22. La Reforma de los Refranes

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Apenas hubo el refulgente Febo inaugurado con la debida solemnidad cívica el curso de un nuevo día -que fue justamente uno de los más aciagos del gobierno de Sancho, pues en él comenzó el complot palaciego que lo destronó- cantando las canoras radios, petardeando los escapes libres de los automóviles, retumbando los ruidos molestos y derramando regalado aljófar por otras tantas aberturas y poros celestes las nubes domingueras de Buenos Aires, que les da por llover en domingo, cuando se levantó pausadamente el Gobernador de su augusto trono, donde estaba leyendo el Martín Fierro, y dando un golpe con la tranca y una poderosa voz al viento, increpó a los Cortesanos que estaban todos cuchicheando en siniestro modo aglomerados en un rincón, a manera de enjambre de polilla, en torno del Capellán, del doctor Pedro Recio y de un quídam de uniforme rojo con alamares de oro.

-¡Qué pasa! -dijo Sancho-. ¿Qué están ustedes complotando? ¿Es esto por ventura un pronunciamiento? ¿Y qué militarcito es ése que aquí me han traído?

-Señor Gobernador -se adelantó Pedro Recio diciendo-, no es para tanto aunque tampoco es para menos: se trata de esos malditos refranes.

-Santo Cristo de Limpias -clamó Sancho-, todavía me van a prohibir ahora…

-No se trata de eso -dijo el Capellán-. Usté podrá como antes usarlos; pero se trata de reformarlos.

-¡La cuestión Reforma de los Refranes! -clamaron todos los Cortesanos sin la menor cortesía.

-A todo me avengo -dijo Sancho- menos al pecado. Pero yo creía que los refranes eran irreformables, porque  genio y figura hasta la sepultura y a perro viejo no hay ¡cuz, cuz! y el zorro cambia de pelo pero no cambia de mañas, y lo que se mama nunca más se derrama, como decía mi señor don Quijote, que Dios haya.

-¡Es un grave error! -dijo Pedro Recio con energía-. El mundo marcha, Gobernador, y las ciencias adelantan, y sus refranes de Usía están todos anticuados, unos obsoletos, otros abolidos, éstos reformados, estotros ortopédicos, de modo que aquí no nos entendemos. O se uniforma la parla insuleña o aquí estalla una revolución peor que la torre de Babel y el Parlamento juntos, que no nos entenderá un truchimano.

-¿Y quién los va a reformar? -dijo Sancho.

-Aquí tenemos, señor, al más ilustre paremiólogo.

-¿Cómo? -dijo Sancho.

-¡Paremiología! ¡El profesor de Paremiología de la Universidad Mayor de la Ínsula! ¡Paremiología!

Miró Sancho con asombro al interfecto, que era un tipito atezado, azorrado, azogado, con ciertos ojitos picotones, cierto barbijo tordillo y cierta traza inquieta de gitano o judío; y dijo:

-En mi tiempo ese oficio de paremi… miosotis, eran siempre mujeres.

-Hasta eso se ha cambiado, señor -dijo Pedro Recio-. Ahora las mujeres se dedican todas a maestras, bachilleras, novelistas, poetisas, biólogas y conferencistas de radiotelevisión.

-Bachilleras ellas ya eran de por sí mesmas -dijo Sancho-, porque como dice el refrán, al asno roznar y la mujer bailar, el diablo les ha de enseñar; y Dios me libre de mujer latina y sarna bajo pretina; y la mujer en casa y el hombre en plaza; y la mujer arca y el hombre barca; y la mujer honrada, su pierna quebrada; y la mujer que se mira la cara destruye la casa; y la mujer y el higueral son malos de guardar; y la mujer en la ventana, o es mala o enamorada; y la mujer ociosa no puede ser virtuosa; y la mujer buena es plata que poco suena; y la mujer que no sabe cocinar es gata que no sabe cazar; y mujer, viento y fortuna, presto se muda; y la mujer y el fraile mal parecen en la calle; y la mujer y el vidrio, siempre en peligro; y la mujer y la espada no deben ser probadas;  y la mujer y la gallina por andar se pierden aína; y la mujer y la naranja, no las aprietes porque amargan; y la que cree a un hombre jurando, después se rompe llorando; y la que a muchos agrada con el peor se casa; y la que luce entre las otras no luce entre las ollas; y la que tiene marido demasiado bueno no tiene seguro el cielo; y la que mucho parla, de vacía se doctora; y ¿dónde perdió la mujer el honor?, donde habló mal y oyó peor; y las donas y las palomas en su nido engordan; y la doncella honesta trabajar es su fiesta; y la doncella y el garzón, a la vista y no en rincón; y la mujer como es criada, la lana como es hilada; y la espada y la mujer, no darlas a ver; la mujer que parla latín nunca tuvo buen fin; y, enfín, la mujer barbuda -y no lo digo por mi Teresa sino por otras-, la mujer barbuda y corajuda, de lejos se saluda, con dos piedras mejor que con una, si es pariente de Sisebuta.Decir esto Sancho y armarse un batifondo y una batahola que se venía el salón abajo fue todo uno. «¡Abajo los Refranes Obsoletos! ¡Viva la Reforma!», gritaban los Cortesanos como energúmenos; y había que ver cómo se habían puesto Teresa Panza y las dactilógrafas. «Esta corte está muy corrompida», decía Sancho azorado; hasta que calmada algo la baraúnda, se adelantó el doctor Recio y dijo:

