5. El Maestro

El maestro

Apenas asomó el rubicundo Febo por las puertas y balcones de Oriente con el fin manifiesto de iluminar con sus rayos el histórico convento de la marcha de San Lorenzo, cuando sacaron a Su Alteza el nuevo Gobernador de la iglesia donde pasara la noche en oración y lo condujeron en su silla gestatoria a la Sala de los Altos Capítulos para atender a los negocios del día. Inmediatamente sonaron chirimías, y fue introducido en audiencia un señor cabezón y gordito, enteramente calvo, salvo por una ligera pelusa amarilla que le cubría el cascarón, y con una carita redonda de torta pascualina, abundantemente poblada por una inefable sonrisa. El señor se sacó la gorra, dio los buenos días, mostró a Sancho las manitas -palma y dorso- extendidas, y dijo:

-La vaca es un animal que tiene cola, cuatro patas, cuernos y cabeza. También da leche, queso y manteca. Según la Historia Natural, la vaca es animal rumiante. ¡Qué animal tan útil es la vaca!

Sorprendiose el buen Sancho al oír tan nuevas razones, y preguntó al doctor Pedro Recio de Afuera:

SANCHO.-  ¿Quién es, Doctor?

RECIO.-  Es el Hombre Encargado de Hacer los Libros Para las Escuelas Primarias.

SANCHO.-  ¿Qué pretende?

RECIO.-  Pretende un Premio Nacional de Literatura de 200000 escudos, en mérito a su gran esfuerzo y obra proficua.

SANCHO.-  ¿Qué obra?

RECIO.-  Haber realizado la uniformidad de la Escuela Primaria.

SANCHO.-  No entiendo eso.

RECIO.-  Perdone Su Prominencia: la escuela primaria debe ser uniforme en todo el país, y todos los maestros deben pensar, decir y enseñar las mismas cosas con las mismas palabras.

SANCHO.-  ¿Por qué?

RECIO.-  Porque de ese modo será posible que un Alto Consejo de Funcionarios situado en la cabeza de nuestra Ínsula pueda de un solo gesto hacerlas danzar a todas las escuelas al son que quiera, aunque estén situadas a diez mil leguas de distancia.

SANCHO.-  ¿Y qué vamos ganando con eso?

RECIO.-  Vamos ganando el manejar mucha plata, y el poder dar puestos a los amigos, única manera de gobernar a la gente desta Ínsula; sin contar las innumerables ventajas pedagógicas y estéticas de la uniformización, que seguramente no escapan a Su Prominencia.

SANCHO.-  No escapan. ¡Qué van a escapar! Lo que yo no veo es el mérito literario de este señor gordinfloncito -¡míalo tú ahora cómo se chupa el dedo, angelito!- en esas cosas que dijo acerca de la vaca.

RECIO.-  Y sin embargo, es extremado. ¿No ve Su Prominencia que en nuestra Ínsula hay niños de muchas clases?

SANCHO.-  Probablemente.

RECIO.-  Y habrá naturalmente algunos niños más listos… y también por fatalidad algunos niños idiotas, ¿eh?

SANCHO.-  Eso, seguro. ¡Misericordia! No había pensado.

RECIO.-  Ahora bien; y esteme atento Usía a mi raciocinio. ¿Cómo se podrá uniformizar la enseñanza de todos los niños, a no ser con libros de texto que estén al alcance de los idiotas?

SANCHO.-  Es cierto.

RECIO.-  ¿Ve ahora Su Prominencia el esfuerzo enorme que supone escribir un libro entero solamente de frases idiotas, sin errar una sola?

-Veo, comprendo y admiro -dijo el buen Sancho I el Único. Y volviéndose al señor gordinfloncito, que lo miraba con la boca muy abierta, le dijo:

-Señor mío, aquí estamos para escuchar sus requerimientos. Adelante.

-Niño, dígame la lección de Historia -dijo el señor con voz aclarinetada, es decir, casi aflautada-. ¿No la sabe? ¡Qué niño más ignorante! Es usted un niño malo. Me escribirá diez veces en una plana: «El niño ignorante es malo. El niño bueno, por el contrario, es el encanto de sus excelentes padres». Entre paréntesis: (Samuel W. Smiles).

-Esto me parece mejor que lo de la vaca -dijo Sancho.

-Barrunto, señor, que usté nunca ha sido un niño malo; y que, como Sarmiento, no jugaba a la rayuela ni trepaba a los árboles por aprender la lección de Historia -dijo el doctor Pedro Recio.

-Atención, niños. Historia para mañana. Colón descubrió la América. San Martín fue el libertador de medio continente. El Sargento Cabral dijo: «Muero contento, hemos batido al enemigo». El negro Facundo murió por la patria. Rosas fue un tirano. Sarmiento fue un titán del pensamiento.

-¿Qué es titán? -preguntó Sancho.

-Titán es un coso grandote, con un solo ojo en medio de la frente, y un gran palo en la mano que se llama clava, que tiene fuerza como diez hombres juntos…

-¡Cristí! Me gustaría ser titán -dijo Sancho.

-Y a mí -dijo Tirteafuera.

-¡Silencio, niños! En clase se atiende. Apunten ahora la lección de Mineralogía y Geología. El cinc es un metal que sirve para hacer techos de casas. ¿Quién tiene una casa de cinc? ¿Usté? Muy bien, niño. Es usted un niño bueno. El plomo es un metal de color plomizo, así como el cobre es de color cobrizo. El feldespato se encuentra en la provincia de San Luis…

-¿Y el pato? -interrumpió Sancho-. Me parece a mí que primero viene el pato.

