “Dobla la rodilla al Padre y a nuestro Señor Jesucristo en el cual toda la paternidad en el Cielo y en la tierra es nombrada”. Juan V. “Ut simus in vero Filio ejus”.

 

LA RAZÓN TEOLÓGICA

1°) Es imposible que Dios no conozca y no ame.

2°) Conociendo y amando es imposible no se conozca y ame a sí mismo.

3°) Su conocer y su amor son sustancia, son personas, no pueden ser accidentes o meras potencias, como en nosotros. Son su misma naturaleza y sin embargo son entre sí distintos, como en nosotros, esas dos potencias (o sea accidentes) el intelecto y la voluntad que son distintos entre sí, no son sustancias, son accidentes, son potencias, facultades.

 

4°) La mejor imagen análoga que podemos hacemos de la Trinidad es nuestra al- ma. El Yo se siente ser y así es nuestro verbo o auto conocimiento (La Conciencia de los psicólogos). El yo ama a ese Verbo o retrato propio, y ese es nuestro Querer Vital del que dependen todos nuestros quereres (o sea la Tendencia de los psicólogos).

 Esta es la famosa comparación de San Agustín. Este advertía que no es más que una analogía pero se parece mucho al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Objeciones: Hay muchísimas porque es un misterio, de manera que pueden inven- tarse objeciones hasta cansarse.

Por ejemplo ésta que ha tenido mucho éxito, porque lo ha acobardado al gran filó-ofo Francisco Suárez. “Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Más el Padre y el Hijo son iguales al Espíritu Santo. Luego son iguales entre sí. . .”.

Los tres son iguales hay que decir. Aquí dio un tropezón Suárez: dijo que ese axioma vale en lo natural pero no vale en lo sobrenatural.

Pero un axioma metafísico tiene que valer siempre y en todo lugar, no puede tener excepciones. Un axioma metafísico es enteramente ínexceptuable. No puede dejar de valer en este mundo ni en el otro. Los axiomas metafísicos, como por ejemplo todo lo que procede es de otro”, porque no hay efecto sin causa, como decimos, no puede tener excepción ningu- na. Estos axiomas metafísicos son la base de la filosofía y también de muchas otras ciencias como las matemáticas, se perciben inmediatamente con la sola lectura de sus términos, no tienen demostración, no necesitan demostración, basta que a uno le anuncien bien los términos de un axioma metafísico para que uno vea que eso tiene que ser así.

Mejor es decir: pero yo digo que los tres son iguales, no solamente el Padre y el Hijo son iguales, los dos son iguales en cuanto a la naturaleza pero difieren en cuanto a las personas. Para igualar dos cosas a una tercera hay que igualarlas en el mismo plano o concepto. Si Usted me dice: “El Padre y el Hijo son iguales al Espíritu en cuanto personas…” niego.

Son personas diferentes, en cuanto concepto.

— ¿Y en qué se diferencian?

—En la relación. Las personas en Dios constan de relaciones.

Esta es la parte más, sólida de la teología de la Trinidad. El mismo Jesús la indicó al llamarse con respecto a su Padre el Hijo, lo cual es una relación. Ser hijo es una relación. Las relaciones se basan en un hecho o en una cosa, pero ellas en sí mismas no son sustancia. Por ejemplo el orden de una biblioteca es una relación. Todos los órdenes que existen son relaciones. Una vez que está hecho el orden, existe, pero no hay sustancia. Es una categoría relación.

— ¿Y de dónde sacan que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo están constituidos por una relación sustancial y no accidental?

—Diré buscando lo más sencillo: de las diez categorías de Aristóteles, una, la Sus- tancia y abajo de ella nueve Accidentes, la única que no repugna a Dios es la categoría “Re- lación”; todas las demás no pueden existir en Dios (los nueve accidentes son:

1.   Calidad,

2.   Cantidad,

3.   Acción,

4.   Pasión,

5.   Relación,

6.   Tiempo,

7.   Movimiento,

8.   Situación y

9.   Hábito).

 Ninguna puede convenir a Dios, porque son todos accidentes puros, pero la relación es un accidente que tiene referencia a otros, y eso puede ser sustancia en Dios.

 La relación es ESSE AD, ser hacia, o sea algo que existe por referencia a otro; como por ejemplo la Paternidad y Filiación, el orden de una biblioteca, de un regimiento o cualquier orden.

 Así en Dios existen las cuatro relaciones de Paternidad, Filiación y la doble de la procesión del Espíritu Santo (procesión significa procedencia, viene del verbo proceder en latín). La procesión no tiene nombre propio y le dicen espiración activa y pasiva. La espiración pasiva, que proviene de la doble espiración activa del Padre y del Hijo, es el Espíritu Santo.

Aquí comienzan a disputar los teólogos: Gregorio de Rimini por un lado, Duns Escoto por otro, Alejandro Hales, San Buenaventura, etc., se presentan cada uno con una suti- leza. Basta que notemos a Santo Tomás: las tres divinas hipóstasis se distinguen por las rela- ciones que las originan.

En el Seminario en mi tiempo había un profesor muy sencillote, que enseñaba todo lo que le pusieran por delante. No sabía casi nada, ya ha muerto el pobre. Le dieron a enseñar el Tratado “De Deo Trino”, y el primer día de clase nos dijo: “Miren, esto que vamos a aprender no sirve para nada; pero sirve para aguzar la inteligencia…”. Servía para fatigar la inteligencia.

Pbro: Leonardo Castellani

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