-Si usté nos ha tomado por el cacique Ñaupe o el Arcipreste de Hita, avise. Aquí se reforman los refranes o nos lleva la trampa a todos.

-Adelante -dijo Sancho-. Que venga el señor Reformista y yo voy a ir diciendo los refranes que sé y que los vaya el señor Obsoletis reformando y las dactilógrafas que apunten y se dejen de gritar como catas. Vamos, como dicen los uruguayos. Adelante.

Adelantose el gitano de los alamares, posaron la punta del lápiz sobre la cuadrícula las dactilógrafas y Sancho se puso la mano en el carrillo y se recostó a recordar; por lo cual todos los Cortesanos pusieron la mano en el carrillo y se recostaron a recordar. Después de lo cual rompió Sancho bastante titubeando:

-El primero que se me ocurre es bastante feo, mejorando lo presente. No es porque yo esté viendo a los   Cortesanos, pero el primer refrán que recuerdo lo decía mi abuelo, que era zafado, y es éste… ¡Pero salgan primero todas las señoras! El refrán es éste:

-«Al haragán, el trasero le estorba» -pero mi abuelo no decía así, sino mucho más zafado…

-Mal empezamos -dijo el doctor Obsoletis.

-Ya lo decía yo -dijo Sancho.

-Ese refrán está abolido y retrovertido -dijo Obsoletis-. El haragán en Agathaura trabaja con eso mismo que usté dijo en abreviatura: es empleado público.

-¿Abolido, entonces?

-Abolido y aniquilado.

-Entren las señoras. Aquí va otro: «En tierra de ciegos, el tuerto es rey».

-«En tierra de ciegos, al tuerto lo matan» -dijo Obsoletis.

-Apunten -dijo Sancho-: «Escoba nueva barre bien».

-«Escoba nueva no hay; escoba vieja barre pa’dentro y cuanto más sucia mejor».

-¿Se refiere a los políticos? -preguntó Sancho.

-No, sino al Santo Padre -dijo Obsoletis.

-Perdón -dijo Sancho-. «El galgo la liebre alcanza a la corta o a la larga».

-«El galgo la liebre alcanza, si es platuda ¡qué esperanza!» -contestó el otro.

-¿Se refiere a la justicia argentina? -dijo Sancho.

-¡Al Padre Eterno!

-Obsoletis Obsoletorum -dijo Sancho-, no te enojes. «A la mujer y a la mula, freno dulce y varas duras».

-¡Hemos quedado que no se atañen las mujeres! -dijo la Jefa Dactilógrafa, levantándose airada.

-Ése está enteramente cambiado -dijo Obsoletis-. «A las urnas, las hembras y las mulas, le debe Democracia su ventura».

-«Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes».

-Ése está añadido: «y al diputado no diputes», porque te va a diputar a vos en forma irrebatible, no lo dudes.

-Anoten ése -dijo Sancho-, porque ése me gusta. «Quien bien ama mal desuma»…

-«Y nunca muere en la cama»…

-«Quien bien está no se mude»…

-«Y si estás mal no te dejan».

-«Con los hombres se hacen los obispos»…

-«Y a veces solamente con el Patronato».

-«Costanza, ancas afuera pechos en danza»…

-«Y para eso son las playas».

-«Si no lo tienes a vender, tápalo».

-¡Dejemos esa materia, señor Gobernador! -dijo la Jefa Dactilógrafa otra vez furiosa.

