19 bis. Cooperador Primero

Scan

Apenas hubo el augusto Verdugo de la Sombra, desde los altos ventanales del Este, desperreligatizado la irregular y roñosa superficie de la Gran Capital del Sud, cuando se levantó Sancho y acudió solícito a la Sala de las Decisiones Provisionales, para resolver los asuntos del día. Apenas los pajes le dieron aguamanos, dos sángüiches y una copa de grapa, cuando le introdujeron dos reos que se miraban con furor, uno vestido de un guardapolvo inmaculado y otro con uniforme de tenedor de libros; y detrás de ellos aparecieron los testigos, a saber: una señora gorda, un petizo flaco con inequívoca traza de gallego y un chico vestido de marinerito. Los cinco se alinearon al tresbolillo enfrente de la tarima. El Alguacil Mayor informó:

-Señor, hemos agarrado a estos dos interfectos peleando a piña seca delante de una escuela.

-Y a mí ¿qué me cuentan? -dijo el Gobernador.

-Es que uno es el Director de la Escuela y el otro el Presidente de la Cooperadora.

-Eso es otra cosa -dijo Sancho-. Las escuelas en mi Reino tienen que ir como una seda; y si el Director se pelea a piña seca con el Presidente, ¿qué hará el portero?

-Ezo no me diga uztez a mí -dijo el Testigo Flaco- que zoy el Portero y cumplo con mi obligazión, que de no todoz diré lo mizmo. Cada uno en su puezto y razón.

-¿Por qué riñen ustedes? -interrogó Sancho.

-Excelencia, se me desacató en una reunión de Padres.

-Excelencia, hace mucho que me está robando.

-¿Robando? Los puestos de Cooperadores son gratis y ad honorem y sine cura lucrando.

-¡Es un ladrón! ¡Es un abusador y un profesor taxímetro!

-A vos se te han subido los humos y querés meterte en todo, farabute.

-¡Paz! -dijo el Alguacil, dándole un mojicón a cada uno-. ¡Que se están ustés desacatando al Gobernador!

-A mí que me desacaten todo lo que quieran, menos las calzas, o sea pantalones -dijo Sancho-, con tal que se expliquen. ¿Qué pasa?

-Señor, las Cooperativas son para ayudar a la escuela -dijo la señora gorda agarrando al marinerito.

-¿Quién es usté?

-Soy una madre de familia honrada, pero pobre.

-Ya lo veo. Pero ¿cómo se llama?

-¡Tremebunda! -dijo el Vicedirector.

-¡Tremena me llamo, que es un santo muy grande, el 17 de agosto; y al primero que me llame Tremebunda, lo hago polvo!

-¡Tremebunda se llama! -dijeron todos los testigos y la mitad de los Cortesanos. Viendo lo cual, el Ministro de Educación Democrática y Gimnasia tuvo que tocar la campana y sujetar a la señora. Por lo cual, Sancho se alzó y dando un taconazo tremendo en la tarima puso orden; porque los otros dos se habían agarrado de nuevo a piñas.

-Adelántese usted, señora, que me va a informar de todo; póngase ahí, entre esos dos soldados -agregó cuando vio que se le arrimaba demasiado.

-Pues señor -dijo la gorda-, somos los Cooperadores, este, digo, y tuvimos una reunión, y éste es hijo mío y es el primero de la clase, y, este, digo, no sabe nada; y se lo dijimos al señor, este, digo, y él dijo, este, digo, que los Cooperadores están para traer plata y el señor aquí, este, digo, dijo que la plata se sabía donde iba, y el señor allá, este, digo, le dijo que era un chancho, y el resultado, este, digo, fue que se armó la gorda, y los dos se sacaron, este, digo, los trapitos a la cara, como si dijeramo. Aquí entré yo…

-¡Mentirosa!

-¡Mentirosa! -gritaron los dos acusados.

-Queda en uso de la palabra el Señor Subdirector de la Escuela Teniente Coronel Pedro Calderón de la Barca -dijo Sancho-. Asujetelón. Traiga un vaso de agua fría, Alguacil, y se lo va echando despacito por el cogote abajo hasta que pueda usar de la palabra. Hágalo sentar, vamos.

Sentose el Subdirector y sentose Sancho y esto viendo sentáronse también los Cortesanos, menos el Alguacil, el Capellán, y uno que tenía almorranas.

