Esencia del Liberalismo. Parte I.

La República Argentina no es una nación sino un problema.

 El problema es: ¿qué va a salir desta desintegración del liberalismo argentino?, ¿qué se puede hacer para que no desintegre al país?

Para resolverlo es necesario saber aunque sea de un modo somero qué cosa fue el Liberalismo donde nacimos; “qui genuit Democratiam, qui genuit Comunismum, qui genuit Reactionen Fascisticam, qui genuit Neocapitalismum… ex quibus generabitur Futurum”.

Me han pedido que urda sobre este tema una conferencia filosófica; es decir, ni demasiado teológica ni demasiado literaria…

Una conferencia filosófica poco logra, si no es en una clase de filosofía; y hay muchos libros eximios sobre el LIBERALISMO que se pueden leer con más provecho que esto. Mi esperanza y mi consejo es que esta actividad  conferencística, que es loable cuando no es demasiado espasmódica, se transforme en verdaderos cursos de ciencias políticas y sociales (incluso de lengua castellana, de latín y de ejercitación oratoria), cursos serios, sacrificados y pacientes, con sus bibliotecas, su revista y al fin su editorial; cosa que por suerte ya se halla incoada, aunque no por la Universidad Católica; la cual tiene por fin solamente los títulos, la apologética y la ciencia -aprendida de memoria en los libros de Derisi. Yo no puedo vencer al liberalismo. Ustedes tampoco ni cada uno ni todos juntos ni en un año ni en dos; aunque antes de una década es menester que esté vencida aquí “nuestra Tradición Liberal”, que dice Valmaggia con  manifiesta inexactitud. Un hombre hereda de su padre una casa y una tuberculosis: la casa es tradición, la tuberculosis NO es tradición. Yo heredé de mi abuelo que fue arquitecto y de mi padre, que fue normalista, el liberalismo; del cual  estoy sano; o por lo menos, furiosamente de vuelta.

El coraje actualmente en la Argentina se llama Paciencia, con una gran dosis de Decisión: el mal es profundo. Hay cuatro cosas en el orden intelectual a cual más malas, que son la ignorancia, el error, la mentira, y la confusión y esto último, donde estamos entrando, es lo peor, porque ya es demencia. ¿Me quieren decir lo que significa  aquí ya la palabra Democracia? ¿O la palabra Cultura? ¿O la palabra Libertad? Esas palabras significan “confusión”; o  bien, si ustedes quieren:  “el presupuesto siempre subiendo, y el decoro siempre bajando”. Un ministro del cual no quiero acordarme desafió por radio anteayer a sus oyentes que le enseñaran si osaban “el remedio al déficit del presupuesto”. Sospecho que él lo sabe lo mismo que yo: la cuarta parte del presupuesto del país puede podarse sin que  al país le pase nada en absoluto; y ante todo, el rubro entero denominado Cultura. El fomento de la cultura del país  por el Gobierno es matufia; más bien estorba que fomenta; y en eso despilfarran millones inútil y viciosamente. Puedo hacer bueno con números esto que digo; si fuera necesario.

Ni yo ni ustedes podemos vencer de golpe a Echeverría, a Ingenieros y a Repetto (yo ni siquiera puedo leerlos) pero podemos servir a la verdad, e incluso si Dios nos elige podemos DAR TESTIMONIO a la Verdad; lo cual es el gran grito del Cristianismo, el que hizo caer las murallas de la pagana Jericó. Toda la religión de

Cristo se encierra en estas dos palabras que Cristo impuso a sus Apóstoles: DAR TESTIMONIO. Como decía Unamuno  con bastante exageración, “tenemos que hacer que Dios exista creyendo en El”. La verdad es que tenemos que responsabilizarnos de Dios: tomar en este mundo el lugar de Dios, sobre todo con respecto a los pobres: “Conmigo lo hicisteis”. Incluso tenemos que arreglar si podemos lo que Dios se olvida de arreglar. El místico alemán Angelus Silesius decía:

 ich bin so reich als Gott, es kann kein Staublein sein Dass ich, Mensch, glaube mir, mit ihn nicht hab gemein Ich weiss  dass ohne mich, Gott ein Nu kann nicht leben Werd’ich zunichts, Es muss vor Not den Geist auf geben.

(Soy tan rico como Dios, no hay un granito de arena

Que yo junto con Dios no lo posea

Y yo sé que Dios sin mí no posee su existencia

 Ni sin mí fuera posible que Dios fuera)

 La situación actual, de Confusión Mental y Cretinización Colectivoprogresiva nos ha sido dada, no la hemos hecho nosotros. Nos han dado un juego embrollado (¡cómo será de embrollado que a mí algunos me adjetivan “cura liberal”!), no lo hemos embrollado nosotros, y no podemos desembrollarlo de golpe…

 

(The time is out of joint: o cursed spite

That ever I was born to set it right!)