-«Político que administra y enfermo que se enjuaga, algo se traga»…

-¿Algo, Gobernador? Y aun algos.

-«A hijo malo del pan y del palo».

-«Y a la Escuela del Estado».

-«Uno en el escaño que a sí no ayuda y a otros hace daño».

-Suprimido el no, Gobernador… «A sí se ayuda y así hace daño».

-«A lo hecho, pecho»…

-«Menos si se cae el techo».

-«A mal tiempo, buena cara»…

-«Y mala si mucho durara».

-«Cada semana tiene su disanto».

-«Para el rico dos, para el pobre ¡cuándo!».

-«El casado casa quiere».

-«La casadita, departamento».

-«Cura viajero, ni mísero ni misero».

-«Hoy día se están demasiado quedos».

-«Quien poco sabe, presto lo reza».

-«Quien poco y confuso, es hombre profundo».

-«Donde un carnero va, allá la tropilla da».

-«Pero todos juntos no van muy allá».

-«Sin copete sois hermosa, pero el copete es gran cosa».

-«O es todo, mejor dicho, Sinforosa».

-«Donde no se piensa, salta la liebre».

-«Decía Coll, y la buscaba en el tejado».

-«Desdichas y caminos hacen amigos».

-«Y hacen difuntos, si son continuos».

-«Dios aprieta pero no ahoga».

-«Si el prójimo no tira de la soga».

-«Quien no se fía no es de fiar».

-«Quien se fía hoy día loco es de atar».

-«Ojos verdes, duques y reyes».

-«Puros y claros, son muy raros».

-«Harto tiene quien poco quiere».

-«No tan poco que se vea el coco».

-«Fray Modesto nunca fue prior».

-«Sino cuando el rey fue Salomón».

-«Lo que no puedes solo, no lo esperes de otro».

-Abolido, señor. Abolido por Saavedra Lamas y el panamericanismo. «Entrega tu heredad a Buena Vecindad».

-«Mucho hablar, mucho errar».

-Prohibido por el Parlamento.

-«Gato maullador, mal cazador».

-Abolido por la Honorable Cámara. Prohibido, señor.

-«Habla poco, escucha asaz y no errarás».

-Prohibido por el Concejo Deliberante.

-¿Cómo? -exclamó Sancho-. ¿También hay refranes prohibidos? ¡Los refranes no se pueden prohibir! ¡Y no me gustan las añadiduras!

-Si usted quiere, en vez de añadir, se pueden cambiar en todo o en parte.

-Cámbielos en parte -dijo Sancho, pensativo-, aunque se me hace que sería mejor no cambiarlos nada.

-Saque no más.

-«La oveja más arruinada»…

-«Se rompe y no rompe nada».

-«Quien a sí vence, a nadie teme».

-«Quien a sí vence no nos convence».

-«Pollito que gato lleva, lucido va».

-«Pollito que gato lleva, el patrón del gato lo espera».

-«La cruz en los pechos y el diablo en los hechos».

-«La cruz en la pretina y Acción Argentina».

-Eso no concuerda -dijo Sancho.

-Claro que no -dijo el otro.

-«Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría».

-«Si la sífilis fuera envidia, cuántos envidiosos habría».

-«A dónde vas, mal, adonde hay más».

-«A dónde vas, donde todos van, a la Capital».

-«A grandes males, grandes remedios».

-«A grandes males, que gobiernen carcamales».

-«Agua en piedra dura, hace cavadura».

-«Agua en piedra dura, y a veces martillo y cuña».

-«Ajuntar oro con lodo es hacerlo lodo todo».

-«Ajuntar oro con lodo es liberalismo godo».

-«Dinero ajeno no hace heredero».

-«Dinero ajeno en mi bolsillo, todo es bueno».

-«Al buey por el asta y al hombre por la palabra».

-«Al buey por el asta y al senador por la plata».

-«Al hombre pobre no le salen ladrones».

-«Al hombre pobre, impuesto a los garrones».

-«A quien no tiene, el Rey lo dispensa».

-«A quien no tiene, hasta el no tener le quitan».

-«A mancha grande, no hay jabón que baste».

-«A mancha grande, de oro el remiendo».

-«Quien quiere celeste, que le cueste».

-«Quien quiere celeste, que dentre al país éste, aunque sea judío o peste».

-«Quien no le sobre pan, que no críe can».

-«Quien no le sobra pan haga un Museo Social y comerá bien o mal… el jefe y el personal».

