18. El Taita Oficial de la Historia

Ilustración

Apenas hubo el rubicundo Apolo, detrás de su gris cortina sucia, porque era día nublado, inaugurado solemnemente una nueva jornada de trabajo y pejiguera, cuando inauguró el nuevo Gobernador la sesión del día con un interminable bostezo, debido a no haber dormido bien la noche antes, al mismo tiempo que el Ujier Mayor abría la puerta del Salón de los Exquisitos Experimentos, clamando con voz estentórea:

-¡Esplendencia!

Pide audiencia,

El Taita Magno de la Historia Patria.

-¡Magnífico! Justamente lo ando necesitando -exclamó Sancho.

Después de lo cual ingresó a paso de procesión, acompañado de Pedro Recio, un voluminoso señor de aspecto de dromedario, ataviado con una túnica majestuosa y marmórea de color azul y blanco, con una corona de laurel sobre la cabeza y agitando en la diestra una pluma de ganso y en la siniestra una rama de olivo. Despavoriose Sancho al verlo, creyendo que era una estatua  que caminaba; pero se acordó en seguida que las estatuas están siempre desnudas y éste estaba vestido; y era varón además, al menos por la pinta, cuando las estatuas son, por lo general, mujeres.

-¡Esplendencia! -anunció Pedro Recio-. He aquí el Director Oficial de la Historia Patria, por mal nombre el Taita Magno, que viene a impartir a Su Excelsidad los conocimientos analíticos y fáusticos de los fastos y anales del pasado histórico, que sean indispensables a un gobernante, desde el momento que hasta el presente Su Excelsitud ha gobernado a puro ojo de buen cubero y golpe de buen sentido, pero sin compenetrarse del todo con la tradición liberal que constituye la médula de la vida institucional desta excelsa Ínsula.

-¡Estoy presto! -exclamó Sancho-, pero hagamén el favor de hacer un buen resumen y las cosas como la palma de la mano, porque ya saben que Dios no me hizo varón demasiado analítico.

-Será servido Su Excelsitud -dijo con voz arrastrada el Padre de la Historia; y desplegando en la punta de un palo un gran cartelón que le pasó un ayudante, dijo:

-«Éste es el más grande hombre civil de la tierra de los insulanos».

Pero el Gobernador en vez de mirar la efigie, que era un hombrecito de negro, carita morena puro ojos, y barbilla afilada, se le había quedado mirando con curiosidad extremada al prominente Depositario de la Historia, el cual repitió con la misma palumbina tesitura:

-«Éste es el míos grande hombre civil de la tierra de los insulanos…». ¡Repita!

-Éste es el más grande hombre civil de los insulanos -repitió Sancho sin dejar de mirarlo distraído.

-¡Mal! ¡De la tierra de los insulanos! ¡Falta la tierra! ¡Repita!

-¿Y no es lo mismo? -preguntó Sancho con descaro.

-¡No, señor! No queda tan redondeado. ¡Repita como le he dicho antes!

Repitió Sancho dócilmente, al mismo tiempo que los ojos se le hacían chiquitos, chiquitos, y luego preguntó con dulzura:

-¿Y qué hizo este hombre civil?

Ilustración

-Implantó las instituciones democráticas, cruzó con carneros del Yorkshire a los carneros insulanos, fundó la Sociedad de Beneficencia y reformó el clero.

-¡Magnífico! -dijo Sancho-; esto último es lo más difícil, según colijo por el carácter del Capellán del Reino, que es un verdadero chinche, por no decir un chancho -y por suerte no está ahora presente-. ¡Adelante, mi señor Director de Historia!

-¿Adelante o atrás?

-¡Adelante!

-No, señor -retrucó el Taita Magno con aplomo-. La Historia se estudia para atrás. Ahora hay que ver el Precursor.

Desplegó el sabio otro gran cartelón con una cabeza redonda, de labios gruesos y pelo mota, y dijo:

-«Éste es el hermano mayor y primigenio. Éste fue el numen de la Revolución, la fuerza dinámica y demónica del parto de los tiempos nuevos».

-¿Fue un médico? -preguntó Sancho.

-En ningún modo -dijo el otro-. Absolutamente. Fue legisperito y jurisconsulto.

-¡Ah! -dijo Sancho-. Se me hacía medio que tenía cara de médico. ¡Como usté dijo eso del cardumen…!

-¡El numen he dicho!

-Y bueno… ¿No es un hueso, por si acaso?

-¡Esplendencia! Usté confunde con el ciclamen.

-Tu abuela -dijo Sancho un poco humillado-. Yo no confundo nada; y eso que ha dicho, ni lo conozco. Usté es el que está confundiendo el dictamen con el volumen -si quiere hacerme pasar por un hombre mayor a ese cara de mulato-. A mí las caras no me engañan, señor, por más que no sepa historia.

-Era mulato -dijo el sabio con paciencia- pero tenía en el corazón la gran llamarada de la libertad ardiente y vivificadora.

-Por eso está tostao -dijo Sancho.

-Y por eso se dijo de él -concluyó el Taita Magno-: «Era menester tanto fuego para calentar tant’agua».

