HAY PURGATORIO


 Ya que estamos en la Ultratumba, seguiré con el Purgatorio, antes de entrar al tema de la Santísima Trinidad.

 El Purgatorio es una cárcel que se diferencia del infierno en que es transitorio, pero no en la pena, que es la misma según San Juan de la Cruz; dice que el mismo fuego es el del Infierno, pero eso no es más que una opinión, otros no lo creen así, por ejemplo Franck Dukesnes, un muy docto y gran exegeta de raza judía, que vivió mucho tiempo en Bélgica y creo que vive aún hoy en Francia. Luego aprendió todas las lenguas muertas y cuatro o cinco lenguas vivas, de manera que es muy erudito en lingüística. El dice que en el Purgatorio es el arrepentimiento lo que hace sufrir a las ánimas y en el Infierno el remordimiento, San Juan nos dice que es lo mismo que La Noche Oscura del Espíritu, que es el preámbulo de la oración extraordinaria de los Grandes Místicos. Hay una descripción pavorosa de las dos noches oscuras que pasó: La Noche Oscura del Sentido y la Noche Oscura del Espíritu. Escribió un libro entero sobre ello.

 También aquí la Iglesia habla del fuego, pero aquí es purificador de los que son ya santos; de modo que rogamos por ellos y les pedimos rueguen por nosotros. De modo que pueden saber lo que pasa en este mundo por comunicación de Dios, pues de suyo las almas separadas no pueden saber lo que nos pasa si no es por comunicación divina, porque no tienen memoria ni imaginación, ya que son facultades corporales, pero sin duda ninguna Dios les comunica lo que les interesa acerca de sus parientes y de sus amigos y especialmente a los Santos, que son a quienes mas nos encomendamos, de manera que tienen que saber que nosotros les rogamos. Hoy parecería que Dios no comunica a los Santos lo que nos pasa en la Argentina; si no es que lo saben pero no quieren remediarlo hasta el Remediador Supremo, que no estaría lejos.

Aquí pisamos tierra firme, porque estamos en lo temporal, sin el temblor que nos produce la eternidad del infierno, que golpea nuestro entendimiento, que de ningún modo puede abarcarla. El Purgatorio vuelve humana la Revelación Divina y nos pone al alcance nuestros muertos; yo se que allí están, con gran probabilidad, mis abuelos, mis padres, mis hermanos Cachín y Muñeca y mi gran amigo el Padre Julián Saenz; y que puedo comunicarme con ellos: ayudarlos y ser ayudado.

Es artículo de fe, definida por el Concilio de Trento y continúa en la Tradición. El canon 777 condena la proposición de Lutero de que “No existe el Purgatorio porque no está en la Escritura”.

Y en el canon 983 define que consta su existencia por la Sagrada Escritura, la antigua Tradición de los Santos Padres y decretos de los Concilios; expresa la conformidad con el culto común y recomienda que no se predique al pueblo cuestiones sutiles, o bien inciertas o que sepan a curiosidad o torpe lucro. Así como en otra clase les conté la anécdota del cura que pretendía que por “un duro” podía sacar un alma del Purgatorio, así había muchas supersticiones y anécdotas sobre él.

Recordaron el pretexto de Lutero: las indulgencias. Las verdaderas cusas de la re-belión del monje sajón no fueron las que puso él en las noventa y dos proposiciones que fijó en la puerta de la Iglesia de Wittemberg; de las que la octava y la decimotercera negaban el Purgatorio (Sesión XXV, 4 de Diciembre de 1563).

ADVERSARIOS:

Todos los protestantes que alegaban que el Purgatorio no está en la Escritura y es una invención de los curas para sacar dinero. Que el Purgatorio nos da dinero, aunque poco, a los curas, no se puede negar. Lo otro, lo de la invención sí.

Lutero negó el Purgatorio de dos modos:

1°) Enseñó que las ánimas no están seguras de su salvación y pueden pecar; después alargó diciendo que pecan continuamente porque desean el descanso y aborrecen el fuego.

 2°) Mas adelante negó directamente la existencia diciendo que no estaba en la Escritura.