-«Armas y dinero, santas manos quiero».

-«Armas y dinero, lo segundo es lo primero».

-«No salió del cascarón y ya tiene espolón».

-«No salió de la cáscara y es universi-otaria».

-«Baje la novia la cabeza y cabrá bien por la iglesia».

-«Baje la novia la cabeza, y se casará si es bruja».

-«Dios da el frío según la ropa».

-«Dios da frío en popa y el Trust me quita la ropa, y la sopa».

-«Abad que fue cocinero, sabe bien el fregadero».

-«Abad que fue cocinero, no hay otro más altanero».

-«Si es mi hijo no es mi hijo, yo pagué el bautizo».

-«Si es mi hijo o no es mi hijo, yo esas cosas no me fijo».

-«La ropa sucia se lava en casa».

-«La ropa sucia la cuelga en público la prensa pública de la República».

-«El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo».

-«Pero más por diplomado del omnisapiente Estado».

-«Sobar el cerdo y dar los pies por Dios».

-«Impuesto al cerdo y paliza al dueño».

-«Hijo de gata ratones mata».

-«Hija de gata, saber oler la plata».

-«Hazte viejo temprano y lo serás longano».

-«Hazte el viejo platudo y solemnudo y te alzarán sobre el escudo, aunque seas un cor…».

-«Palabras y plumas el viento las huma».

-«Palabras y plumas con un cheque se vacunan».

-«En la mesa y en el juego se conoce al hombre luego».

-«Y a una nación, meterla al fuego».

-Ése es el único que me gustó de toda la serie -dijo Sancho-. ¿Qué es el fuego para una nación? ¿La guerra?

-La guerra temporal o espiritual, señor; las naciones no son para amontonar dinero, aunque parezca mentira.

-Esa corrección es digna de mi señor don Quijote -dijo Sancho-, pero no quiero más correcciones.

-Entonces le voy a cambiar todo el refrán de arriba abajo. Es lo mejor, Gobernador; dejarse de antiguallas. Reforma total, como decía el ministro Coll.

-Vamos a ver. «A fuerza de villano, fierro en medio».

-«El noble vendió la espada, Shylock la tiene empeñada».

-«Lo que has de dar al rato, dalo al gato».

-«Primero el impuesto, comerás bien con el resto».

-«Cuando os pedimos, reina os decimos; cuando os tenemos, como queremos».

-«Programa de candidato parece león y es gato».

-«El amigo y el caballo no cansallo».

-«Cuando hay hambre todo es matambre».

-«Negar y tarde dar, es a la par».

-«Negar al compinche y al más digno dar, no hay ministro en ese altar».

-«A la plaza, el mejor de la casa».

-«A la diplomacia, el tilingo más sin gracia».

-«A la vieja que no puede andar, llevarla por el arenal».

-«A la nación que anda mal, hacerla compadrear».

-¿Eso se refiere a una nación vecinita?

-No, señor, no busque la mota en el ojo ajeno.

-«Al bobo mudarle el fuego».

-«Al filósofo argentino cambiarle la terminología».

-«Hasta al erizo Dios lo hizo».

-«Hasta el judío entra en la iglesia si hay frío».

-«Servir a Dios y no hacer mal, ése es el fin final».

-«Algo hay cuando todos dicen: robo, robo».

-«Y duro el rebenque al bagual».

-«Al fraile, como te faz, faile».

-«Al botarate dejarlo hablar y duro al mate».

-«Algarabía de allende, el que la habla no la entiende».

-«Filósofos germanizantes, hablen castilla cuanto antes».

-«No eches al gato ladrón, porque ésa es su condición».

-«Si no se puede robar, quién va a querer gobernar».

-«Algo hay cuando todos gritan: lobo, lobo».

-«Algo va de Pedro a Pedro».

-«Toditos somos iguales, hombres, hembras y animales».

-«Al latín con babas y a la ciencia con barbas».

-«Las ciencias a los mocosos, bachillerato precioso».

-«Médico, confesor y abogado, hablarle claro».

-«Abogado, pleito y cuita, camino de Chacarita».

-«El que no está hecho a bragas, las costuras le hacen llagas».

-«El que tiene plata tiene corbata».

-«Por lo más oscuro Dios amanece».

-«Por lo más rudo, poner al timón a un crudo». -«»Niños, locos y beodos, Dios los cuida a todos».

-«Caciques y demagogos, pocos son parecen todos».

-«Al toro y al loco, de lejos y poco».