-¿Y era mayor o menor que el de antes?

-¡Iguales! -dijo el catedrático.

Y sin más alegación, desplegó un tercer cartelón que ostentaba un hombre con cara de vieja, de ojos furiosos y gran belfo caído, mientras Sancho murmuraba: «Mellizos serían entonces».

-«Éste es el tercer miembro del binomio. Éste -entonó el catedrático- fue el plasma de la reorganización paidológica del país. Su empuje era de león, pero su mirada era de águila, mas tenía en sus arrestos el esplendor prístino de la piedra nativa y montañesa».

-La pucha -dijo Sancho-. ¿Entonces fue el mayor de todos o no? ¿O eran trillizos?

-Eso no interesa -dijo el sabio-. El primero fue el más grande civil; pero éste fue un cíclope.

-Pero ¿quién era el mayor de los tres? -dijo Sancho dando de la mano con verdadera impaciencia-. ¡Eso es lo que yo quiero saber, sin tantas y tantas vueltas!

-Nadie es mayor que otro en el templo de la inmortalidad -dictaminó el catedrático-. Cada uno de los tres es mayor en su línea, pero todos son infinitos en su punto.

-Ahora quedamos que son iguales -dijo Sancho sottovoce al doctor Pedro Recio, volteándose todo en su trono como una perinola-. Pero sin embargo, al principio dijo que el primero era el más grande. ¡Oh, Doctor de mi alma, no entiendo nada! ¿De dónde ha sacado este figuro?

-¡Es el Director Absoluto de la Historia Oficial, Esplendencia, no divague, por favor, Esplendencia! Es un ser utilísimo. Antiguamente la Historia eran puras discusiones. Hemos acabado de un golpe con ese perdedero de tiempo. Antes usté quería saber algo del pasado, se mataba investigando. Ahora todo está fijado por decreto y texto único. Vamos a ver ¿quién inventó la pólvora?

-Yo no fui -dijo Sancho-; ni éste que está aquí delante, hablando con la dactilógrafa, me parece que tampoco. Dicen que fue un fraile antiguo, llamado Chorroarín o algo ansina.

-Eso está muy disputado -dijo Pedro Recio- y por ahí se pierde tiempo. «Nous avons changé tout cela». Usté elige cuál le gusta más que haya inventado la pólvora, da un decreto nombrándolo inventor de la pólvora,   -162-   pone una placa en el Polvorín Mayor de la Ínsula, y después llama al Taita Magno que se encarga de buscar los documentos antiguos con los cuales interpretados compone a costa del Gobierno una Historia en catorce tomos, de donde infaliblemente sale que el inventor de la pólvora fue el que usté quiso primero que fuese. Y dígame si esto no es simplificar las cosas.

-Pero eso debe costar mucha plata -dijo Sancho.

-Cuesta indudablemente -dijo Recio-. Le damos 300000 escudos mensuales al Taita para mantener todo el tinglado de Academias, Sociedades Científicas, Publicaciones, Editoriales, Imprentas Oficiales, y etcéteras, que son forzosas para mantener el tinglado en pie. Pero la tranquilidad que de allí resulta, la unidad nacional de todas las mentes diciendo lo mismo, y la calina de la conciencia cívica, pase lo que pase arriba en el gobierno, Esplendencia, es una cosa que no se paga con nada.

-¡Comprendido! -salió al fin la voz de Sancho, que había estado con los ojos cerrados como dormido desde el fondo de una remota lejanía. Y volvió a cerrar los ojos por largo rato, hasta que el fantasmón azul y blanco preguntó con cierto desgaire:

-¿Puedo retirarme?

-¡No, señor! -dijo Sancho, volviendo a la vida real con una extraña inquietud en los ojos-. Debe hacerme antes un peritaje histórico. Para eso lo he llamado. Aquí tengo esta Biblia que me han mandado y he estado leyendo anoche. No sé si es católica o protestante.

-¿Usted quiere nada menos que una autenticación científica de un monumento literario perteneciente al primitivismo místico?

-No sé decirle. Yo quiero saber antes de una hora si puedo leer ese libro con confianza, o si al contrario me estoy envenenando a in-sabiendas. Nada más que eso.

-All right, Esplendencia -dijo el estatuo-. Ahora verá Su Excelsitud la eficiencia de nuestros métodos.

Pegó un largo silbido, desos de llamar a los pichichos, y por arte de magia y carnestolendas surgió inmediatamente en torno un numeroso equipo de historiógrafos, historiófilos e historiórragos, armados de fotomáquinas,  ficheros, archivos, legajos, lupas, microscopios, listas, estadísticas, los cuales abarajaron al vuelo el libro que el Taita les tiró con ademán olímpico; al cual en un instante hicieron pedazos, sometiéndolo a toda clase de tests y constataciones, fotografiando todas las páginas, de frente, de canto y con rayos X, mascando algunas hojas, y otras probando con reactivos químicos, cosas que Sancho contempló no sin curiosidad con una sonrisita malagüera que le iba ensanchando a compás la carota guasona, hasta que preguntó despacito:

-¿Ya está?