-Señor Gobernador -dijo el Vicedirector-, con licencia de Su Señoría Ilustrísima y mejorando todos los presentes, las Cooperativas se fundaron para ayudar a las escuelas y a sus pobres Directores, moral y materialmente, en un franco espíritu de democracia, conforme a la gloriosa tradición liberal de esta Ínsula…

-¡Abreviar! -dijo Sancho-. Para eso las fundé yo en mi primer gobierno; pero me parece que en el tiempo que me derrocaron los milicos del Brasil y el Uruguay y estuve en cana acusado de traición a la patria, esto se ha descompuesto bastante…

-¡Este señor y esta señora se me meten en todo! -gritó el Subdirector-. ¡En vez de aflojar la menega para comprar máquinas de escribir!

-Eso está mal. Buena es la democracia pero no tanto. Cada uno en su puesto y razón, como dijo no sé quién -aprobó el Gobernador.

-¿Máquinaz de ezeribir? ¡Quiá! -dijo el Portero-. De cazta le viene al galgo el ser rabilargo.

-Compró seis máquinas y me quería hacer firmar por catorce -gritó el Cooperador.

-¡Lo que vos querías era quedarte con la mitad de la colecta!

-¡Mentira! ¡Es que él me debe una docena de moraditos, Señor Gobernador!

-Puez trabaja. Atiende su conzultorio. Ez dentizta.

-¿Qué son moraditos? -preguntó Sancho, y todos se rieron; porque el buen Sancho hacía años que no veía un billete de mil.

-¿De qué te los debo, vamos a ver? -decía el uno-. ¿Querés que te saque todos tus chanchullos a la cara? -vociferaba el otro.

-¡Portero! -dijo Sancho al petizo-. ¡Vaya a buscarme al Director!

-¡El Directó! ¡Quiá! -dijo el Portero-. ¿Y dónde eztá el Directó!

-¡En la escuela! -le gritó Sancho-. Tiene que estar.

-Válgame el Zeñó Zantiago de Compoztela y la Virgen de laz Alpujarraz -dijo el otro-, que haze treze añoz que zoy portero y haze un año que no falto un zolo día y el Directó debe de entra por la ventana, puez por la puerta maz de trez vezez no ha dentrao.

-¿Pues qué hace el Director?

-Puez trabaja. Atiende su conzultorio. Ez dentizta.

-¿Dentista y además Director?

-Oh, y profezó de pedagogía; y catedrático de Eztética y Ética en la Univerzidá y Directó del Laboratorio de Pzicología del Inztituto de Equilibrazión Burocrática de la Enzeñanza de Taradoz Mayorez, ademáz de la Azezoría Generá para la enzeñanza del Latín Clázico.

-¡No! -dijo Sancho-. No puede trabajar tanto. Ni yo sería capaz de atender a todo eso, y eso que soy Gobernador; y a tarado y eso, nadie me gana.

-Trabajo y dezcanzo, zeñó. El conzultorio ez trabajo, y lo otro ez distraizión. Como tiene tan güena labia, dar una clazezita sobre cualquier material que uzté le ponga alante, digamoz Política Educazional de loz Eztadoz Unío, pa él ez nada; ze diztrae maz bien. ¡Y poco que lo alaban loz alumno! ¡Pico de oro! Da una clazona dézaz, mira el reló, faltan diez minuto, zale a loz piquez, toma zu Ztudebáquero, zalta a la Univerzidá, ze manda otra -como dizen uztez- mira el reló, raja -como dizen uztez-, ze manda otra en el Iztituto, habla por teléfono con la direzión, todo anda bien, yo eztoy ayí, zalta al conzultorio… Profezó tazímetro, llamamoz a eztoz.

-¡Es una infamia! -gritó el Subdirector-. ¿Qué vamos a hacer, Señoría Ilustrísima, con los sueldos misérrimos que nos da el Estado para mantener a la familia?

-¿Ah, pero cobran sueldos? -preguntó Sancho-. ¿Todos esos sueldos?

-¿Y tus coimas? -vociferó el Cooperador.

-¡Familia! ¡Quiá! -dijo el Portero.

-¡A vos te voy a hacer saltar en cuanto salgamos de aquí! -dijo el Pedagogo Didacta-. ¡Traidor! ¡Felón! ¡Soberbio!

-Está por ver si saldrá de aquí, y en qué forma -dijo Sancho-; y le hizo un encargo en voz baja al Alguacil. Y ahora, tráigame al Consejo Nacional de Educación. ¡Al instante! ¡Todo entero!