-En el Uruguay está cambiando así: «Chúmbale a Hitler que te vas a hacer famoso».

-«Allá va la lengua do duele la muela».

-«Lengua tiene el diputado, con la lengua tiene asado».

-«Allá van leyes do quieren reyes».

-«Tantas leyes como se hacen y todas quedan impunes».

-«A mal cristo, mucha sangre».

-«Mal gobierno, todo es leyes».

-«Ama sos mientras él mama, después no sois ama, ama».

-«Yo le hice Presidenti y el me patió incontinenti».

-«Amigo Pedro, amigo Juan, más amiga la verdad».

-«Decid la verdad, verdad; moriréis en hospital».

-«El amor y la fe en las obras se ve».

-«Yo soy más católico que el Papa, mírenme la solapa».

-«A perro flaco todo son pulgas».

-«Las pulgas de ahora van a la perra gorda».

-«Antes son mis dientes que mis parientes».

-«Primero trigo a Finlandia y luego a Salta».

-«A nuevos tiempos, nuevos consejos».

-«Ideologías exóticas condenadas por la Iglesia».

-«El bobo si anda callado por sesudo es reputado».

-«El bobo si habla entonado es Salomón diplomado».

-«Buena boda y buen gobierno bajan del Eterno».

-«Buen gobierno, buen gobierno, ¿qué será que no me acuerdo?».

-«La m. dejarla queda».

-«La m. al diario crítico, te la vuelven amoníaco y ganan plata con ella, que es la química más bella».

-«Con el loco, domar el potro».

-«Con el pueblo, henchir el presupuesto».

-«Cual el rey, tal la grey».

-«Si roba el Presidente, hasta el ujier muestra el diente».

-«De cuero ajeno, tientos largos».

-«De dinerillos fiscales, premios pompas paternales».

-«El día que te casas o te curas o te matas».

-«El día que votas, te alborotas».

-«Dícele al enfermo el sano: ganas el cielo, hermano».

-«Qué lindo país, para el que vende maíz».

-«Dos adivinos hay en Segura: uno Experiencia, el otro Cordura».

-«Dos gobiernos tiene Argentina: uno se ve, el otro Malvinas».

-«Vaya al diablo el potro vincha, que ve yegua y no relincha».

-«Nación que come mentira va muerta si no vomita».

-«Venga milagro y hágalo el diablo».

-«Con tal de ganar, Frente Popular».

-«Salamanca, unos cura y otros manca».

-«Todos a la escuela, decía la bruja abuela».

-«Reniego de grillos aunque sean de oro fino».

-«Qué liviano voy de pies con grillete de oro inglés».

-«Octubres y obispos buenos, nunca vide cosas menos».

-«Empleados corteses, los más bajos pocas veces».

-«El hombre a los treinta o vence o revienta».

-«El argentino a los treinta y cinco, o bobo o envejecido».

-«Soy bobo, soy bobo y como con todos».

-«Soy vivillo, se dónde está el bolsillo».

-«A mal de muerte no hay médico que acierte».

-«A mala suerte, acero y mano fuerte».

-«En casa de don Miguel, élesella y ellaesél».

-«En democracia festiva, las cosas patas arriba».

-«El que la zorra desuella ha de saber más que ella».

-«Por bribones acosado será bribón el honrado».

-«Cuando Dios no quiere ni la Virgen puede».

-Cuando Dios… ¿cómo dijo, Gobernador? -preguntó el profesor dudoso.

-¡Alto! -dijo el Capellán-. Eso es falso, la Virgen siempre puede, por lo menos la Virgen de Nueva Pompeya. ¿De qué Virgen se habla?

-Se habla de la Virgen en general -dijo Sancho.

-Entonces está bien -dijo el Capellán.

-No se toca un refrán de Nuestra Señora -dijo Sancho-, anoser para venerarlo.

-¿Y por qué no? -dijo el de la barbita.

-Porque no -dijo Sancho-. Y ahora quiero poner a su Merced un refrancito corto pero de aquellos allá, que dice: «El reinar no quiere par».

-Está cambiado -dijo Obsoletis-: «Cuando buen gobierno quieres, equilibrio y tres poderes».

-¿Tres poderes? Eso es idiota -dijo Sancho.

-Montes quiú.