Las dos aserciones (en rigor la primera era una forma de negar el Purgatorio) fue-ron condenadas por León X en la bula “Exsurge Domine” del 15 de junio de 1520.

Las indulgencias habían entrado en un abuso grande, ha pesar de lo que diga la Historia de la Iglesia de la BAC, tomo III León X, había promulgado una Bula para juntar plata y acabar la Basílica de San Pedro.

Una de las cosas que dijo Lutero era que el Papa tenía muchísimo dinero y que la Basílica de San Pedro la pagara él. El Pontífice nombró comisario a Brandemburgo, Arzo- bispo de Maguncia y éste nombró adlátere al dominico Tetzel y no al que esperaban los agustinos.

Una de las cosas que indignó a Lutero, fué que no nombrara agustinos como comisarios de las bulas. Tetzel nombró a innúmeros “buleros”, es decir gente que iba vendiendo bulas.

Era exactamente como un comercio, más aún, como un comercio medio torcido, pícaro. Hay la anécdota recogida en el Lazarillo de Tormes de un “bulero” que no le compraban las bulas e hizo fingir como endemoniado al alguacil del pueblo que había hablado contra la bula, pero luego se puso de acuerdo con él y en la misa el alguacil se puso a mover como endemoniado y el “bulero” se bajó del púlpito y le dijo “ve, esto es lo que le pasa por haber hablado contra la santa bula” y luego de hablarle, el fingido endemoniado se calmó y toda la gente comenzó a comprar en grandes cantidades la bula.

 

El tema se trata también en otras novelas picarescas. Puede ser que Hurtado de Mendoza exagerara un poco para hacer reír, pero lo cierto es que hubo abusos tremendos.

¡Los españoles trataban la corrupción de clérigos y frailes con la risa, hasta que vino con un hacha el cardenal Cisneros. Hasta cuando yo estuve en España, vendían la Bula de la Santa Cruzada, que le llamaban, y uno daba una cantidad de dinero y le dispensaban una cantidad de cosas. Yo no sé si seguirá ahora todavía, espero que no, pues entonces estaban por sacarla. Resulta que una vez un español que había hecho ejercicios espirituales conmigo en Man- resa, me dijo: “Dígame, ¿le parece a usted que un hombre puede hacer que sea pecado mortal que se coma carne un viernes y vendiendo una bula puede quitar lo que es pecado mortal?. “No, no puede ser, le dije. Eso es superstición“. “Bueno, eso es lo que hacen acá”, me contestó.

Las indulgencias pecaron primero por exceso y después por corruptelas. Cuando yo era novicio jesuita me dieron un libro con centenares de oraciones indulgenciadas, con un día, tres días, siete días, siete años, siete años y siete cuarentenas, indulgencias plenarias e incluso una que se ganaba “para la hora de la muerte”, es decir que se rezaba ahora y servía para cuando uno se muriera, lo cual era prácticamente como suprimir el Purgatorio.

Yo todavía la rezo, “Señor Dios mío…”. Es una oración muy buena, pero no creo que por una oración de tres líneas se me vaya a perdonar el Purgatorio que merezco. Por esas millares de indulgencias, que gané entonces, tururut.

Escritura: 2° Macabeos XII, 43. Después de la batalla victoriosa contra Gorgias, Judas Macabeo reunió entre sus hombres unas 2000 dracmas “y las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, hermosa y noblemente, pues de no esperar que los sol- dados caídos resucitarían, necio y superfluo habría sido rogar por los muertos” . . . sacrificio expiatorio en favor de los muertos para que quedaran liberados del pecado, “Pues santa y saludable es la intención de rogar por los muertos para que sean absueltos de sus pecados” Esto está en la Escritura, de manera que creían Judas Macabeo y los judíos que existía el Purgatorio.

 1° Corintios III, IV, “El valor de la obra de cada cual lo probará el fuego. Si la obra resiste. . . Más aquél cuya obra quede abrasada, sufrirá daño. El que no obstante quedara a Salvo, pero como a través del fuego…” Eso dice San Pablo. Es decir que nuestras obras serán probadas por el fuego. De alguno se quemará lo que hizo porque estaba edifica- do sobre bases endebles.

