12. Los Cortesanos

cretinos

Apenas hubo el rubicundo Apolo asomado tímidamente desde el Orco la parte superior de su cuerpo astral, cuando arrancaron al nuevo Gobernador de las haraganas lanas y lo llevaron a la Sala de las Resoluciones Perentorias para despachar los asuntos del día. Agatas se hubo sentado en su trono, cuando se abrieron de par en par los portalones y apareció el Capellán Mayor del Reino trayendo de las manos sendamente a dos jóvenes varones bien vestidos y muy parecidos que se dirían gemelos, a no ser que uno tenía cara de angelito, y el otro un rostro atravesado de facineroso nato, los cuales se plantaron, perniabiertos, a los flancos del Capellán.

Después de lo cual entablose entre Capellán y Gobernador el diálogo siguiente

SANCHO.-  ¿Qué es esto?

CAPELLÁN.-  Éste, señor Gobernador, es un joven cretino de buena familia que trae una recomendación para conseguir un puesto público bien retribuido y poca complicación y laburo, como aquel italiano que puso un aviso en el Mattino d’Italia, que decía:

«Si cerca impiego:

      Poco da fare

      molto tempo per farlo

      ben pagato».

 

SANCHO.-  ¿Y usté que me aconseja?

CAPELLÁN.-  Le aconsejo que no le dé nada el puesto y que lo saque a patadas.

SANCHO.-  ¿Y el otro?

CAPELLÁN.-  El otro es un mozo haragán, vicioso mal educado, que no tiene oficio ni ganas de trabajar, ni sabe nada de nada, aunque aprendió el bachillerato para mal suyo, que es sobrino del caudillo de mayor arrastre en la zona, y, en consecuencia, pide a Su Resplendencia lo nombre Diputado, Rector de la Facultad de Filosofía, Plagiario Autorizado de Libros, Director General de Rentas o cualquier otro cargo que no baje de 15000 escudos mensuales.

SANCHO.-  ¿Y usté qué aconseja?

CAPELLÁN.-  Que lo moche de un garrotazo.

SANCHO.-  ¿Y por qué?

CAPELLÁN.-  Porque de acuerdo al inciso 2 del artículo 45 de la ley 407879 las recomendaciones están abolidas; y el inciso 3 establece que los puestos públicos han de adjudicarse sin excepción a jóvenes meritorios, preparados, de buena sangre, íntegros, trabajadores, honrados y con certificado de buena conducta si son casados…

SANCHO.-  ¿Si son casados?

CAPELLÁN.-  Con certificado de buena conducta del comisario, la portera y el párroco y, si son casados, también de la mujer y la madre política.

Sonrió Sancho mostrando en su ancha y honradota cara las más vivas señas de aprobación, por lo cual todos los Cortesanos mostraron en sus propias caras las más vivas señas de aprobación. Cesó Sancho de mostrar aprobación y en consecuencia cesaron también todos los Cortesanos de mostrar aprobación. Frunció el ceño Sancho con muestras de perpleja duda y todos los Cortesanos lo mismo se fruncieron, dudaron y se perplejaron. Entonces dijo Sancho:

-Todo eso me parece bien y legalmente establecido. Pero una duda me inquieta: ¿qué haremos con todos estos Cortesanos que me rodean? Pues yo recuerdo que todos llegaron hasta aquí a fuerza de recomendaciones, por lo cual no dudo que todos son cretinos de buena familia y sobrinos de caudillos de mayor arrastre.

Temblaron al oír esto todos los Cortesanos, esta vez sin mandato de nadie. Pero el Capellán contestó muy templado:

-Se debe fletar una draga y trasladarlos en masa a las Orcadas del Sur, con bastimento de pan para dos años y toda clase de implementos agrícolas, mineros y ganaderos con el fin de fundar allí una colonia autóctona.

-Me parece demasiado inhumano… -exclamó Sancho plañideramente.

-Señor Gobernador, hay que dar el tajo seco. Si empezamos con distingos, no se hace nada; sin contar que el trabajo y la naturaleza les serán saludables, y remediarán en ellos los estragos de lo que llaman buena vida.

Miró Sancho su corte temblona, y vio que en efecto todos ellos tenían fachas de poca salud: unos asténicos con gafas negras, otros pícnicos de abultados calzones, otros displásticos de ambiguo sexo y otros galanes y buenos mozos de idiota continente; por lo cual tomando su coraje a dos manos hizo invadir inmediatamente la sala por los granaderos y cumplirse a la letra el severo dictamen de Torquemada, que así se llamaba el Prebendado. Después de lo cual entregó todos los puestos del Reino a jóvenes meritorios, preparados, de limpia sangre, íntegros, trabajadores, honrados y con certificado de buena conducta.

Pero aconteció que a medida que la Ínsula empezó a prosperar como primavera, y las cosas públicas a marchar derecho y fino como un reloj bien aceitado, la salud del Gobernador empezó a declinar visiblemente y su actividad y su energía habituales ahogarse en una especie de lenta melancolía. Por lo cual un día mandó llamar al Capellán y le dijo:

-Está bien que estos muchachos trabajan como unos bárbaros y mantienen toda mi curia en un tejemaneje de telar automático; pero no basta. El pueblo está contento; pero a mí se me va la vida.

-¿Y por qué causa?

-Cuando estaban los otros Cortesanos, yo decía un chiste y ellos se reían. El chiste era malo; ahora me he convencido que no sirvo para chistes; pero ellos me lo reían igual. Lo mismo cuando yo hacía sentencias, versitos, dichos célebres, aforismos y apostemas; ahora me he convencido que era pura viruta, pero ellos me los celebraban, y yo me animaba y me esforzaba al trabajo. Porque   -113-   una cosa es el trabajo y otra cosa es la alegría. ¿Y qué vale el trabajo sin alegría? O como dice Raumsol, ¿qué vale la eficiencia sin la redundancia?

Miró Sancho al Capellán para ver el efecto de su apotegma, pero el Capellán se quedó impasible, más seco que un bacalao muerto; por lo cual aumentó al colmo la melancolía de Sancho, que se puso a rogarle con voz plañidera y lamentable que le devolviese sus viejos Cortesanos.

Ablandose el Capellán al cabo y le permitió el retorno de sólo uno; y aun eso con grandísimo temor; pero Sancho ordenó de inmediato que le trajesen tres Cortesanos viejos, uno para el diario, otro para el disanto y el tercero de suplente, a los cuales nombró Concejal, Interventor y Ministro de Nutrición y Educación Pública para tenerlos siempre a su lado. Viendo lo cual el Capellán movió la cabeza diciendo filosóficamente:

-He aquí cómo hasta el cretino tiene su función en el mundo, y no hay criatura de Dios que no tenga su utilidad sobre la tierra. Y nadie puede ser demasiado perfecto, sino Dios sólo; porque al fin y al cabo -concluyó el Capellán sentenciosamente, conocedor de las cosas humanas- ¿qué viene a ser la virtud, al menos esa ordinaria, sino tener un poco de gobierno de los propios vicios? Entonces ordenó el Gobernador resucitado que se hiciesen en toda su Ínsula grandes festejos, consistentes principalmente en corridas en pelo de tauras y toros, golpes y planteos militares, iluminación de frentes populares, calesitas de cambios de gobierno, cargas de caballería y descargas de artillería , carnavales ecuestres, payasadas olímpicas, y una elección general de diputados con oratoria política por radio en todas las esquinas y carteles alusivos al acto.

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