22 bis. Preguntas peliagudas

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Apenas hubo el Padre de las Musas y las Cornamusas asomado el rubio haz de su fulgente capilatura por el lado del Riachuelo, cantando los pájaros, riendo las fuentes, llorando los árboles regalado aljófar, bocinando los camiones y alegrándose santamente los lecheros, cuando sacaron a la fuerza a Sancho de las regaladas plumas y lo llevaron a la Sala de los Urgentes Hurgueteos para resolver los asuntos del día. Al asomar Sancho le cantaron a coro todos los Cortesanos:

-¡Felices Pascuas!

-Dóminus vobiscum! -contestó Sancho.

-Miserere nobis! -cantaron los Cortesanos.

-La pé que los pé… -respondió Sancho-. Estuve en las ceremonias del Sábado Santo. Me marié y no pude dormir un cuerno. No more ceremonies for me, oh no.

-La Semana Santa no es de precepto -dijo el Capellán General-. Podía oír misa el domingo y chao.

-Pregunté por teléfono a la Catedral a qué hora empezaba la misa. Me dijeron a las veintitrés. A las veintitrés comenzaban ¡los oficios! -dijo el Gobernador con rabia-. A las veinticuatro no habían acabao las litanías. Yo dije: Si este chico puede aguantar, yo tamién puedo aguantar. Pero el chico estaba sentao y yo plante seco.

-¿No estaba el sitial para el Gobernador? -objetó el Capellán.

-Me fui de civil para oservar a mi fiel populacho. Estaba la iglesia llena. Cada momento pasaba una vieja gorda a los pechazos, que no se sabía hacia padonde iba; tengo el costao todo entumido y una me reventó un callo. Yo estaba de plante con un pie torcido metido en un hoyo. A las dos horas comenzó la misa. Yo dije: si ya aguanté hasta ahora, puedo aguantar hasta la Comunión, que estoy en ayuna. Era misa cantada. Cantaron el quierelección, cantaron el gloria ensalvasti dedo, cantaron el Evangelio, y entonces se da vuelta el cura, que yo lo conozco, un galleguito que cuando comienza a hablar no para, y dijo: «Amadoss hermanoss; la ssecuenzia de la missa, dize…» y yo dije: «Pa tu agüela…» y salí a los piques, que no sé cómo salí; me hice en mi casa una buena taza de camomila, me hizo mal, me marié, y no he dormido un cuerno.

Rieron los Cortesanos de la imitación que hizo Sancho del sermón gallego, y el Capellán dijo: «No les permito…».

-Ni todos los curas del mundo -prosiguió Sancho- me van a agarrar en otra, si no es el Santo Padre de Roma, que hace poco me mandó la orden de Caballero Mayor de San Simón el Simple, que andamos con él de tú a tú y como chanchos en el barrio… Yo no he nacido para ver ceremonias, que no me hacen ningún efeuto, como tampoco a mi fiel populacho; yo he nacido para inventar ceremonias, que para eso Dios me dio inventiva. La comunión de codos, sudores y olores con el fiel pueblo de Cristo ya no es para mí, porque tengo sesenta años y no estoy obligado al ayuno.

-Lo que pasa es que su Vuecencia desde que comenzó a estudiar inglés se ha vuelto medio protestante. Dios lo libre y guarde, por más Gobernador que sea, de inventar ceremonias nuevas que no estén en el ritual. Ésa es la cosa más descomulgada que se puede hacer.

-¿Y para qué sirven las viejas?

-No blasfememos -dijo el Capellán General-. Por si no lo sabe, que debía saberlo, sirven para imprimir en la memoria de los fieles los misterios de la Pasión de Cristo.

-Mi populacho fiel no conoce esos misterios -dijo Sancho-, no entiende los latines, no alcanza a oírlos tan siquiera, se aburre, se cansa los pies, se ríe viendo al sacristán que se le prendió fuego toda la caña y no la podía apagar, se irrita, piensa en cosas malas, y se vuelve a su casa a las dos de la mañana.

-Habiendo cumplido con la Iglesia.

-La religión se está perdiendo en mis reinos -dijo Sancho-. Cuando yo recuerdo lo que hacíamos en Argamasilla de la Mancha, mi pueblo…

-Por lo menos han hecho penitencia -dijo el otro.