Mateo, Capítulo XII, 39, “Y el que diga palabra contra el hijo del Hombre se le perdonará; pero el que la diga contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón ni en esta vida ni en la otra”. Señal esto de que en la otra vida también habrá perdón. Eso es el Purgatorio.

Lucas XII, 57. “Procura arreglarte con tu adversario en el camino, no sea que te lleve al juez y el juez te entregue al agente y el agente te mande a la cárcel; en verdad te digo que no saldrás de ella mientras no hayas pagado hasta el último… “peso viejo”.

La Escritura dice “cuadrante”, que serían los pesos viejos de ahora. Por lo tanto hay una cárcel en la cual se paga y se sale. (Jesucristo está hablando de los castigos de la otra vida: el “camino” es esta vida, el “Juez” es el de vivos y muertos, Luego hay otra cárcel, además del infierno, de la cual se puede salir).

 

Hay otros varios textos menos claros, a saber:

 ¾  Primer Libro de los Reyes, XXXL

¾  Segundo Libro de los Reyes, I.

¾  Tobías IV, 17.

¾  Primera carta a los Cristianos de Corinto, XV, 29. y en todas las sinagogas de antes y de ahora los judíos rezan por sus muertos; y en las misas pro de- functis las ha practicado la Iglesia desde los primeros tiempos.

 

TRADICIÓN;

Desde San Pedro comienzan las misas por los difuntos, como vemos por las ins- cripciones de las Catacumbas. Los Santos Padres dan muchísimos testimonios, por ejemplo San Efrén Sirio, en el Siglo IV, pide a sus fieles, que “se acuerden de él al cumplir treinta días de su muerte, porque a los muertos aprovecha la oblación que los vivos hacen” y pone el ejemplo de los Macabeos que hemos visto. San Basilio, en el Siglo IV, San Gregorio Niceno, a fines del mismo siglo, donde aparece la “Oración por los difuntos” y la palabra “Purgatorio”, quizá por primera vez.

 

San Agustín, en el Siglo V, pide a Dios lo salve aún del Purgatorio, diciendo que aquel fuego será más grave que todo lo que el hombre podrá sufrir en esta vida; comentando el texto ya visto de San Pablo en “De Génesis contra Maniqueos”, dice que quien no cultiva- re su campo interior. . . después de esta vida tendrá o el fuego purgatorio o la pena eterna . .

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Y así muchísimos otros, como por ejemplo San Cipriano (Epist. 10, N° 30), San

Jerónimo (Mat. Ill, 12), San Basilio (1, de Sp. Sn. c. 15), San Gregorio Nacianceno (Orat.

39, N° 19), San Cirilo (Jesús Cath, 15, N° 21); San Agustín (Enarrationes VI, N° 3) (y va- rios otros lugares); San Gregorio Magno (Primun Ps. Penitentialem, N° 1).

 

Ninguna disensión hubo entre Latinos y Griegos, ni siquiera después del Cisma.

Habiéndose apartado los griegos en el siglo noveno en un cisma que duró diez siglos, hasta que los bolcheviques lo hicieron trizas. Empezaron con un cisma  negarse a obedecer  pero luego se plagó de herejías, e incluso en la Iglesia Rusa de aberraciones, hasta que, como dije, los bolcheviques casi la suprimieron, matando a muchos, deportando a otros y logrando que una parte se plegara a ellos, convirtiéndose en una iglesia nacional, como en Inglaterra, pero mucho más mala, porque es una Iglesia Nacional Comunista.

 

LAS RAZONES DE LOS PROTESTANTES, SON:

 

1°) “Dichosos los muertos que mueren en el Señor, pues ya dice el Espíritu que des- cansen de sus trabajos” (Apok. XVI, 13). Los protestantes dicen: “Ven, una vez que mueren descansan de su trabajo”.

2°) “Hacia donde cae el árbol allí queda para siempre”, dice el Eclesiastés XI, 31.