-¡Momento! -dictó el Taita Máximo-. Carta telegráfica al Comisario Santiago preguntando si tienen prontuariado un señor Antonius, que debe ser rumano, cuya firma auténtica está en la contratapa; carta certificada al Director de Religiones Comparadas, don Benigno Richi, en suplicancia de unos datos de orden teológico que no son de mi dominio especializado. Apenas lleguen las respuestas, elevarase el informe técnico en forma a ese Superior Resorte.

Llegaron en efecto como un rayo, puesto que toda aquella máquina estaba montada con sumo esmero, y al leerlas el Taita Magno rasgó sus vestiduras -es un decir- y elevó su voz tonante llena de profundo disgusto y asco, diciendo:

-Esplendencia, ha sido usted víctima inconsciente de una falsificación audaz, y lo que es peor, forjada por extranjeros: de la Sociedad Tacuara quiera Dios no sean; lo cual no me extraña nada, viviendo Su Esplendencia fuera del contacto de los medios científicos y del ambiente intelectual de l’Ínsula…

-¿Era protestante no más entonces?

-Yo no hago cuestión de religiones, Esplendencia. Lo que le puedo asegurar es que, en el actual estado de la Ciencia Olográfica, el autor auténtico de la Biblia sería un tal Jesucristo en colaboración con un tal Paulo de Tarso -véase Enciclopedia Británica, edición 1887-; y aquí en esta contratapa ¿qué vemos? La firma de dos intrusos. Uno se llama Imprimi Potest, y el otro es un Antonius Rocca, Viec.-ggen Bno-Aur.

Dijo, y tirando por el suelo las hojas de la rota Biblia empezó a pisotearla furiosamente; viendo lo cual, descendió Sancho pausadamente las gradas del trono y boleando la tranca que como cetro usaba, le sacudió tan recio garrotazo al Taita Magno de la Historia Patria entre el pescuezo y el hombro, que lo tiró patas arriba al suelo y ¡válgale Dios que no lo mata!; con lo cual, como el estatuo diera una voltereta en el aire para caer de cabeza, se le bajó la túnica azul y blanca, y se vio que el infeliz estaba en calzoncillos sucios.

Subió Sancho de nuevo al trono, mientras el Capellán recién llegado -de dormilón que era- trataba de alzar al pobre catedrático; y apoyándose en la tranca dirigió a su corte aterrorizada la siguiente arenga, que fue registrada cuidadosamente por el Escribano Real para memoria de las generaciones venturas.

-Señores de mi Consejo, perdonen esta necesaria violencia, no pude contenerme al ver un hombre, sea quien sea, pisar la Sagrada Escritura. Ya empecé a sospechar que era falsa su ciencia, o por lo menos a mí no me servía de nada, al ver que empezaba con palabras difíciles como cardumen y cerumen y querernos hacer tragar que tres hombres son más grandes cada uno y sin embargo son iguales entre sí, como si fueran la Trinidad Divina. Pero cuando caí del burro, y le vi patente la hilacha, fue en cuantito reparé el cómo quería averiguar que la Biblia, era verdadera, sin leerla; y cómo le falló toda su aparatería.

Y volviéndose con sarcasmo al catedrático, que se rascaba la matadura y sudaba a mares, concluyó el ínclito Rústico y Caudillo.

-¿No viste la estampa de Nuestra Señora, mastuerzo? ¿Dónde has visto que una Biblia protestante tenga la estampa de Nuestra Señora? ¿No viste la viñeta del Papa Pío X, el que puso la comunión frecuente? ¿Y no viste unas partes impresas con letra tumbada, que son los Evangelios de las Misas de los Domingos, como te debió enseñar tu madre, por si acaso has tenido madre, desgraciado, y has ido a Misa una vez siquiera en tu vida? Póngale los grillos, Alférez, mientras tanto que yo procedo a dictar el correspondiente

Decreto

Considerando la experiencia decisiva que está a la vista, el Gobernador de esta secular Ínsula decreta:

1. Suprímase el cargo de Director Oficial de la Historia Patria, lo mismo que todas las Academias de Historia a sueldo del Gobierno, destinándose ese dinero a Hospital es para pobres y publicación de libros de doctrina cristiana a arbitrio de nuestro Limosnero Mayor y Teólogo Letrado, con control del ministro de Pinedo.

2. Rebájase de escalafón al presente funcionario, nombrándolo Redactor Jefe de Discursos Patrióticos para Maestras Normales, con prohibición de meterse en cosas de religión, sacando la invocación al Todopoderoso al principio y la invocación a la Providencia al fin; con la mención obligatoria de la bandera, el escudo y el himno; rebajándole el sueldo de 300000 escudos a una suma cuyo máximum se fija en tres vigilantes tragados…

Dicho, copiado y firmado lo cual, dio el insigne Gobernador la señal de los festejos, los cuales consistieron ese día principalmente en una confraternidad panamericana a base de justicia, instrucción pública y nueva democracia, con acompañamiento de globos cautivos y bolsas de agua caliente desinfladas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s