-¿Más penitencia? ¡Prohíbo terminante más penitencia para mi plebe fiel! ¿No tiene bastante con esta usteridá que han inventado ¡ay! mis Ministros de Economía, Ahorro, y Desarrollo Financiero Integral?

-Por lo menos se vuelven en paz habiendo cumplido con la Iglesia.

-¿Y usté sabe cuántos se vuelven puteando hasta al Santísimo Sacramento?

-¡Jesús! -clamó el Clérigo-. ¿Sería Vuesencia capaz?

-¡Hasta yo mismo estuve a un pelo -dijo Sancho con descaro- y me costó Dios y ayuda!

-En mi vida he visto un mal ejemplo más escandaloso y puerco que hoy -dijo el Capellán rasgándose las vestiduras, pero consiguiendo solamente desabrocharse la sotana-. ¡Un Gobernador cristiano de comunión semanal rebelándose contra la autoridad de la Santa Madre Iglesia!

-Yo no me rebelo nada -dijo Sancho-; digo así no más por decir, lo que dicen todos para que usté lo sepa. Se está perdiendo la religión en mis reinos. Y sin religión, yo no gobierno.

-¡Escríbale al Concilio!

-Le toca a usté escribirle -dijo Sancho-. Por eso le dije.

-Le voy a escribir.

-No; ahora le prohíbo que escriba. Voy a escribir yo. Y tráigame los reos de hoy que en esta discusión se me han horripilado los ñervos y no voy a poder dormir la siesta.

-Aquí están -dijo Tirteafuera-; son cosas de religión, por eso hemos despertao al Capellán, que se anda por ir.

-Atájenlo -dijo Sancho-; que no se vaya a escribirle al Papa antes que yo. ¡Tengo que contarle al Padre Santo lo que hacíamos en mi pueblo! ¿Qué han hecho estos interfeutos?

-Éste -dijo Tirteafuera- es un hereje.

-¿Le pegó a su madre?

-Peor -dijo el Capellán-. Anda diciendo que hay infierno.

-¿Y no hay infierno por si acaso?

-Infierno hay, por supuesto. Pero no como lo entendían antes.

-¿Y cómo lo entienden agora?

-Vea Esplendencia, usté no ha leído los libros del gran teólogo Teliar del Chardín que le presté. Infierno hay; pero infierno son simplemente los que se quedan atrasados en la Evolución Creadora.

-Ese Telar del Cardón, o como sea, ¿es aprobado por el Papa?

-Es la Nueva Iglesia Progresista. El Papa está adentro, por supuesto. Este Papa de ahora es muy progresista. Y si no está, peor para él.

Lo miró Sancho con ceño y dijo:

-¿Qué es y con qué se come la Involución Creatura?

-Evolución Creadora -campanudeó el Capellán con una sonrisita- consiste en que antes del comienzo del mundo existían solamente átomos de hidrógeno, según la demostración del geólogo Fred Hoyley. Estos átomos, o sea, protones y electrones, tenían cada uno su conciencia, aunque chiquita; y una ley que les mandaba evolucionar, llamada la Ley Chardín. Comenzaron a evolucionar a toda furia, uno dijo: «Yo me vuelvo oxígeno» y otro dijo, «yo me vuelvo oro», otro dijo «yo me vuelvo plata» y otro: «¿Y por qué no anhídrido carbónico?». Se juntaron una bandada de anhídridos carbónicos y se te hicieron vegetales. Un vegetal adelantado se te hizo animal. Un animal adelantado se te hizo hombre; y de ahí salimos todos nosotros y el mundo universo; hasta que venga el superhombre. Los que se atrasan en esta evolución, eso es el infierno. A eso llamamos nosotros los paleontólogos las cosmogénesis convergentes.

-¿Y Dios?

-Dios está metido dentro de la evolución. Hay Dios, por supuesto. Pero Dios evoluciona. Cuando explote la manifestación de la Parusía de todos los superhombres, que seremos todos nosotros, Dios estará completo.

-¿Y Jesucristo?