3°) Muchas sentencias de los Padres, que afirman que después de muertos no hay sa- tisfacción.

4°) Entre el infierno y el cielo no hay lugar medio, dicen los Protestantes. Y hay un lu- gar medio. Es un error simplemente.

5°) Así como no hay paraíso temporal para los buenos, así no hay infierno temporal para los otros. Acá yerran doblemente, como veremos al final.

RAZÓN TEOLÓGICA O ARGUMENTOS DE CONGRUO O DE CONGRUENCIA:

Llaman argumento de Congruencia a los que provienen de la razón, la cuál no puede probar una cosa revelada, pero puede apoyar o hacer más aceptable una ya probada. Santo Tomás está lleno de esos argumentos, quizá demasiados, casi le da más importancia a esos que a los otros de la Escritura. Porque los argumentos de la Escritura basta con citarlos, pero los de congruencia hay que razonarlos. Santo Tomás era un gran “raggionatore” como dicen los italianos. Y todo eso sin avisar que son solamente congruencias; por ejemplo “¿Era conveniente la Encarnación del Verbo? o bien “Utrum Spíritu Sanctus procedat a Filio” (qu. XXXVI, a 2).

 

Yo oí exponer en la Cuaresma del 32 a Golía Véneto, el mayor orador que he escu- chado después de Mussolini. El Padre Golía predicó en esa Cuaresma un sermón de una hora todos los días, más dos sermones los domingos y concitaba un auditorio inmenso en la Iglesia del “Gesú” en Roma, que es muy grande. Lo podía escuchar pocas veces, porque a la hora que predicaba tenía clase, pero podía hacerlo los jueves y domingos y me quedaba pasmado de la elocuencia de Golía. Yo pensaba, este pueblo está tan cultivado religiosamen- te que nunca va a perder la fe, pero ahora la ha perdido, la mitad de los italianos son comu- nistas. Hizo este sacerdote un sermón sobre el Purgatorio y dijo “Vamos a suponer que no existe el Purgatorio. ¿Qué pasa?” “Toda la vida de ultratumba queda reducida al cielo y al infierno y entonces los que se salvan quedan reducidos a poquísimos hombres porque por un lado es cosa segura y revelada que “nada manchado entrará en el cielo, y por otro, vemos por todos lados, siempre o casi siempre a los que mueren morir con pecados, imperfecciones, faltas o defectos de modo que todos o casi todos tendrían que ir al infierno, a menos hubie- sen tenido un pariente santo canonizable. Porque nadie puede entrar en el cielo manchado y no podría entrar nadie sino tuviera la forma de purgar sus pecados.

De manera que este era el argumento de Golía: Que se irían muchísimas personas al infierno y pocas al cielo si no hubiere un lugar de purificación. Aquí el predicador hacía una entrada al sentimiento del público, haciéndoles recordar a sus padres, hermanos, hijos, esposos, amigos y preguntándoles si podrían creer que todos esos estaban en el Infierno y si ellos mismos estaban destinados acá abajo; al fin del espléndido sermón de una hora o más concluía que la proposición de Lutero era falsa, más aún, blasfemia.

 Otra cosa que quiero añadir acerca del infierno, es una anécdota de Santa Catalina de Siena, debidamente atestiguada. Su padre Jacobo Benin casa, estaba por morir atendido por ella y ella rogando a Nuestro Señor se lo conservase en vida, y recibió de El respuesta (pues Santa Catalina de Siena fué una de las santas más grandes y que mas milagros hizo y que hablaba sobrenaturalmente con el Señor) que para la salvación de su padre le convenía a Jacobo no vivir más; y él advertido aceptó la muerte.