-Aquí va a pasar algo grave -dijo la señora Tremebunda- si a mí no me dejan hablar. Señor Gobernador…

-¡Todo a su tiempo y los nabos en Adviento, y cállese -dijo el jerarca- hasta que vengan los responsables! Para emplear bien el tiempo, entretanto, el señor Capellán aquí nos hará un sermoncito sobre la sacralidad de la enseñanza, la sacralidad del niño, la sacralidad de la Verdad y la sacralidad del sacrenún que me ha puesto un cascote encima del asiento -dijo Sancho- levantándose de golpe y torcido y levantando del asiento un objeto que resultó ser una tremenda pistola.

-¡Señor! -gritó el Alguacil-. ¡El encargo que me hizo; y Vuescencia dijo que se lo allegase sin verse!

-Ahora la han visto todos, maldita sea -dijo Sancho; y disparó dos tiros al aire; a cuyo badulacoso estruendo todos los circunstantes, alborotados y perplejos por la entrada tumultuosa del Consejo de Educación en pleno, cayeron en ominoso silencio.

-Acabáramos -dijo Sancho-. Ahora el señor Capellán nos endilgará su discursito sobre la enseñanza.

-¡De todo esto tiene la culpa el Monopolio de la Enseñanza! -principió el prebendado…

No lo hubiera dicho. El director y to dos los Consejeros, más parte del público, comenzaron a gritar:

-Laica sí, curas no. Laicismo es igualdad. Curas son desigualdad. ¡Democracia, democracia, democracia!

El clérigo se abatató y escabulléndose de su sitial fue y se dio un cabezazo tremendo en la puerta de salida, que estaba cerrada; y Sancho disparó dos tiros más; después de lo cual sacó el cargador, miró y dijo: «No me van a alcanzar las balas». El aire estaba lleno de un humo amarillento y pegajoso. Mas la Tremebunda se liberó de un sacudón de los milicos que la sujetaban y subiendo   -178-   a la tarima los hizo caer otra vez en ominoso silencio. Bastaba verla.

-Señor Gobernador -dijo-, este, digo, vamos al grano. Vusía está complicando el caso porque le da por arreglar todo de una vez. Aquí nosotros hicimos una coleta para comprar catorce máquinas de escribir para el aula de dactilogarcía porque tiene tres máquinas y cien alumnos; y mi hijo aquí es el primero de la clase; y no ha tocado una máquina en su vida; y está en sexto grado y estamos a fin de curso, y este, digo…

-Un momento. Esos gastos ¿no los debe afrontar el Ministerio de Educación?

-Sí. Pero no los afruenta. Tenemos que cinchar nosotros. Y entonces ¿no podemos ver un poco, este, digo, lo que se hacen los mango?

-Adelante -dijo Sancho, tomando una nota…

-Juntamo la plata, se la dimo al Presidente, el Presidente al Vicedirector, compró sei máquina, hizo firmar por catorce y entre lo dó se repartieron el resto, a medias, como las medias París, este, digo. Eso es todo.

-¡Infame calumnia! -gritó el Presidente-. ¡Hace dos años no toco un mango!

-Señor Gobernador: lo que pasa es que el otro es más vivo; y a promesas lo ha mantenido -dijo la gorda.

-¡Infame calumnia! -gritó el otro-. ¡Éste quería aumentarse al sesenta por ciento! ¡Que lo diga el Inspector!

-¡Paz! -gritó Sancho-. Aquí el Inspector soy yo; y esto lo afruento yo solo y lo arreglo yo, ¡hip!, en un periquete. ¡Hip!

Miraron todos los presentes al Gobernador con sorpresa y vieron que su rechoncho y abundoso -aunque feo- rostro estaba cubierto de cristalino aljófar, vulgo lágrimas; y los que estaban cerca le oyeron pronunciar estas palabras:

-¡Mi Sanchica y mi Teresica, que van a la escuela; y mi Fernandico y mi Rosalía y mi Roger y mi Simplicio y mi Alonsito y mi Bebito, que van a tener que ir un día!

Después de lo cual, secándose gravemente el rostro con los dos puños, mandó a los tabeliones preparasen papel y pluma y después, volviéndose al público, ordenó:

  -179-

-Usté, señora, usté, Portero y el chico, los tres aquí, a mi lado. El Director ahí enfrente; al lado, el otro; ¡en fila, de frente! Ahora el Consejo por orden de cargos, Préside, Vicepréside, Secretario, Tesorero, Asesor Pedagógico, Asesor Didáctico, Asesor Paidológico, Asesor Técnico, Asesor Ad Casum, Asesor Administrativo, Asesor Extraordinario, Asesor Religioso… y los demás asesores en número de dieciséis… los vocales por orden de edad… el Profesor de Religión. ¡Listos! Firmes y no moverse. Todos los demás de mi Corte a los dos costados contra la pared. ¡Rápido, vamos! ¡Formación, mar!