-Jesucristo no es más que un hombre que llegó de golpe al Punto Omega de la Evolución antes que todos; y que cuando resucitó se volvió Dios; como nos volveremos todos nosotros en la Parusía, que no será como se la piensan los curas anticuados y retrógados.

-Bueno va -dijo Sancho, que estaba todo concentrado dentro de sí mismo como un peludo-. Pero me parece esa Iglesia Progresista es diferente de la iglesia de mi pueblo, la que me enseñaron a mí de chico.

-Por supuesto -dijo el Capellán-. Eso viene de que Su Esplendencia no sabe Teología.

-La voy a aprender -dijo Sancho-. Con esa Cencia de la Tiología me ha dao vuelta Su Esmminencia más de tres veces…

-Ya no está en edad de aprenderla -dijo desdeñosamente el Perlado.

-Mucha verdad -dijo Sancho-. Estoy perdiendo la memoria si no el caletre, aunque tan viejo no soy; y desde aquí protesto que si Dios me diera otro hijo en Teresa Sancha, lo tengo de enviar a estudiar con ese Telar de Cardón; donde, como éste mi buen Capellán Mayor, aprenda Tiología, y poco a poco llegue por sus puntos contados a recitar toda la gramática y medicina del mundo, porque no quiero que se quede tan grande asno como yo, y mis otros seis gurises. Pero no piense el grandísimo bellaco gastarse en los Parises de Francia la plata de su padre, yéndose a jugar al truco con otros tales como él; que por las barbas que en la cara tengo, juro que le tengo de dar con este cinto que llevo puesto más azotes que caben aceitunas en una canastra de arroba -y se quitó el cinto.

-¡Paso, marido! -gritó Teresa Sancha-; que aún no está engendrado el gurí que ha de llevar los azotes.

-Por vos lo dejo -dijo él- y que te lo agradezca. Pero otra vez lo pagará todo junto.

Riéronse los circunstantes todos, comenzando por el Capellán y acabando por el reo; al cual se volvió furioso Sancho, diciendo:

-Y a vos tarugo, destornillado, cara de comadreja eschupizada, ¿quién te manda andar diciendo no hay infierno?

-Al contrario, Gobernador, con permiso -dijo el presunto hereje-. Digo que hay.

-Sí, pero al modo de antes, y no como dice agora la gente fina.

-Yo tengo obligación de enseñar la doctrina a los chicos, porque soy sacristán, con perdón de la palabra; y eso que enseño es todo lo que sé. La gente fina no enseña la doctrina.

-Cuando hayan leído a Teliar de Chardín, toda la gente fina enseñará la doctrina; y ya lo están leyendo a toda furia -observó el Capellán Mayor.

-Entretanto -dijo Sancho al Granadero de guardia-, pásemelo al Sacristán a cuarto intermedio, que no sé qué hacer, que parece buen hombre, a ver si al final de la udencia se me ocurre lo mejor y más expediente. Páseme a los otros dos.

-Esta udencia ya duró demasiado -dijo el Cortesano Primero-. Hora y media de trabajo al día, dice nuestro Reglamento.

-Agora que es Domingo Pascual, que así se llamaba un judío de mi pueblo, buen cristiano él, quiero acabar con la religión. Pase el reo dos.

Sacó Tirteafuera a un curita anciano, de pelo blanco, combada espalda y arrastrando pies, que venía muerto de miedo.

-¿Quién es ese Reverendo?

-El Cura de San Cayetano.

-¿Qué ha hecho?

-Ha robado al Fisco.

-Yo no fui -dijo el vejete.

-Éste es otro hereje -dijo el Capellán.

-Es un santo -dijo Teresa Sancha-, yo me confieso con él cada cinco de junio posmeridio.

-Resulta Esplendencia -dijo Tirteafuera-, que cada 7 de cada mes es la fiesta San Cayetano y se amontona en la Pirroquia una muchedumbre, por ser San Cayetano patrono de ganar la Lotería; y el que la gana siempre es el Cura, o si acaso, el Cajero.

-No puéser -dijo Sancho-. Eso es supertizón. No hay que ser supertizoso, porque al que es supertizoso, lo agarra la Viuda.