La Santa pidió a su Dueño que le pasase a ella las penas del Purgatorio que debía pasar su padre y al morir éste, sintió un dolor tremendo al costado, que no se le quitó en toda la vida. Después le tocó la hora a la madre, que se llamaba Donna Lapa, y esta tenía horror a la muerte y no quería ni siquiera recibir los sacramentos porque decía que no se iba a morir y así murió. La Santa hizo al Señor una apelación desesperada, le empezó casi a faltar el respeto, diciéndole que cómo se había portado de esa manera después de haberle asegurado que todos los de su casa se iban a salvar y la viejita revivió. Así lo testimoniaron en el pro- ceso de Canonización de la Santa las dos vecinas, Catalina Ghetti y Andrea Vanni, o sea que resucitó; pero hoy sabemos más acerca de la muerte aparente que en aquellos tiempos. El caso es que la Donna Lapa comenzó a mejorar rápidamente, vivió hasta los 89 años y… murió confesada.

Lo serio que es el Purgatorio delante de Dios es evidente por esto, porque no le perdonó siquiera a la Santa los dolores que le correspondían al padre.

Santo Tomás en la Summa enseña que las almas no pueden conocer lo que hacemos o decimos si Dios no se los revela; que están en estado de rezar pero más de ser reza- dos; un prelado de la Iglesia no puede con su voluntad liberar almas; por una sola misa, aun- que se diga que tiene un valor infinito, no se libra un alma, como respondió al Párroco la viuda catalana: la pena del Purgatorio no es mérito sino purificación. A una viuda catalana su marido le había dejado una inmensa fortuna y el cura del pueblo enterado de que, no le había hecho rezar una sola misa y que la gente estaba escandalizada, le preguntó el porqué de ello. La mujer le dijo: Mire Padre: Si mi marido está en el infierno de nada le valen las misas. Si está en el cielo no le hace falta. ¿Y si está en el Purgatorio? Ah, dijo la viuda, es allí donde lo quiero ver.

Los demás son corolarios.

N. B. 1. El purgatorio no permanece, ni tiene duración determinada, sino que ter- minará en el Ultimo Juicio en que buenos y malos irán a sus moradas definitivas (Definido en el Concilio Florentino y otros).

N. B. 2. Santo Tomás dice que “la menor pena del Purgatorio es mayor que la peor pena de esta vida”. Billot lo tiene por exagerado; y San Buenaventura y —siguiéndolo— San Belarmino, dicen que no, que tanto la pena de daño como la de sentido son atenuadas por la seguridad de la visión beatífica que se va aproximando. .

La pena de daño ya saben que es la pena de ausencia de Dios y la de sentido es el fuego. Decimos el fuego; ahora qué es el fuego no sabemos.

N.B.3. ¿Existe el Juicio Particular? o sea de inmediato, después de la muerte cor- poral ¿se produce la sentencia de vida o muerte eterna o bien al fin del mundo, en la resurrección? Hubo una discusión larga, pues algunos Padres Antiguos juzgaron que hasta la resurrección no se producía la sentencia de cielo, infierno o purgatorio. Pero la Iglesia zanjó la discusión a favor del juicio inmediato o particular con varias definiciones ex cathedra, la principal del Concilio Florentino, en 1438, Eugenio IV, Decretum pro Armenis.

 A Frank Dukesnes, que nombré al principio, no le gusta nada esa definición, piensa que hasta el día del juicio final no hay sentencia definitiva. Más debe someterse a la autoridad de la Iglesia, pero lo que hace es atenuarla mucho, como veremos.

Hubo una anécdota curiosa en el Siglo 14 que fué del Papa Aviñonense Juan XXII que no fué el peor de los Papas de la “Cautividad de Babilonia” como se les decía en broma en la Iglesia, porque estaban sometidos a la autoridad de los franceses y fueron todos franceses, pero tampoco el mejor. El cual empezó a predicar la opinión ya demudada de la suspensión de la sentencia hasta el juicio final, pero al fin de su vida, a los 85 años, se retractó, re- conoció que había estado equivocado y se volcó por la opinión común, encargando a su sucesor que zanjase definitivamente esta discusión que largamente habían sostenido los teólogos, lo cual hizo Benedicto XII, también francés, por la bula “Benedictus deus” 1336, que es una definición ex cathedra.