-El pato -contestó triunfante el Maestro- ¡es un animal palmípedo! Pero pertenece a la Zoología, y no a la Mineralogía. Palmípedo no es lo mismo que batracio, niños. Batracios son el sapo, la rana y el renacuajo. El reno no es batracio, sino paquidermo; no confundan con   -55-   los rumiantes, como la vaca. El reno se encuentra en una región llamada Renania. En Bosnia y Herzegovina, no hay renos.

-¡Cristí! -exclamó Sancho-. ¡Lo que sabe este hombre!

Sonrió modestamente el Maestro, y dijo:

-Idioma Nacional. El sustantivo. El sustantivo es una parte variable de la oración que sirve para designar personas, cosas, sustancias y sucesos en general, casi siempre con expresión de género y número. Por ejemplo: burro, papá, mamá, menega. El sustantivo puede ser abstracto y concreto. Es abstracto cuando designa cosas que no son perceptibles por los sentidos, o que simplemente no existen, como cualidad, virtud, moralidad, Dios, alma, espíritu, etcétera.

-Bien -interrumpió Sancho-. Éste se está subiendo a matemáticas superiores; y yo ya no lo sigo. Este hombre es una enciclopedia. ¿Me permite, señor, que le haga unas preguntitas de catecismo? Es lo único que me queda hoy día de lo que aprendí en la escuela, así Dios me salve. Dígame, señor, ¿quién es Dios?… Pero… ¿qué pasa?

La cara del Maestro se había descompuesto horrorosamente, reflejando en su simpática y simplona luna la más grande estupefacción acompañada de terror y asco:

-¡Ley 1420! -balbuceaba temblorosamente.

-¿Qué dice? -preguntó Sancho.

-¡Ley 1420! ¡El puesto! ¡Cesante! ¡Fuera de las horas de clase! -sollozaba el pedagogo lastimeramente-. ¡A mí no, a mí no me metan en líos!

-¿Qué quiere decir? -preguntó Sancho.

-Quiere decir, Prominencia, que esa materia, de acuerdo con la ley 1420, pertenece a las cosas que no deben saber los niños y que un niño bien educado no pregunta a sus padres y maestros, a no ser fuera de las horas de clase, a los compañeros solamente.

-¡Cristí! -dijo Sancho-. ¡Entonces esto está todo cambiado! En mi tiempo era lo primero que nos enseñaban en la aldea. ¡Cómo me recitaba yo mi Astete! Recuerdo que el señor cura me premió un día: tercer premio empezando por la cola, con una taleguilla de avellanas,    vanas ellas casi todas, pero magníficas para jugar al choclón. ¡Qué tiempos aquéllos!

«Todo buen cristiano

si quiere llevar

vida en modo humano

y se salvar

debe de saber

y deprender

con devoción

la sacra lección

de la Santa Cruz

de Cristo Nuestra Luz».

Todavía me acuerdo, Doctor, aunque nunca he sabido lo que quiere decir sacra. Y después acababa:

«La ciencia más acabada

es que el hombre bien acabe,

pues al fin de la jornada

aquel que se salva, sabe;

y el que no, no sabe nada…».

-Nous avons changé tout cela -dijo el doctor Pedro Recio.

Enmudeció de repente Sancho y se abismó en sus recuerdos; y como Sancho se abismó en sus recuerdos, todos los Cortesanos consecuentemente se abismaron también en la misma parte. Después de un ratito de meditación, volvió Sancho al Capellán diciendo:

-Mi señor Capellán, ¿puede salvar su alma un Gobernador?

-Puede, y con mucha gloria -contestó el Capellán-, aunque con muchísimo más trabajo. Santos los ha habido, en tiempos pasados.

-¡Bien! -dijo Sancho-. Aquí me parece que éste es un asunto serio, en que me juego nada menos la salvación de mi alma.

Y alzándose del trono, allegose al Maestro sabio, y parcial y cariñoso, le halagó con la mano la papada, preguntándole melosamente:

-Hijito, ¿quién es Dios?

El Maestro lo miró con ojos enloquecidos.

-¿Cuántas personas hay en Dios?

Nada.

-¿Cuántos dioses hay?

Ni por ésas.

-¿Hay un solo Dios?

El Maestro movió los labios desde el fondo de su consternación, como Job, y dijo, con marcado acento correntino.

-Es inútil, señor -dijo-. Ni anque me mate. En eso no le voy a dar dato.

-Magnífico -dijo Sancho-. Aquí vamos a salvar dos almas, la mía y la de este buen amigo. Ahó, Escribano. Llegaos acá y escribid mi sentencia.

Decreto

Considerando:

1. Que los maestros también tienen alma, aunque esté convertida en sustantivo abstracto; y que el presente maestro, escritor de libros para niños, debe de tener un alma como un pan, aunque parezca mentira por la facha;

y 2. Viendo el grandísimo peligro en que la tal alma se encuentra, dado que ni siquiera sabe, a la edad en que estamos, cuántos dioses hay, ni si hay Dios siquiera;

vengo en decretar y decreto, que se le suspenda la paga y salario por espacio de treinta meses, en los cuales ayunará, estudiará catecismo y emprestará de los judíos, los cuales por lo menos tienen Dios, aunque mataron a Jesucristo;

con la conminación formal de que si en ese tiempo no llega a averiguar si hay Dios o no, le será retirado primero por tres años y después a perpetuitate, el permiso y facultad de enseñar a otros, por más Mineralogía que sepa.

                                                                                                                                                                                            Yo, Sancho I, Gobernador

Dicho lo cual, dio Su Excelencia el Gobernador la señal de los festejos, los cuales consistieron aquel día principalmente en el monte Everest y el Gran Lama del Tibet desde el punto de vista éticosocial, acompañados de ligeras incursiones enemigas en todo el frente occidental y duelos de artillería que fueron rechazados con graves pérdidas.

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