-Y usté mucho más, si a eso vamos. ¿Con que tres poderes, no? ¿Tres poderes? Como si dijéramos, Pedro Recio, el Bachiller Carrasco y yo, que es lo que estoy sospechando. Y yo a la cola: muy sentado sobre el trono, pero los otros saliéndose con la suya con sus leyes y sus artimañas, con sus cavorias, con sus tricas, con sus artilugios y jurisdiciones. ¿Quién es aquí el Gobernador? ¿A quién eligió el pueblo?

-Señor, usté es el Gobernador -dijo el Bachiller Carrasco-, pero debe gobernar de acuerdo a la Constitución, y la Constitución de acuerdo a la interpretación, y a la interpretación de acuerdo a la jurisprudencia, y a la jurisprudencia de acuerdo al derecho, y nosotros somos los hombres del derecho. Y por eso queremos reformar los refranes.

-¡Aquí no se reforma ningún refrán -gritó Sancho con furor- porque ya veo donde van tirando! Si se empieza a cambiar el refrán más pequeño acabaremos por destruir el refrán fundamental, que a mí me sostiene en mi elevado y penoso puesto. Y ustés serán los hombres del derecho, pero yo soy el hombre derecho, que con la luz de mis sentidos solamente, y sin prudencia ni paciencia, veo de un saque lo que está tuerto y lo que está derecho y soy capaz de morir antes de sufrir un cohecho. Y anóteme este nuevo refrán que sin querer he inventado. «Sea rey el hombre derecho, que a todo mal pone el pecho y muere sin un cohecho».

-Señor Gobernador -dijo entonces adelantándose el hombre barbudo, colorado y retacón-, reflexione lo que hace, por su bien se lo decimos, puede costarle caro si no reforma los refranes. Yo conozco el pueblo de la Ínsula, es un pueblo libre, altivo y democrático.

-Y yo te conozco a vos -dijo Sancho pensativo después de estarlo mirando un tiempo con los ojitos entornados-, yo te he visto a vos en alguna parte, y no estabas tan bien vestido… ¿Qué has sido vos antes de profesor?

-Ha sido político, señor -repuso Recio-, concejal, diputado, cacique, jefe de comité, comisario y pulpero. Por eso es cierto no más que conoce la república.

-¡Vos sos el Viejo Vizcacha! -saltó Sancho todo alborotado como quien divisó un fantasma-. ¡Vos sos el Viejo Vizcacha! ¡Te he visto pintado en el Martín Fierro, sentado en un tronco, de chiripá y matiando!

-¡De ningún modo! -gritó el Profesor muy asustado-. El Viejo Vizcacha ha muerto.

-¡No ha muerto! -replicó Sancho a gritos-. ¡No ha muerto! Cachafaz, sos vos el que me está revolviendo la Ínsula, con pretexto de la reforma de la enseñanza. Alférez, métale grillos al punto, que éste es un peligroso comunista, y es capaz de echarme a perder todo el pueblo.

Dicho lo cual, sentose Sancho en su trono, mientras todos los Cortesanos lo miraban furiosos y cariacontecidos, y la Policía se llevaba al reformista, y después de los carraspeos de rúbrica dictó el siguiente

Decreto

Considerando que los refranes son hijos del sentido común, y el que se mete con el sentido común acaba por meterse al fin con la ciencia, con la filosofía, con el gobierno y con Dios mismo, no quedando al fin títere con cabeza… es en nuestro real ánimo determinar como de hecho determinamos:

1. Queda prohibido reformar los refranes antiguos y aprobados por la Iglesia, debiendo los profesores solamente explicarlos y cambiarles las palabras raras.

2. Queda reservado a este Real Resorte el acuñar refranes nuevos, el cual se ayudará para tal efecto de los poetas, las viejas, los campesinos, las niñeras, los teólogos, las damas de la aristocracia que sean inteligentes, si es que alguna queda -¡y no veo por qué tienen que reírse las dactilógrafas- y los hombres que tengan experiencia de gobierno!

3. Quedan obligados todos los predicadores, maestros, y diarios de la Ínsula a explicar al pueblo un refrán por día, seleccionándolos de acuerdo a la edad y condición de los educandos…

Después de lo cual quiso dar el animoso Gobernador la señal de los festejos, pero quedó sin efecto, porque todos los Cortesanos se habían marchado de la sala, y se marchaban a toda prisa las dactilógrafas, quedando así el buen Sancho melancólicamente sentado en medio de la inmensa oquedad del salón vacío con la vista clavada en el turbio horizonte, que se iba cubriendo de nuevo de amarillentos y sucios nubarrones.

 

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