-Aguárdeme, Su Esplendencia. Resulta que el otro Cura anterior junto con el Cajero escribieron una novena de San Cayetano, que les costó un día de trabajo, ganaron un millón de pesos vendiéndola a la dicha muchedumbre, y se marcharon a pasear a Uropa, acompañados de una enfermera o si acaso de dos. Cuando lo supo el Padre Santo de Roma, mandó a la Curia de aquí se suprimiera la Pirroquia de San Cayetano o bien se nombrara un Cura santo. La Curia de aquí obedeció como siempre y nombró un Cura santo, y un Cajero que no lo era tanto, que dese no decía nada la Bula. El Cajero siguió con los negocios, y el Cura santo, que es éste aquí, se avivó de los caudales que sacaba el otro, y el otro con sus caudales se fugó isofazto al Brasil según parece.

-La novena es muy buena, no es una patochada como dicen, yo la rezo -intercaló Teresa Sancha.

-No se trata deso agora -dijo Sancho-. No veo el delito deste hombre. Non invenium in eum culpam.

-Esplendencia, no pagó el impuesto a los réditos de los millones que sacó la Parroquia en Actividades Lucrativas. Y en consecuencia, el Ministro de Economía, Caja de Ahorro y Planificación Financiera Integral, lo metió en cafúa y lo hizo someter a tortura.

Gimió el Cura llevándose la mano a un muslo, por decirlo así, y sollozó Teresa Sancha y todas las dactilógrafas. Lo cual visto sollozaron todos los Cortesanos y se llevaron una mano a un muslo, por decirlo así.

-No puedo crér se haya hecho nada deso sin anoticiarme a mí -dijo Sancho-. Se estradeslimitaron.

-Tenemos autorización oral refrendada del Eminentísimo Señor Capellán Mayor de la Ínsula, aquí presente.

-No puedo crér haya querido nuestro querido Capellán se torturara a un hermano en el sacerdocio, como dicen ellos.

-¡Es un herejote destos que ahora andan falsificando la religión destos reinos! -arrojó el Perlado.

-¿También dice que hay infierno, por si acaso?

-Eso y mucho más. Los santos no sirven para gobernar; Su Esplendencia. Debe los impuestos a la Curia de más de tres años; y es tan tacaño que ni come si una vecina de la Parroquia no le trae cada día algo de comida. Miró Sancho al interfecto y preguntó:

-¿Es verdad todo eso?

-Es -dijo él-; sobre todo lo de las torturas. Me descuidé en los negocios, Gobernador. El Cajero decía andaban mal y no me pasaba un centavo.

-Entonces tiene culpa. No almito que los santos sean sonsos. Pase el otro reo.

-No hay tiempo -dijo el Cortesano Primero.

-¡Se ha fugao! -anunció Pedro Recio.

-Me lo buscan ahora mismo. ¿De qué se trata?

-Es el Director Editor Propietario del Diario Católico de la Ínsula, Esplendencia. Y vino a acusar que una cantidad de Párrocos no le fomentan el diario, que los Colegios Católicos no obligan a los chicos a comprarlo, y muchos católicos ricos no lo ayudan con dinero; y todo eso es contra la Bula de la Buena Prensa.

-¿Está bien hecho ese diario, primero’e todo?

-A decir verdad, Esplendencia, cusí cusá.

-¡Qué mala suele ser la buena prensa! -reflexionó Sancho-. Yo encuentro que un diario malo si es católico, no es católico, si ustedes me entienden. Y si un católico hace un mal diario católico, los otros católicos no deben darle dinero por ser católico.

-Contra la Bula -argumentó Tirteafuera-. Si los diarios católicos estuvieran bien hechos ¿qué gracia tendría? Eso suprimiría la Bula. Para ejercitar la fe de los fieles es preciso que el diario católico sea una aburridora, con noticias atrasadas y pueriles, artículos y cuentos de hacer dormir parado y un Director Teólogo que no sepa bien el Catecismo, con una foto del Capellán Mayor y demás Jerarcas Constitucionales, y las bodas de oro y de plata sacerdotales de cuanto fraile y monja se tercie. Ésa es la tradición recibida de todos los diarios católicos, Esplendencia; y no vamos a innovarla nosotros en nuestra insignificante Ínsula.