Y levantando deliberadamente la pistola lo bajó de un tiro al Vicedirector; con lo cual los otros salieron a los gritos hacia el porticado, pero antes de alcanzarlo, como tiro al pichón, uno a uno los fue bajando Sancho, sobre todo que de enloquecidos corrían al sejo y unos a otros se contrachocaban y a veces dos pájaros rodaban de un tiro. A cuya espantosa y sangrienta vista todos los Cortesanos cayeron de rodillas, implorando por sus vidas. Después de lo cual, el Tiránico Dictador, dictó el siguiente

Decreto

Considerando:

Que Jesucristo dijo que el que hace negocio con los niños menores y mayores de edad mejor sería que lo mataran cuanto antes; que la escuela debe ser no sagrada, como dicen las maestritas, sino decente; que por ésta que he visto se me hace una pinta general y omnímoda de cómo andarán las otras, y que eso no lo voy a tolerar y aunque me cueste el trono segunda vez, por ser padre de familia contribuyente, aunque indigno, y el Primer Cooperador de este Reino… y todo lo demás que aquí el Secretario querrá añadir, tomado de la Sagrada Escritura, laBiblia protestante y las obras de José Ingenieros, vengo en decretar y decreto:

1. Se cierran las escuelas del país, que total faltan dos meses; y se perdonan los exámenes a todos los chicos;

2. Se da de baja a todos los Asesores jurídicos y otras yerbas de la Educación, sustituyéndose como Asesores por tiempo provisorio indeterminado, el Gobernador aquí, es decir, Yo; este Portero hispánico; y este chiquillo de marinero;

3. Se hace un proceso al Ministro de Educación Democrática y Gimnasia Física, a cargo de la señora aquí, Tremebunda -perdón, como se llame, señora, no la quise ofender-, a ver qué culpa ha tenido el Ministro en todos estos sinfundios; y como haya tenido culpa, pasa a mi fuero; es decir, a este pistolón alemán;

4. Se suspende la paga a todos los maestros, profesores y catedráticos de la Ínsula; y cuando un maestro presente ante nuestro alto tribunal unos discípulos que sepan leer, escrebir y contar, pero bien, ¿eh? se le pagará mil escudos por cabeza rata quantitate; ídem, ídem, un profesor que presente bachilleres que sepan realmente bachillerear, cinco mil escudos ídem, ídem; un catedrático que presente médicos que sepan pleitear y abogados que sepan curar o viceversa, cinco mil escudos por pata o séase veinte mil por cabeza; en tanto que se reorganiza entre nosotros, de lo cual me encargo yo, la educación democrática.

Después de lo cual iba a dar el feliz Gobernador la señal de los festejos, pero resulta que todos los Cortesanos se las habían guillado y en la sala quedaban sólo lastimosos cuerpos extendidos. Visto lo cual, hizo venir la cuadrilla de los monos sabios y ordenó los llevasen con cuidado a la cárcel, y pusiesen a cada uno en una cama bien cómoda, pero a doble cerrojo. Después de lo cual, dijo al Portero y a la Tremebunda, que estaban tiritando a su lado:

-Nunca jamás hice un escarmiento como hoy, en mi vida, y por eso me fue mal en mi primer gobierno. No se aflijan mucho, les tiré con balas de hacer dormir, estas pistolas Schlafenschutz que he hecho venir de Alemania, para mi policía; que te revienta la ampolleta cerca y te hace dormir tres horas; pero cuando despierten, de un año de cárcel no se libra ni uno, anoser que pruebe su completa inocencia, lo cual no creo.

Y Sancho se echó a llorar de nuevo.

-Perdonen ustés -dijo moqueando-, he estado pelando cebollas. ¡Ahora comprendo! ¡Así andaba el país! ¡Y yo haciendo chistes! ¡Ahora comprendo por qué me derrocaron con ayuda de los brasileros! ¡Ahora comprendo por qué mi pueblo me ligió de nuevo con cuatro millones de votos! ¡Ahora comprendo todo!

Y dio finalmente la señal de los festejos, los cuales consistieron aquel día principalmente en una pepitoria general con antorchas, acompañada por vociferaciones lingüísticas por radio y viajes de estudio a Europa de los diputados y senadores.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s