N.B.4. Santo Tomás concedió que la felicidad de los salvados es imperfecta, por- que les falta el cuerpo, y lo desean; cuanto más los del Purgatorio.. El ya nombrado exegeta judeo francés Alberto Frank Dukesnes, dice que las almas están en un estado innatural, anormal, e incluso violento, lo cual es ir más lejos. Santo Tomás no dijo tanto, sino simple- mente que las almas tienen nostalgia de su cuerpo, porque sin él no está completo el hombre, no es hombre en realidad, sino que es un alma. Este exegeta no tiene muchas ganas de que entre en el cielo del todo y entonces todo a lo largo de su libro que se llama “Lo que te espe- ra después de tu muerte”, que es bueno, continuamente insiste en que las almas separadas no son el hombre y no están del todo satisfechas. Tuvo que admitir, aún a regañadientes, que las almas salvadas, ya gozan de la visión beatífica “aunque retaceada”. Cómo puede ser eso de tener visión beatífica, pero no del todo, no lo sé.

Y pone que ellas pasan por siete tramos, a saber:

1) Carecerán de tentaciones.

2) Verán a las almas perversas camino del castigo por caminos laberínticos.

3) Verán al Creador dar testimonio en favor de ellas.

4) Tendrán un anticipo de la inefable paz de que gozan los que ya están en el cielo.

5) Tendrán la alegría de verse libres de la corrupción de la mortalidad.

6) Se manifiesta la claridad y belleza de sus rostros, como un sol.

7) Tendrán el regocijo del perfecto reposo, al ir apresurados a contemplar la faz de

Aquel que han obedecido aquí abajo para recibir una eterna recompensa.

 

Copio resumiendo el decreto. “Este es el decreto para los que hayan guardado los mandamientos del Altísimo, apenas se vean libres de su envoltura corruptible…” Sin embar- go, según Dukesnes comienzan a desear con ardor su “envoltura corruptible”. Ha sido el cuerpo un compañero del alma, de manera que el alma lo añora, aunque de hecho le haya dado grandes disgustos. También en realidad el cuerpo las ha ayudado a salvarse y es lógico que quieran recobrar el cuerpo y no saben cuándo lo van a recobrar, porque hasta el Juicio Final no se dará la resurrección de los cuerpos.

Además, según el mismo, los invade un arrepentimiento de sus pecados veniales y mortales ya perdonados que no hay idea en esta vida: “profunda penitencia, arrepentimiento absoluto” Es decir: estando el alma libre del cuerpo sufre muchísimo de arrepentimiento por todos los pecados que ha hecho —incluso los olvidados— porque en el alma quedan marca- dos todos nuestros actos buenos y malos. Esta espada del arrepentimiento, como la de Anfortas, hiere y sana a la vez. Ella es el fuego del Purgatorio.

Según este exégeta, el fuego del Purgatorio no es el que nos pintan los cuadros con una gran cantidad de personas sumergidas hasta la cintura en un mar de llamas, porque las llamas no le harían nada a las almas, sino es el arrepentimiento que es tan fuerte que se po- dría comparar al fuego.

 Esto será, según el exégeta, en el libro IV de Esdras. Yo no lo he encontrado, pero él dice que tiene un ejemplar mejor del siglo IX. Los libros III y IV del Apokalipsis de Es- dras son apócrifos, es decir, están fuera del Canon, ya que los sacó el Concilio de Trento de él, de la lista que creemos que son los libros canónicos; continúan el Libro de los Reyes segundo y narran el reinado de Josías, un Rey de Israel muy bueno. Los otros dos libros son apocalípticos.

 ¿Cómo hizo la iglesia el Canon? En tiempos de San Agustín ya estaba hecho. Sim- plemente preguntaron a las Iglesias de todo el mundo cuáles eran los libros que ellas tenían por inspirados por Dios. Aquellos libros que todas las Iglesias o casi todas los tenían como inspirados por Dios, fueron puestos en una lista llamado Canon. El Concilio de Trento sacó del Canon los libros III y IV de Esdras, pero los recomendó y mandó que se imprimiesen como apéndice al fin de la Escritura canónica, o sea después del Apokalypsis de San Juan.

Pbro. Leonardo Castellani.

 

 

 

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