 

que  ha  sido  siempre  el  error  del  Nacionalismo,  querer  arreglar  al  país  en  seguida  o  a  corto  plazo:  está demasiado  embrollado para eso, hay que tener paciencia; no podemos cambiar de golpe el juego tramposo, pero podemos cada uno en su lugar; “HACER VERDAD”, como dicen en Cataluña a los chicos cuando salen de caso “fa bontat”, haz bondad: dar verdad es la mayor bondad, “la caridad de la Verdad”, dice San Pablo. En España durante un siglo que duró el dominio del liberalismo nunca faltaron hombres, desde Donoso Cortés hasta Ramiro de Maeztu, que hicieron Verdad, o sea, dieron testimonio; y España venció al liberalismo.

Esta es la verdadera Gran Misión de Buenos Aires: no precisamente hacer exterioridad religiosa, ni propaganda religiosa, ni aburrimiento religioso, repitiendo lugares comunes religiosos de los cuales la gente está aburrida; sino hacer Verdad. ¿Cómo se hace Verdad? Solamente con Vida, esa es la materia prima. ¿Cómo se   hace   Vida?   Dios   nos   ha   dado   un   cachito,   no   podemos   aumentarlo   ni   disminuirlo,   podemos BIENGASTARLO.

En la conferencia levemente filosófica que está aquí, yo me ponía a probar filosóficamente que el Liberalismo del siglo pasado enarboló la bandera de la Libertad y arruinó las libertades, que son la única verdadera Libertad que existe; pues existe también una falsa libertad, que es la fomentada por el liberalismo; la cual es a la verdadera libertad lo que la demagogia y el democratismo es a la democracia; el filosofismo a la filosofía; la sofística a la sofía y la superstición y la herejía a la Religión. Es decir, es peor que ignorancia, es peor que mentira, es  confusión,  Y después me puse a investigar por qué el liberalismo que proclamaba la libertad (y en algunos, de buena fe) acabó por arruinar la Libertad, paradójico resultado; de modo que hoy día yo, y todos los nacionalistas, odiamos al liberalismo en la misma medida en que amamos la libertad. Y después busqué  la  razón  teológica  de  ese  fenómeno  monstruoso  que  jamás  antes  se  había  visto  en  el  mundo.

¡Pamplinas! Todo eso no sirve.

Volví la vista a la Argentina y a mi pequeño auditorio, y me di cuenta de que aquí el liberalismo no merece ni mucha investigación ni mucha discusión; de que casi es de mal gusto y casi es de asco el tocarlo; de que aquí ha sido brutalmente importado, y no ha tenido ni doctrina ni inteligencia ni siquiera buena fe; que no ha – producido ninguna obra maestra en ningún género (excepto la novela “Amalia”, sólo que nadie la puede leer), sino solamente los enormes males en los cuales ahora nos debatimos; y en fin que la filosofía que hay que hacer aquí acerca del liberalismo debe ser existencialista y no esencialista; que no interesa ahora tanto conocer su esencia cuanto librarnos de su existencia. Para conocer su esencia sirven todos esos escritores españoles a los cuales aludí,  cuyas  obras deberían estar aquí rodeándome por todos lados. A mí me educaron jesuitas españoles que me hicieron algo de mal y mucho bien; y uno de los bienes fue que me hicieron vivir cinco años en el Colegio Inmaculada de Santa  Fe rodeado désos libros de Jovellanos, Donoso Cortés, Balmes, Nocedal, Tamayo y Baus, Adolfo Clavarana, Pedro A. de Alarcón, Aparisi Guijarro, Menéndez y Pelayo, Pereda y… Santa Teresa de Jesús.

Sin embargo, para los que tienen la comezón filosófica resumiré la conferencia esencialista. Buscar la esencia de una cosa es hacer su definición; yo hice tres definiciones europeas del liberalismo, cada una más exacta; y al final puse una sencilla definición argentina. La primera definición breve sería: “el liberalismo es el movimiento económico,  político y religioso que se propone a la Libertad como su ideal, y como el ideal absoluto de la Humanidad”; pues ha dicho Monseñor De Andrea una vez desde el púlpito  que “la Libertad es el bien más grande que Dios ha dado al hombre”; es por tanto el Ideal absoluto de hombres y naciones. Bien se ve que esta definición no sirve, porque pivota sobre la  palabra libertad, que es una palabra ambigua, pues la palabra “libertad” si no se le añade para qué, es una palabra sin contenido; y hoy día, por obra del Liberalismo, la más asquerosamente ambigua que existe. Un jefe socialista del siglo pasado, el judío alemán Berstein, dijo: “Poco importa hacia dónde vamos, lo que importa es el movimiento, porque la libertad es un movimiento…”. Es una bobada filosófica : la libertad no es propiamente un movimiento sino un “poder moverse” solamente; y en el moverse lo que importa es el Hacia Dónde: lo que determina el movimiento (dicen los filósofos) y lo hace chico-grande, bueno-malo, tal o cual, es el término DONDE; pues todo movimiento tiene dos términos que lo determinan DESDE y DONDE; y así el DESDE del nacionalismo, por ejemplo, fue el derrumbe del Liberalismo después de la guerra del 14: y el DONDE no lo sabemos, pues todavía no ha llegado a ninguna parte y quizás ni siquiera sabe bien adonde quiere llegar; lo único que sabe es que quiere llegar PRONTO.

Continuará …

Pbro. Leonardo Castellani

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