-Yo encuentro que un católico -insistió Sancho- debe hacer bien lo que hace, como hago yo, cuando puedo. Si un católico no hace pasablemente bien lo que hace, no es católico, como dijo el Apóstol San Jacobo, o sea, Santiago y cierra España.

-San Pablo -dijo el Capellán.

-El que sea -ripostó Sancho-. Y ahora me van a perdonar si no hago muy bien la sentencia, que hoy estoy cansao, y estas de Tiología son preguntas peliagudas. Vamos a ver.

Posó Sancho la barbilla en la mano y el codo en la rodilla y reflexionó profundamente; visto lo cual los Cortesanos reflexionaron también profundamente, aunque muy arrellenaditos en sus sitiales. Se levantó Sancho y soltando el mismo taco del principio de la Audiencia, dictó el siguiente

Decreto

Visto y considerando que un Gobernador Moderno y Progresista debe dirimir cuestiones peliagudas hasta de Tiología si a mano viene y estañen al buen orden y regimiento de sus católicos reinos, decreto, dispongo y mando:

1. El Capellán Mayor desta no insisnificante Ínsula será ascendido a Ultraobispo Intermediario Interhispanoamericano -que eso lo puedo hacer yo por el Patronato- para que tenga que estar viajando por todo el Continente en vez de embromar aquí; hasta que venga la Bula pedida al Papa que lo desgrade o sea baje de Obispo y aun de Sacerdote, si a mano viene y así lo hubiere a bien el Padre Santo de Roma…

2. El presente sacristán hereje…

Interrumpiose Sancho al ver que todos los Cortesanos reían muy complacidos, por lo cual sospechó se había equivocado; pero no atinando en qué, siguió con el Decreto, sin notar que Pedro Recio con el Capellán y el Bachiller Carrasco cuchicheaban entre sí la verdadera causa, deste modo: «Está perdido. Se mete con la Iglesia. Levantaremos contra él a los católicos de la Ínsula. Antes de un mes está fuera del trono. El que come Cura muere»,   como oyó Teresa Sancha, que estaba dando codazos a su marido, sin conseguir nada.

2. El presente sacristán, hereje o no, será ascendido a Supersacristán Ultra, por su actividad beneficiosa a la Ínsula de enseñar la doctrina a gurises, mas con prohibición de enseñarla arreo mientras no averigüemos si hay que enseñar el infierno de antes o el infierno de la gente fina.

3. A todo el que diga no hay infierno, lo lleven a la iglesia, lo desnuden y lo hagan besar el suelo setenta veces delante del Santísimo Sacramento.

4. Al Curita santo de San Cayetano se lo perdona la mitad del impuesto y multa, y la otra mitad en módicas cuotas mensuales hasta la terminación de los siglos.

5. A todo el que tenga fama de santo se desaminará si es sonso o no, porque hoy día hay muchos «santos profesionales».

6. Se hará una recogida general de libros de Telar de Cardón traducidos o introducidos y serán sometidos al desamen de mi Real Persona, el Cura de San Cayetano y el Supersacristán, hasta verse si enseñan realmente la Iglesia Nueva o alguna otra más vieja -o tan vieja por lo menos- que el mismo demonio.

7. Al Dueño del Diario Católico cuando me lo traigan yo le voy a dar una leccioncita de periodismo bueno, después de haber espropiado para este Real Fisco todo el dinero que le dieron los católicos sonsos por el hecho de ser él mal católico y logrero confeso y convitto.

Cópiesé, corrígasé, correlátesé, corrobórresé, confírmesé y cúmplasé.

Sancho I de Agathaura, Gobernador Real

Se alzó en este momento el Capellán Mayor, y sacando el Crucifijo del cinto, lo arrojó a los pies del Gobernador, gritando muy concitado:

-A Éste lo vendieron por treinta dineros. Véndalo usted otra vez y acabemos. -Salió de estampía.

Sonrió Sancho plácidamente, sin ver que en aquel momento se había echado el dado o dardo fatal contra él, cosa que no se ocultó a Teresa Sancha; y sin más ni más, dio isofazto la señal de los festejos, los cuales consistieron aquel día principalmente en una interdicción canónica juris et facti acompañada de una procesión de Corpus y un bombardeo de la Casa Rosada por aviones de la Marina insulana con espoletas inglesas.

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